Mujeres y ciencia, combinación clave para mitigar el cambio climático

Mujeres y ciencia, combinación clave para mitigar el cambio climático

Foro planteó el empoderamiento femenino en el campo y la investigación como "estrategia adaptativa".

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Por ejemplo, la recuperación de la cuenca del río Chinchiná, en Caldas, requiere fortalecer la participación de las mujeres que viven a su alrededor, destacaron científicas.

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John Jairo Bonilla

24 de agosto 2016 , 12:33 p.m.

Se podría pensar que es poco lo que tienen en común una campesina y una científica, pero comparten la dificultad que existe para que las tengan en cuenta en sus respectivos campos, pese a que son trascendentales para resolver problemáticas tan importantes como las ambientales.

Esta relación entre mujeres, ciencia y cambio climático compuso la agenda de un foro que se realizó el pasado martes en la Universidad de Caldas, en el que participaron científicas de diversas disciplinas. (También: La innovadora empresa de 25 pereiranas dedicada al análisis de datos).

Uno de los casos presentados fue el de la recuperación de la cuenca del río Chinchiná.

La antropóloga Érika Acevedo, docente de la Universidad de Antioquia que ha hecho estudios de campo en esa región, concluyó en su ponencia que “el fortalecimiento de las capacidades de las mujeres al interior de las comunidades cafeteras, así como la aceptación (...) de sus aportes alrededor de temas climáticos debe ser vista como una estrategia adaptativa”.

Se refería al “imperativo” de vincularlas, por ejemplo, en la planeación frente a riesgos ecológicos de su labor en el campo, como en el Plan de Ordenamiento y Manejo de la Cuenca (Pomca). (Además: Mujeres cafeteras cuidan el agua para frenar la violencia).

Jennifer Twyman, del Centro de Investigación de Agricultura Tropical que asesora planes de adaptación con enfoque de género en Cauca, tiene una idea similar. “Es importante reconocer que las mujeres sí participan en casi todo lo que tiene que ver con la vida en el campo y darles la información que necesitan para tomar decisiones sobre sus riesgos agroclimáticos”, dijo.

Acevedo destacó iniciativas de colaboración entre mujeres cafeteras, como el proyecto Alma Verde que nació en Neira (Caldas) y se ha extendido a otros municipios del departamento.

Ciencia femenina

Además de las ciencias humanas, otras disciplinas tuvieron también su espacio en la discusión con ponencias, por ejemplo, sobre los cambios en la vegetación del nevado del Ruiz en los últimos 5.800 años o del valle medio del río Cauca desde hace 13 milenios.

Las investigadoras sobre estos y otros temas de ciencias ‘duras’ hablaron también sobre la importancia de que su voz sea más escuchada entre sus colegas. (Relacionado: Colombia ya tiene su Red de Mujeres Científicas).

La paleoecóloga Susana Velásquez, que trabaja con la Corporación Autónoma Regional de Caldas (Corpocaldas) y presentó el estudio sobre el valle del río Cauca, destacó que aún “hay dificultades para asumir con facilidad las recomendaciones del las mujeres. Más, si son jóvenes. Pesa más la opinión de un hombre experimentado”.

Otras colegas, como la ingeniera Olga Lucía Ocampo, de la Universidad Autónoma de Manizales, y la bióloga Marcela Uribe de la Tecnológica de Pereira, destacaron la importancia de una “red de apoyo” en casa, que les permita a las mujeres equilibrar las tareas del hogar con los hombres, para que ellas puedan desarrollarse igual en sus profesiones, sin obstáculos.

Las tres coincidieron en que programas de apoyo internacional a las ciencias son muy exigentes en materia de equidad de género en los grupos de investigación, pero dijeron que a nivel nacional todavía hay camino por recorrer. En especial en disciplinas distintas a las humanidades o las de la salud, porque en estas hay más mujeres.

La ingeniera Keyla Meza, de 22 años, fue la primera mujer de su institución en entrar al programa de jóvenes investigadores de Colciencias. Recordó que sus compañeros de la Universidad del Área Andina en Valledupar dudaban de la capacidad de una mujer para el trabajo de campo de un estudio como el suyo, sobre el impacto ambiental de las ladrilleras en municipios de Magdalena.

“Aquí nos damos cuenta, con las experiencias de todas estas mujeres, de que sí se puede”, afirma. El lunar del evento fue que hubo muy pocos hombres entre el público para escucharla.

MANIZALES

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