La vía Mesetas-Uribe, la prueba de fuego para la paz

La vía Mesetas-Uribe, la prueba de fuego para la paz

Transportadores han tenido que vivir el drama de ver morir el ganado en la vía.

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Camiones, caminetas, camperos y motos deben atravesar serias dificultades en la vía.

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HERNANDO HERRERA/ LLANO SIE7EDÍAS

25 de noviembre 2016 , 09:44 p.m.

Carlos Alberto Sánchez lleva 16 años ganándose la vida en los 56 kilómetros que tiene la trocha que lleva de Mesetas a Uribe, en el sur del Meta.

Es el conductor de un camión de estacas en el que transporta yuca, plátano, frutas y ganado, productos que saca de las fincas de Uribe y La Julia hacia las plazas de mercado de Bogotá. Cobra 2’300.000 pesos por el viaje.

Lo encontramos con su camión enterrado en el lodo hasta la carrocería, cargado con 425 bolsas de plátano verde. Llevaba un día en la vía, a la espera de la ayuda de un tractor o de otros camiones que lo arrastraran con una guaya larga y gruesa para poder salir del barrizal en el que estaba atrapado.

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Son las 2:00 de la tarde y un intenso Sol hace sudar las frentes de los conductores y brillar las cabinas de los ocho camiones que como el de Sánchez están atrapados en el sitio El Piñal, uno de los llamados pasos críticos de la tragedia en que se ha convertido la vía entre la inspección de Jardín de Peñas y Uribe.

“Llevo 16 años viendo cómo se mueren los animales en la vía y se pudren los plátanos y las frutas porque me ha tocado pasar hasta ocho días enterrado en tiempos de invierno. Lo de hoy no es nada, afortunadamente nos enviaron un tractor para ayudar a sacarnos del barrizal, pero el carro toca mandarlo para el taller, la transmisión y las llantas se jodieron”, dice Sánchez con resignación.

En una vía pavimentada, los 56 kilómetros entre Mesetas y Uribe se podrían recorrer en máximo una hora y media, pero por la trocha, un campero puede tardar cinco o más horas y un camión hasta ocho si tiene suerte.

El alcalde de Uribe, Jaime Pacheco, quien nos acompaña en el viaje, dice que el costo de la pavimentación de la vía se calcula en 200.000 millones de pesos y que solo el Gobierno nacional puede invertir esa suma.

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“La Gobernación del Meta nos está colaborando con el arreglo de la vía, son 28 kilómetros entre Uribe y Jardín de Peñas, ya van 19 y se nota el cambio, está quedando bueno”, afirma.

Por esta vía no solo transportan productos para mercado y ganado. Por allí también se mueven carrotanques con la leche que recogen en las fincas, símbolo del esfuerzo de familias campesinas de Uribe y Mesetas que se atrevieron a dejar las plantaciones de coca para apostarle a la legalidad.

La vía es la esperanza del desarrollo para el sur del Meta

La pavimentación de la vía a Uribe, que se hace intransitable después de Mesetas, es para los uribenses la vena que les llevará el desarrollo y la solución a muchos de los problemas sociales y económicos que han servido de combustible para la guerra, en particular las plantaciones de coca que en la década de los 80 comenzaron a manchar de un verde clarito las lomas del municipio.

El mal estado de la vía se ha convertido en la excusa de siempre de pequeños y medianos agricultores de algunas fincas para seguir atados a la ilegalidad de la mata que mata.

“Cómo vamos a producir plátano, yuca o frutales para que se pudran en la vía, si no se pueden sacar”, repiten sin parar.

Para transitar por la vía hay que tener una gran resistencia física y es una prueba de fuego para los riñones. Solo entran camperos, camionetas, camiones y motos.

Parece como un hilo polvoriento en verano y un lodazal en invierno. Grandes piedras que hacen saltar los vehículos aparecen enterradas, mientras que en profundos cráteres se hunden las llantas de los vehículos como si se desinflaran o pincharan.

Las carrocerías de los camiones con víveres y ganado se mueven de un lado a otro y por momentos pareciera que se van a salir del chasis, junto al drama que viven los pasajeros de camperos.

La odisea diaria de los transportadores

Jorge Vargas trabaja todos los días con un campero Uaz, transportando pasajeros entre Granada y Uribe y viceversa.

Lo encontramos en uno de los atascamientos de la vía, haciendo cola detrás de camiones y otros camperos para seguir su trayecto hacia Granada. Salió muy temprano desde El Paraíso, un caserío ubicado a dos horas de Uribe, con ocho personas, seis atrás y dos adelante.

“Esta es la rutina de todos los transportadores de esta región, sufrimos mucho con la vía y la gente del campo también, uno no entiende cómo el Gobierno tiene tan abandonadas estas tierras tan buenas y productivas si aquí se da de todo hombre”, comenta Jorge, mientras los camioneros se ayudan a jalar los carros con la guaya.

Sin embargo, es consciente de que en cuestión de unos minutos se abrirá paso, pero siente el drama que viven los camioneros con la carga.

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“Los camioneros son vistos como héroes por los campesinos porque si no fuera por ellos tendrían que aguantar hambre, no de otra manera pueden vender lo que producen en las fincas. Los camioneritos son los únicos que se someten a pasar horas y a veces días enterrados en la vía para poder ayudar a esta gente”, dice Jorge.

Marcos Ruiz, otro transportador de plátanos, señala a los políticos como responsables de la tragedia que viven a diario por la vía. “Por acá vienen los políticos solo cuando necesitan votos y llegan en avión, sería bueno que algún día tengan que recorrer la vía y ojalá en invierno...”, apuntó.

'Me divierto mucho manejando en esta trocha'

Alex, así, sin otro nombre ni apellido, es conocido el dueño del ‘100 por ciento Trochero’, uno de los vehículos más cotizados y engallados de Uribe, capaz de atravesar la trocha y salir de los profundos barrizales sin que se hunda o le suenen las latas como si se tratara de una caja de cubiertos.

De hecho, es el único carro en el que se mueve el alcalde Pacheco por la región porque no lo deja tirado y Alex es tal vez el único conductor que afirma con una marcada sonrisa que se divierte en la vía.

“Llevo diez años trabajando en esta vía y aquí aprendí a manejar con el ‘Trochero’. Ya uno se acostumbra a la vía, conoce cada curva, se conoce los pasos críticos y sabe por dónde hay que hacerle, el cálculo de la altura y la fuerza del carro y nunca he tenido un accidente”, comenta en la charla, mientras se toma una gaseosa con roscón.

Se ufana al decir que la enterrada más larga que ha tenido ha sido de solo 20 minutos, en comparación con las horas y días de otros vehículos.

Hace tres meses tuvo que ver el atascamiento de unos 16 camiones y camperos en el sitio El Piñal, que junto con Sabaneta, considera como los más difíciles.

“A un camión le jalaron el tren delantero para sacarlo del barrizal y se lo desprendieron, el motor quedó en el piso, me dio mucho pesar con el conductor”, dice.

REDACCIÓN LLANO SIE7EDÍAS

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