Peces con metilmercurio, una contaminación letal

Peces con metilmercurio, una contaminación letal

El envenenamiento de las aguas del mar Caribe en Cartagena es recurrente.

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Protesta de pescadores de Cartagena, en julio pasado, contra la contaminación del mar por el transporte de combustibles.

Foto:

Yomaira Grandett / EL TIEMPO

23 de noviembre 2016 , 12:13 a.m.

En mayo de 1977, el Comité de Protección Ambiental de Cartagena (Copac) comprobó que la bahía estaba siendo contaminada con mercurio que se escapaba de la planta electrolítica del complejo industrial Alcalis de Colombia.
Este fue el cuarto caso en el mundo considerado “letal” por la ciencia.

Según científicos, para entender este tema, primero es necesario distinguir entre el mercurio metálico y el metilmercurio:

“El mercurio metálico no es demasiado nocivo para el hombre”, han sostenido algunos. No obstante, en 1968 se descubrió que al consumirlo, los peces lo transforman en algo llamado metilmercurio, “ese sí, una sustancia absolutamente letal”.

Al ser consultado, Stanley Manaham, de la Universidad de Misuri, afirmó que había comprobado que los peces al comerse unos a otros lo van acumulando hasta llegar al hombre a través de ese mismo pescado.

La contaminación con este elemento es una de las más mortíferas que conoce la humanidad. Desde el caso del contagio de la fauna en la bahía de Minamata, Japón, la ciencia comprobó que el consumo de peces que contengan dicha sustancia es la causa del nacimiento de niños deformes y de perforaciones en el cerebro, generalmente, en forma lenta.

En cuanto a la contaminación con metilmercurio, hoy, en noviembre del 2016, existen cuatro antecedentes comprobados en el mundo.

Como ha sido señalado, el primero fue en la bahía de Minamata a partir de 1960, cuando, tras ser negada la incidencia trágica del metilmercurio en los seres humanos, científicos de diferentes países comprobaron que este era la causa de una tragedia sin antecedentes en este campo.

Cuando Kenishi Shimada, presidente de la Shisso Corporation, que había negado durante diez años la contaminación de la fauna en la bahía, terminó por aceptar el fallo de la ciencia, se arrodilló para pedirle perdón públicamente a los entonces doscientos millones de japoneses.

Peligro inminente

En cuanto al caso de Cartagena, la Sociedad Colombiana de Ecología dijo entonces que “esa situación reviste tal gravedad que el Estado colombiano debería haber alertado muy temprano a la ciudadanía”.

Por su parte, el Comité de Protección Ambiental de Cartagena no ocultó su preocupación y señaló en una rueda de prensa convocada con carácter urgente que “millares de personas en el país hoy mismo se hallan expuestas a un peligro inminente”.

Como respuesta, el Ministerio de Salud prohibió a sus funcionarios hablar en público sobre el problema.


Preocupación mundial

La Organización Mundial de la Salud estableció que en estos casos, para que el hombre se mantenga fuera de peligro, la comida no debe tener una contaminación con metilmercurio mayor a 0,3 partes por millón. Lo de Cartagena registraba una cantidad mayúscula.

Por otra parte, las muestras de pescado analizadas en los Laboratorios Nacionales Oceánicos de los Estados Unidos por el profesor Harrys B. Stewart y recogidas por el capitán de navío Julio Reyes Canal, del Copac, en el norte de la costa de Mamonal, arrojaron un índice de 1,92 de metilmercurio, una cifra muy superior a los márgenes permisibles.

En su momento, el Instituto Nacional de Salud le ocultó a la opinión pública sistemáticamente aquellos resultados.

Tampoco alertó a las autoridades colombianas y, por este motivo, inicialmente no fueron tomadas con prontitud ninguna clase de medidas, para, por lo menos, evitar la propagación del metilmercurio en los peces de la bahía.

Según Barry Commonor, profesor de la Universidad de Washington, media libra de mercurio metálico es suficiente para contaminar con metilmercurio a diez millones de libras de pescado en el primer paso de la cadena.

Colombia, siempre mal

Mientras en Colombia no se había tomado ningún tipo de medidas y hasta aquel momento se trató de que la opinión pública desconociera el peligro que representaba la contaminación mercurial, en Estados Unidos, desde el momento en el que se comprobó el peligro, se tomaron medidas extremas para favorecer a la población en casos similares.

Minamata y otros

La primera aparición letal del metilmercurio fue comprobada por el mundo científico en la bahía de Minamata, Japón, donde la fábrica Shisso Corporation utilizó mercurio metálico en sus procesos.

En 1960, las autoridades registraron allí casos de envenenamiento de seres humanos, nacimiento de niños monstruosos o con malformaciones congénitas, personas con defectos graves en la vista, ceguera, parálisis corporal, sordera, entre otros. Se calcula que por lo menos quince mil seres perdieron la vida.

Después el Estado japonés afrontó tres mil demandas por un número igual de niños monstruosos que, se comprobó científicamente, nacieron luego de que sus padres estuvieron expuestos a la contaminación del metilmercurio.

En Suecia, en 1969 se había registrado una mortalidad animal por causa de la utilización de un plaguicida que contenía metilmercurio. El gobierno aconsejó inmediatamente que las madres embarazadas no comieran pescado.

En 1970, se descubrió en Estados Unidos que peces de los Grandes Lagos estaban siendo contaminados con mercurio. Semanas después, el gobierno clausuró una gran fábrica de la firma Dow Chemical (que a la vez está presente en Colombia con sus plaguicidas).

El mercurio metálico transformado en metilmercurio es tan peligroso que en marzo de 1975 el Ministerio de Agricultura prohibió en Colombia la utilización de estos plaguicidas, luego de haberse comprobado que causaron siete mil muertos en Irak, tres años antes.

Estrecho seguimiento

Desde la tragedia de Minamata, el metilmercurio jamás ha estado fuera de la vigilancia de la comunidad científica internacional.

Por ejemplo, en 1970, el profesor Goran Lofros, de la Universidad de Estocolmo, estableció que en muchos casos las madres y los peces no muestran síntomas de contaminación, y que los seres humanos pueden estar intoxicándose lentamente sin que presenten síntomas. Según el profesor Lofros, la contaminación mercurial puede durar hasta un siglo.

Cierre de Alcalis

Luego de una etapa de comprobación y silencio, y ante el peligro de la presencia de metilmercurio en los peces de la bahía de Cartagena, el primero de junio de 1977, un miércoles, el gobierno colombiano ordenó detener el funcionamiento de la planta electrolítica de Alcalis de Colombia, por estar causando escapes de mercurio metálico en la bahía.

Como complemento, se anunció la restricción de la pesca en una extensa zona aledaña y fue declarada la emergencia económica en el área de la bahía.

Al registrarse estos acontecimientos en Colombia, medios como The New York Times, señalaron:
“El fenómeno no tiene antecedentes en la historia de la conservación de la vida y del medioambiente en América Latina.

“El mercurio, transformado a través de la cadena de alimentos en metilmercurio, es uno de los contaminantes más letales que ha conocido la humanidad y entre sus consecuencias se cuentan el nacimiento de niños deformes y la destrucción del cerebro de los seres humanos.

“El hombre se contamina consumiendo pescado envenenado con esta sustancia”.

En Colombia, Julio Carrizosa Humaña, gerente del Inderena, planteó oficialmente en un estudio ordenado por la Presidencia de la República y realizado por el Ministerio de Salud y el propio Inderena que por “los graves alcances de la contaminación de la bahía con metilmercurio, a partir de escapes de mercurio metálico por parte de la planta electrolítica de Alcalis, esta debe ser cerrada en forma inmediata”.

La voz de alarma

Por medio de tres documentales basados en testimonios de científicos y de algunas víctimas en la bahía de Minamata (Japón), en Suecia, en los Grandes Lagos (Estados Unidos) y, desde luego, en Cartagena de Indias a través del Copac, el programa de televisión Enviado Especial fue el medio de prensa colombiano que un año antes del cierre de Alcalis dio la alarma sobre la presencia de mercurio metálico y, como consecuencia, de metilmercurio, en los peces de la bahía de Cartagena.

Como respuesta, el gobierno y una comisión especializada de científicos y funcionarios del Estado recomendó que se declarara la continuidad de la restricción de la pesca en la bahía, hasta tanto estudios posteriores demostraran modificaciones significativas en los niveles de mercurio en las aguas y de metilmercurio en los peces.

El gobierno nacional se vio obligado a tomar esta medida a pesar de que inicialmente le restó toda importancia a los análisis de más de cien muestras realizadas por el Ministerio de Salud, en Bogotá, y en los Laboratorios Nacionales Oceánicos y Atmosféricos del Atlántico, en los Estados Unidos, que comprobaron cómo la fauna de la bahía de Cartagena estaba altamente contaminada con metilmercurio.

Luego, ante el peso de la evidencia científica, fue ordenado el cierre de la planta que causaba la contaminación.

GERMÁN CASTRO CAYCEDO
*Uno de los grandes cronistas colombianos. Ha publicado más de treinta libros periodísticos.
Especial para EL TIEMPO

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