Niña con insuficiencia renal recibió su casa remodelada y un riñón

Niña con insuficiencia renal recibió su casa remodelada y un riñón

Natalia Henao ya tiene donde recibir sus diálisis y un riñón sano para no hacerlas nunca más.

Natalia Henao Londoño

La familia Henao Londoño recibió su casa remodelada en medio de una fiesta.

Foto:

Jonh Jairo Bonilla

05 de agosto 2018 , 07:51 p.m.

En una casa de esterilla, con pisos de tierra, baño sin enchapar, cocina con mesón improvisado y cubierta de plásticos, vivía Natalia Henao Londoño, con sus padres y su hermana cinco meses atrás, cuando nadie sabía que sus riñones no se habían desarrollado, cuando la lucha aún era solo de cuatro personas.

En la casa 245 de la vereda el Potrillo, en el kilómetro 41 de la zona rural de Manizales, viven desde hace más de 10 años los Henao Londoño. En la humilde vivienda construida en zona de invasión, los padres de Natalia hicieron su casa y descubrieron lo que sería el motivo de su lucha de ahí en adelante.

En septiembre de 2017 después de múltiples episodios de fatiga, cansancio y dolor, Alba Lucía Londoño, mamá de Natalia, decidió llevarla al médico. La niña había perdido el color moreno de su tez por un tono amarillo, como le pasa a quienes sufren de anemia, justo lo que le dijo el médico en sus primeras visitas.

Después de meses de exámenes largos e intermitentes un pediatra pudo ver a Natalia dándole como diagnóstico una deficiencia renal que se manifestó solo al cumplir 10 años, cuando su cuerpo le exigía unos riñones fuertes que no desarrolló cuando estaba en el vientre de su madre.

Con este dictamen empezó la verdadera lucha. Las hospitalizaciones de un mes y las diálisis diarias se volvieron la cotidianidad de Natalia, que ahora tiene 11 años.

Tras los primeros meses de entrenamiento para poder hacer las diálisis en casa, el único requerimiento de la EPS para entregar la máquina del procedimiento era un lugar seco y con normas de asepsia básica, lo que no tenía su casa para aquel momento.

Por aquella época Alba Lucía conoció al patrullero rural de la Policía Metropolitana de Manizales Jorge Granada, quien tomó como suya esta causa. Tocó puertas, buscó aliados, fue arquitecto, albañil y todo cuando la construcción de la nueva casa requirió.

“Cuando me buscaron y vi las condiciones de la niña solo pensé en ayudar. Conté en la Policía, busqué fundaciones y de a poco muchas personas en toda la ciudad se unieron y construimos esta nueva casa en cuatro meses”, contó.

Una vez por semana Granada, otros miembros de la Policía, dos arquitectas, la fundación Súper Amigos y diversos voluntarios iban hasta la vereda a pegar las baldosas, enchapar el baño, adecuar la cocina y pintar, todo para que la máquina llegara y Natalia recobrara su vida normal.

Pero a cambio de uno, llegaron dos regalos a la vida de Natalia. El 23 de junio pasado, sobre las 2 de la mañana recibieron una llamada: “ya hay un riñón para Natalia, la operamos hoy mismo”. Ese sábado llegó hasta la clínica La Misericordia de Bogotá donde Colombiana de Trasplantes le entregó su nuevo riñón y con él una nueva vida.

“Me desperté asustada, pero cuando me dieron la noticia no lo podía creer, yo le pedía mucho a Dios por mi riñón porque odiaba las diálisis, ya no me gustaba estar dos horas con ese líquido tan frío”, comentó Natalia, que aún se recupera la de cirugía.

Del trasplante solo recuerda que estuvo todo un mes boca arriba y que tiene tres dosis sagradas de medicamentos en la mañana y tres en la noche, que no olvidará tomar mucho líquido y que si ha de jugar con sus amigos, optará por que no sea brusco, pues lo más importante es conservar sano su riñón.

Al regresar de la recuperación en Bogotá la casa estaba terminada, con unos resultados que la familia nunca esperó. “Por teléfono mi esposo me describía cómo estaba, el color de las paredes, el cuarto de la niña y fue más de lo que esperé. No alcanzan las palabras para agradecer el gran corazón de todos los que hicieron esto”, mencionó Alba.

Tocando puertas, publicando en redes sociales y trabajando duro, los abanderados de esta historia lograron su cometido inicial, una casa digna para Natalia, que terminó siendo mucho más que eso. Reunieron manos para que la lucha de los Henao Londoño dejara de ser de cuatro, y pasara a ser de 20, de 30 y 50 personas que con su aporte consiguieron acciones que demuestran lo valioso de unirse y servir.

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