Santa Cruz, un islote tan pequeño que no hay lugar para sus muertos

Santa Cruz, un islote tan pequeño que no hay lugar para sus muertos

Es un corregimiento de Cartagena y es la isla más densamente poblada de Colombia. #PueblosInsólitos.

Santa Cruz del Islote

Así se ve Santa Cruz del Islote, desde una lancha, a pocos metros de la llegada de cualquier persona.

Foto:

Carlos Capella/EL TIEMPO

31 de agosto 2017 , 09:18 p.m.

“¡Apenas somos 485 habitantes!”, sostiene Rocío Barrios de Hoyos. “Ese es el embuste más grande que se ha dicho de nosotros…”.

Cuatro minutos antes, Willy, el guía que nos trajo en lancha en casi una hora desde Tolú (Sucre), atravesando el golfo de Morrosquillo y entrando al mar abierto del Caribe, había asegurado que ese pedazo de tierra frente a nuestros ojos respondía al nombre de Santa Cruz del Islote.

“La isla más densamente poblada del mundo, con 1.250 habitantes viviendo en una hectárea”, dijo.

“Los guías son los responsables de esa mentira que se ha propagado por todo el mundo. Nada más cambia el ‘pico’: unos dicen 1.250… Otros 1.280…”, dice Rocío, sentada en un kiosco de techo de paja, el cual ella llama de manera jocosa el Centro de Convenciones de los Pescadores, ubicado a unos 20 metros del lugar de desembarco.

En noviembre del año pasado, con el apoyo de la Universidad del Magdalena y la Universidad de los Andes, se realizó un censo poblacional que determinó que 485 personas habitaban este lugar.

Aunque aún no se ha conocido una fórmula para calcular que esta es la isla más poblada del mundo, lo que sí es cierto es que es la más densamente poblada de Colombia. Mientras que en San Andrés la densidad poblacional es de 1.468 habitantes por kilómetro cuadrado, en este lugar es de 48.500.

Es domingo, 9:30 a. m. Al instante, escuchamos por primera vez cantar a un gallo. Y después a otro. Y luego, a otro. Y así… El kiosco tiene piso rojo, bancas fijas de madera a los costados y encima de mi cabeza –me daría cuenta más tarde– una cajita de madera, pintada de azul, donde hay dos teléfonos celulares.

“Es el único lugar de la isla donde entra la señal de celular con normalidad”, dice uno de los tres hombres que observan a otro, un mulato sin camisa llamado Alfredo Berrío de Hoyos, de 34 años, que repara un motor de lancha.

Ganamos todas las riñas. Este es un pueblo de galleros

“De esos 485, 240 son niños. Hay 96 casas, 19 de dos pisos (tres sirven de hospedaje –ofrecen 15 camas– y hay cuatro tiendas), un colegio, un comedor infantil, un puesto de salud, un acuario, una gallera (de 25 sillas), un tanque comunitario de agua, dos pesqueras, dos lugares para paneles solares, una planta de energía que funciona con ACPM, un restaurante y una iglesia evangélica”, dice Rocío Barrios de Hoyos.

Ella es, desde su fundación en el 2011, la presidente del Consejo Comunitario de Santa Cruz del Islote –Islote llaman los nativos al lugar–, quien, según sus propias palabras, y con ayuda de dos comerciales por televisión, ha hecho que este corregimiento de Cartagena de Indias (está a tres horas en lancha) sea visible en los últimos cuatro años y que haya ganado, a punta de tutelas, parte de los derechos mínimos de cualquier pueblo del país, como la energía eléctrica.

Recorrido en domingo

Pero este domingo en el día no hay energía. La planta, por la cual cada casa paga 3.000 pesos diarios (las tiendas y negocios que tienen congeladores pagan 1.000 pesos extra por cada uno de estos) lleva una semana fuera de servicio. Solo habrá de 6:30 p. m. a 1 o 2 a. m. del lunes, hasta cuando se acabe la reservada por los panales solares que la comunidad obtuvo en una pelea ganada a Minenergía, directamente en Bogotá, para evitar ir a Cartagena y que se hubiera 'dormido' entre papeles (tienen las 24 horas, cuanto hace dos años eran apenas cinco horas).

Santa Cruz del Islote

Santa Cruz es la isla más densamente poblada de Colombia.

Foto:

Carlos Capella/EL TIEMPO

La zona del kiosco es la más amplia del islote y se ubican nueve construcciones, entre estas el restaurante, una pesquera que no está en servicio, una casa abandonada y otra de dos pisos que desde hace poco es el comedor infantil escolar. Todo ello, con el frente de la llamada Plaza de los Perros, perteneciente a la familia de Rocío. Ella dice que es un condominio privado. Una reja de hierro abierta lo certifica. En caso de cerrase, y ponerse el candado, aislaría el lugar.

Pasando esa reja, a pocos pasos, se llega a la calle de la Cruz, una de las cuatro de la población. Y separada por cinco casas, a lado y lado, se llega al centro de la isla, la plaza, donde confluyen las otras tres calles: El Oasis –que no es más que la prolongación de la Cruz–, Canilla Seca y su extensión, la más larga y anchas de todas: la del Adiós. El nombre de esta calle se debe a que es costumbre pasear los muertos por las calles y de último salir por esta, donde hay otro muellecito. De ahí, en lancha, se lleva a la isla de al frente, Titipán, distante a unos 200 metros, donde está el cementerio.

En las puertas de las casas de las calles y en los seis callejones hay hombres, especialmente jóvenes, sentados en el suelo, escuchando música con radios grandes, de pilas recargables. Raro: casi ninguno toma cerveza, aunque por la isla se ven canastas repletas de botellas vacías por doquier. Lógico: nadie en el Caribe se las toma al clima: ¡muy caliente!

Por aquí y por allá, el motivo de conversación varonil es uno: el éxito de los gallos en la gallera local, en las peleas de la víspera ante rivales venidos de diferentes pueblos del continente.

No es cierto que para ir a una casa se tenga que pasar por la sala de otra, que ninguna casa tiene patio, que se toma agua mala o que haya relaciones sexuales incestuosas

“Ganamos todas las riñas. Este es un pueblo de galleros”, repiten orgullosos adultos y menores. Ese domingo, un grupo de hombres no está en el pueblo: nueve gallos pelean por la tarde en el puerto de Berrugas, corregimiento de San Onofre (Sucre).

Poco antes del mediodía, en los callejones se ven mujeres cerca de los fogones de leña (aunque hay tanques de gas propano) preparando sancochos con los frutos del mar de este pueblo de pescadores que se lamenta de la cada vez más difícil tarea de cazar una pieza desde un cayuco (canoa pequeña) o a puro pulmón, como los dos jóvenes que regresaron con unos 20 kilos de caracol pala, luego de salir en un día de mar bravo no apto para faenas (hay quejas a las limitaciones de la Nación de solo pescar por sustento, cuando de esa actividad vive la mayor parte).

La tarde está quieta para ser domingo. Unos niños patean un balón en la calle del Adiós, donde está la cancha, cuyas medidas exactas, tomadas por el periodista, son 15,50 metros de largo por 4,94 de ancho. Un grupo reducido de hombres juega dominó en otro kiosco antes de que se escuche un grito generalizado, a las 6:31, porque es cuando llega la energía. Cerca de medio centenar de niños festeja con champeta en un callejón el cumpleaños número seis de una niña. A un costado de la plaza, el movimiento es en un puesto de jugos naturales y sandúches. Al anochecer se escucha música desde varios rincones y eso que solo hay tres 'picós'.

Un lunes normal

El despertar del lunes es temprano. Desde las 3:00 a. m., los 150 gallos, repartidos en siete cuerdas, cantan.

El exboxeador Guillermo Cardales, uno de los tres vigilantes del colegio y quien organiza actividades de fútbol, canotaje y pugilismo con escasos implementos y que lucha para que Parques Nacionales le permita instalar una cancha de fútbol flotante y no tener que ir a Titipán, tocó el pito a las 9:00 p. m., señal que manda a la cama a los menores.

Santa Cruz del Islote

Hay 491 habitantes en Santa Cruz.

Foto:

Carlos Capella/EL TIEMPO


A las 6:40 a. m., hora de inicio de clases, apenas dos niños uniformados de azul están en el salón de tercer grado. A las 9:30 son siete.
La profesora Luz Ortega Rocha dice que tuvo que mandar a buscar el resto. “Como ellos andan libres por la isla, es difícil que se adapten a la disciplina de salón”, dice la educadora.

Son 170 niños divididos en dos jornadas, desde preparatoria hasta el grado 10.° (los chicos van de mañana). Pero solo Ortega y Alexánder Atencio, nativo de Tolú y quien se siente del Islote, son los únicos profesores en el lugar. Los otros están en capacitación en Cartagena y  regresarán al día siguiente. “Solamente con educación, este pueblo podrá salir avante”, dice Atencio.

Pero con la mayoría de niños sin clases, ese lunes parece festivo. Juegan por cualquier rincón. Y como el mar luce bravo, tampoco salieron los hombres a pescar. Tan festivo parece que hay más lanchas de turistas que en la víspera. Juvenal Julio Berrío, apodado ‘Tiburón’, quien a los 70 años es uno de los nueve guías turísticos, da la cifra de 77 personas ingresando al acuario (es un criadero) contra 39 del domingo.

El tema de los hombres en calles y callejones es triste. Por segundo día consecutivo son los gallos: perdió, en Berrugas, el activo e invicto de ocho riñas ‘Todosábado’ (un gallo pinto de 3,2 libras y plumas blanca, negra, roja y marrón), el mejor del pueblo, que quedó sin visión y fuera de circulación. Fredy Mercado, de 16 años, que está al cuido, dice que tendrá otro bueno, llamado ‘Tododomingo’.

Santa Cruz del Islote

Santa Cruz del Islote está ubicado frente al golfo de Morrosquillo,en el departamento de Bolívar.

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Carlos Capella/EL TIEMPO

Varias personas dicen que se necesita un inspector de verdad –el actual permanece aquí cinco días del mes y el resto está en Cartagena–, para evitar drogas en la juventud. “Con una simple inspección a visitantes y nativos se detiene la droga, que se está propagando aquí sin que se haga nada”, dice una de ellas.

En los 10.000 metros cuadrados del islote (mide 100 por 100) todo se sabe, nada hay oculto. No hay robos mayores, la convivencia es buena. “No hay necesidad del chisme: lo que se grita en el norte, se escucha en el sur”, apunta Eder, uno de los vigilantes del colegio.

Un estudio indica que se necesita fortalecer la educación, la atención a la primera infancia, sanamiento básico, agua potable y manejo de residuos sólidos. Además de implementar proyectos con mujeres artesanas y orientación general en el turismo. Solo el 15 por ciento de la población adulta hizo el bachillerato.

Juvenal Berrío, que además es el historiador y descendiente de uno de los primeros habitantes de este pueblo sin plagas en 286 años de existencia (fundadores: Gabino Julio y Fermín Cortés, pescadores afro de Barú), precisa a la hora de la partida a Tolú: “No es cierto que para ir a una casa se tenga que pasar por la sala de otra, que ninguna casa tiene patio, que se toma agua mala (hay un sistema de recoger la lluvia y de Cartagena llega un planchón cada vez que sea necesario: todo el agua se purifica), que hay relaciones sexuales incestuosas, que únicamente hay baños comunitarios y que se viva hacinado. Yo vivo solo”.

Santa Cruz del Islote

En los 10.000 metros cuadrados del islote (mide 100 por 100) todo se sabe, nada hay oculto.

Foto:

Carlos Capella/EL TIEMPO

Óscar, otro guía que lo escucha, dice que también vive solo. Así como Fredy Berris, un hombre que tiene uno de los tres hospedajes.

Otro hombre se queja de la ausencia del Estado: los políticos llegan en campaña, pero ningún alcalde de Cartagena lo ha hecho hasta ahora. En ese momento llega Rocío, que además encabeza la Cooperativa de Prestadores de Servicios Domiciliarios del Islote y Múcura (otra isla situada a 500 metros en el polo opuesto de Titipán, en ambas trabajan casi un centenar de habitantes del Islote en los hoteles de turismo), y me dice:

─Recuerde aclarar: somos apenas 485 habitantes.

─¿No nació nadie desde noviembre pasado? ─pregunto.

─Ah, sí: en enero nació un niño ─responde la dirigente cívica─. Somos 486.

Guillermo Cardales, el líder deportivo, también presente, interviene:

─Hace poco, por la crisis de Venezuela, llegaron tres hijos míos y dos nietos: ahora somos 491...

ESTEWIL QUESADA FERNÁNDEZ
Enviado Especial de EL TIEMPO

SANTA CRUZ DEL ISLOTE (BOLÍVAR)

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