En Mejor Esquina empezó la historia de sangre y terror

En Mejor Esquina empezó la historia de sangre y terror

Extracto de La Guerra No lo agota todo,  a 30 años de la primera masacre paramilitar en la Costa. 

Mejor

Un aspecto del caserío en el que hace 30 años llegó el terror y acabó con la vida de 27 personas de manera vil y cruel.

Foto:

Gudilfredo Avendaño

08 de abril 2018 , 12:11 p.m.

Sucedió en ‘La Florida’, una amplia y acogedora casa campestre de propiedad de Elvia Martínez. En medio de una formidable panorámica, con dos imponentes palmeras en su vestíbulo, la casa de campo estaba ubicada en la entrada de Mejor Esquina, jurisdicción de Buenavista (sur de Córdoba). Allí ocurrió, la noche del 3 de abril de 1988 –Domingo de Resurrección, para ser más exactos- la primera matanza de personas, por parte de paramilitares, en la Región Caribe colombiana.

Registran las frías e infalibles cifras que pasadas las 10:30 p.m., 27 personas que disfrutaban de un fandango amenizado por la banda ‘Tres de Mayo’, de Montelíbano, fueron brutalmente asesinadas por 15 hombres uniformados con prendas militares, armados con fusiles que irrumpieron en la estancia disparando a diestra y siniestra, a todo lo que se moviera, mientras proferían toda suerte de vilezas, y tildaban a sus víctimas de guerrilleros.

El despiadado aguacero de balas duró alrededor de 30 minutos, según los cálculos de algunos sobrevivientes, y esparcidas en el aire, con la dureza de muchos latigazos seguidos en la espalda, a pleno sol, quedaban las palabras de los criminales:
“Suerte para los que quedan vivos; que lloren mucho a sus muertos, partida de guerrilleros hijueputas”…

Se sabría después que mientras emprendían su retirada, en las afueras de la finca, los fabricantes de muertos asesinaron a un hombre que sería identificado como Juan Acevedo, dejando así un concluyente saldo de 27 acribillados, entre hombres y mujeres; adultos y niños.

Como dato curioso para la posteridad, ninguno de los integrantes de la banda musical fue blanco del tiroteo.

Creo que la matanza que hubo aquí se queda así, en la purita impunidad. No tengo la más mínima esperanza de que nos paguen a nuestros muertos

Las horas transcurrieron y los deudos, atemorizados aún, empezaban a salir del aturdimiento ocasionado por la abrupta incursión para estrellarse con su desoladora realidad.

“Esto que nos pasó no tiene nombre. En mi caso particular es inenarrable –dice José Sáenz, años después de la tragedia, haciendo un esfuerzo inocultable para no llorar-. Vi cómo mataban a mi hijo Anastasio y a varios amigos y familiares, y luego vi cómo se alejaban los asesinos en medio de burlas e ironías sin que nosotros, presas del terror, pudiéramos hacer nada. Esto es grande. No sé cómo he podido vivir desde entonces. Pasan los años, pero el recuerdo se mantiene vivo, nítido y quemante”.

Fue él quien casi cuatro horas después de la barbarie, a lomo de caballo, y tras un incesante galope de más de media hora en plena oscuridad, llegó a Buenavista y dio la mala nueva: “Unos hombres disfrazados de soldados llegaron al fandango de Mejor Esquina y mataron a tiros a muchas personas”.

Horas después se sintió en la región, el país y el mundo el sonoro impacto de la noticia.

El tradicional acordonamiento, como medida preventiva para el levantamiento de los cadáveres, fue algo que se obvió en Mejor Esquina. Recuerdan los sobrevivientes que en vista de la tardanza del inspector de Policía de Buenavista, Alcides Luna, quien llegó al lugar de los hechos 12 horas después, los lugareños optaron por sepultar a sus difuntos, pues éstos empezaban a descomponerse y a ser comida de gallinazos, perros y cerdos.

Los heridos, 15 en total, serían remitidos a hospitales de Planeta Rica y Buenavista. Ninguno moriría.

Esto que nos pasó no tiene nombre. En mi caso particular es inenarrable. Vi cómo mataban a mi hijo y a varios amigos y familiares, y luego vi cómo se iban los asesinos

Un mar de interrogantes 

Sucedió en ‘La Florida’, una amplia y acogedora casa campestre de propiedad de Elvia Martínez. En medio de una formidable panorámica, con dos imponentes palmeras en su vestíbulo, la casa de campo estaba ubicada en la entrada de Mejor Esquina, jurisdicción de Buenavista (sur de Córdoba). Allí ocurrió, la noche del 3 de abril de 1988 –Domingo de Resurrección, para ser más exactos- la primera matanza de personas, por parte de paramilitares, en la Región Caribe colombiana.

Con el tiempo se conocería que los músicos habían sido contratados en el municipio de Montelíbano por Lucho Argumedo, residente de Buenavista, con dinero girado por el entonces prestante ganadero César Cura.

Ninguno de los dos asistió al fandango. Cura, acusado después de narcotraficante por el DAS de Córdoba, sería asesinado años más tarde en Santa Marta.

“Yo realmente creo que la matanza que hubo aquí se queda así, en la purita impunidad. No tengo la más mínima esperanza de que nos paguen a nuestros muertos”, dice Elvia Martínez, la dueña de ‘La Florida’, y hermana del entonces concejal Ruperto Martínez, presente la noche de la barbarie, y quien salió ileso, sin ningún rasguño.

Cuentan algunos sobrevivientes de la masacre que Ruperto increpó a los asesinos con un “Basta, no más; ya está bueno”. En respuesta, los agresores solo se limitaron a darle término a los disparos, sin proferir palabra alguna.

“¿Por qué el concejal Ruperto Martínez les habló así a los criminales? ¿Por qué estos no siguieron disparando? ¿Por qué no le dispararon a él como sí hicieron con otros? ¿Existía algún vínculo entre ellos?”, esos interrogantes se plantearon muchos de los sobrevivientes que, sin embargo, no se atrevieron a lanzar alguna opinión.

Lo cierto del caso es que en otras partes de Córdoba asociaron a Ruperto Martínez con los uniformados. Dichas acusaciones seguirían hasta mucho tiempo después de que el hombre, entonces profesor de matemáticas, sería asesinado en el municipio de Purísima.

“Nadie puede decir que mi hermano Ruperto haya tenido que ver con esa masacre. Eso es absurdo, pues la noche de ese macabro fandango murieron a tiros un hermano de él y dos parientes más”, señala Gabino Martínez, hermano menor de Ruperto.

Minutos antes de que los criminales repartieran fuego, en la finca ‘La Florida’ se encontraban cerca de 250 de las 1.600 personas que en esos momentos habitaban el pueblo, campesinos en su mayoría. Estaban celebrando la pascua de la resurrección.
Allí se siguió prendiendo el fandango el Domingo de Gloria, en la Plaza hasta 1988 cuando una amenaza de lluvia llevó a los habitantes a no realizar la fiesta a cielo abierto, sino en un recinto cubierto. Desde entonces se escogió la finca de la señora Elvia Martínez, hermana del entonces concejal Ruperto Martínez.

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En Mejor Esquina se recuerda cada año la masacre que dejó 27 personas asesinadas por paramilitares que interrumpieron un festejo en el pueblo. 

Foto:

Gudilfredo Avendaño

'Masacre es un crimen de lesa humanidad’

Treinta años después de la masacre de Mejor Esquina, en Córdoba, las autoridades en este Departamento pedirán que se declare crimen de lesa humanidad.

Así lo anunció la gobernadora encargada Sandra Devia Ruiz, durante los actos de conmemoración de la primera masacre cometida por un grupo armado ilegal en esta región del Caribe colombiano.

En el sitio donde se cometió la masacre fue puesta una ofrenda floral para realizar el acto simbólico de solidaridad y respeto por la memoria de las personas asesinadas.
De igual forma, en alianza con el Banco BBVA, la Gobernación de Córdoba entregó kits escolares a los niños de la escuela de Mejor Esquina, quienes presentaron actos folclóricos. G. Avendaño

Leonardo Herrera Delgáns y Fausto Pérez Villareal
*Periodistas y docentes de la Escuela de Comunicación , Universidad Sergio Arboleda.

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