Pasto cerró su fiesta con fantasía y alegría

Pasto cerró su fiesta con fantasía y alegría

Veinte comparsas y diez carrozas no motorizadas protagonizaron el Desfile Magno que recorre los siete kilómetros de la senda del Carnaval.

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Las enormes esculturas rodantes se robaron el 'show' durante el cierre del Carnaval.

Foto:

Mauricio Dueñas / EL TIEMPO

06 de enero 2017 , 11:46 p.m.

La magia, fantasía, creatividad y arte se vieron plasmados este viernes en las carrozas que participaron en el Desfile Magno, evento que cerró el Carnaval de Negros y Blancos de este año.

Las 20 comparsas, 40 murgas, 30 disfraces individuales, 10 carrozas no motorizadas y dos colectivos coreográficos reflejaron, una vez más, por qué la Unesco declaró el Carnaval como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

Las hermosas carrozas fueron las protagonistas de la jornada. Gigantescas figuras, muchas de ellas llenas de color, se pasearon a lo largo de los siete kilómetros de la senda del Carnaval, en medio de la admiración y los aplausos de miles de observadores, quienes pese a la lluvia no quisieron perderse el más mínimo detalle del desfile.

La carroza Épica, del maestro Jairo Andrés Barrera, recordaba mediante 20 figuras elaboradas con icopor, papel, yeso y pintura las proezas del guerrero Galeras al eludir las malas influencias que rodearon en el pasado a esta región del país.

La carroza Naturalia, del artesano Luis Alberto Erazo, presentó un tema dedicado a la naturaleza. “Somos afortunados por la biodiversidad o la variedad de formas de vida que se desarrollan en nuestro ambiente natural”, señaló.

Un Loco Soñador, la carroza del maestro Felipe Erazo, presentó en el desfile a ese personaje que convive dentro de cada ser, el que logra hacer los sueños realidad, pero, además, entregó el mensaje de que en la época actual se necesita demasiada locura para enfrentar tantos problemas.

El maestro Alberto Toro Coronel presentó su carroza Pasto, Tesoro de Ensueño, en la que predomina un enorme rostro de un guerrero ancestral que simboliza la identidad y el espíritu guardián que todos los pastusos llevan en su interior.

El desprendimiento de una estructura de La Muerte no es el Final fue el punto negro del desfile, ya que el hecho dejó tres asistentes heridos: un hombre con traumas de consideración en sus piernas y dos mujeres que presentaron traumas en la cabeza.

La tradición del conocido Día de los blancos, que se celebra cada 6 de enero en la capital nariñense, se remonta a 1912, cuando el ciudadano Ángel María López, mientras bebía licor con sus amigos en la casa de las señoritas Robby, de manera sorpresiva decidió aplicarse en el rostro unos polvos que estaban en un tocador y luego exclamó: ¡Vivan los blancos!

Mauricio de la Rosa
Especial para EL TIEMPO

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