'Es una transición, y toca acostumbrarse'

'Es una transición, y toca acostumbrarse'

Marcela González lleva 30 años en la guerrilla y desde hace cinco no ve a un familiar.

Así avanza la construcción del campamento de las Farc en el Cauca| EL TIEMPO| Febrero Así avanza la construcción del campamento de las Farc en el Cauca| EL TIEMPO| Febrero

Los cambios tras décadas de vida en la guerrilla

05 de febrero 2017 , 02:54 p.m.

Marcela González, nacida en el Meta, lleva 30 años en la guerrilla y desde hace cinco no ve a un familiar, ni siquiera a su hijo, que ya tiene 20 años. “Siempre tocaba estar moviéndonos en la montaña, con la posibilidad de un combate o de un bombardeo. Era un riesgo al que no podía exponerlo”, dice la mujer, que hizo parte de una avanzada de 40 guerrilleros del frente móvil ‘Jacobo Arenas’, de las Farc, que el 28 de enero llegó al caserío del resguardo de Pueblo Nuevo, en el municipio de Caldono, Cauca.

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Lo hicieron con sus uniformes de campaña y fusiles al hombro. Su llegada coincidió con las fiestas patronales, en medio de pólvora. Apenas adolescente, su papá le impidió que se vinculara a la guerrilla, pero una vez cumplió los 18, y con pocos años de estudio, anunció su decisión de enrolarse en las Farc. Esas tres décadas de vida insurgente y las caminatas la llevaron de los Llanos, en el oriente del país, a las montañas del norte del Cauca.

Acompañados por la comunidad, hicieron una travesía de 10 kilómetros desde el caserío de Pueblo Nuevo hasta San Antonio, a 2.000 metros de altitud, una de las dos zonas veredales de normalización y transición (ZVNT) acordadas por el Gobierno y las Farc para Caldono, una de las cuatro en Cauca. Las otras dos están en Miranda y Buenos Aires.

Desde ese sábado hasta el miércoles pasado, de civil, a pie o en moto, y con sus armas en maletines o morrales, fueron llegando otros guerrilleros, hasta sumar 200, los acordados para este punto. Enfatizan en la voluntad de paz de las Farc y confían en que si se cumplen los acuerdos, esta sea su última marcha guerrillera. “En la montaña vivíamos en unas condiciones más ligeras, nada de paredes, solo nuestro techo; mucho más móviles, menos carga, menos maletas, menos construcciones. El frío nunca me ha hecho sentir mal. Es una transición lenta, y toca irse acostumbrando”, dice Marcela. Ella hace parte de la línea de mando del frente e integró la delegación de La Habana, haciendo tareas de acompañamiento, logística y enlace con los medios.

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En Caldono, además de San Antonio, otro punto veredal estará en Santa Rosa, con un total de 400 guerrilleros, y entre ambos campamentos se tendrá un punto de recepción en Los Monos, para contacto con la comunidad. La ‘Jacobo Arenas’ ha sido considerada una de las unidades élite de combate, una especie de academia militar, donde llegaban a formarse no pocos de los combatientes y otros a especializarse en tácticas de guerra. Debían desplazarse por 14 municipios del norte y centro del Cauca; entre ellos, Jambaló, Toribío, Santander de Quilichao y Popayán.

No pocos coinciden en que acostumbrarse a las paredes de una habitación y a tener un domicilio fijo hacen parte de su nueva vida. De momento, se acomodan en un campamento improvisado, levantado a toda marcha, a unos 500 metros del sitio donde será su sede por seis meses, un complejo que 35 obreros se esfuerzan en terminar. Son 50 casas con piso de concreto, paredes de ‘drywall’; cada una, de cuatro habitaciones, y cada cuarto, de 24 metros. Está lista una gran cocina, un enorme comedor comunitario, casa administrativa, espacio para salud y un aula. Y aunque es uno de los más avanzados del país, está apenas en un 30 por ciento.

Edwin Idárraga, de la Unidad de Gestión del Riesgo, entidad a cargo de la adecuación de las zonas, dice que ha sido una labor compleja desde la misma consecución de los lotes, su adecuación, traslado de materiales desde localidades vecinas, Popayán y Cali, con tractomulas por estos caminos destapados. Para los guerrilleros, en su vida de combate en las noches, pasadas las 6 de la tarde, era un riesgo encender un fósforo o un cigarrillo, porque delataba su presencia y guiaba al “enemigo”. Ahora se acostumbran a descansar en las noches, con iluminación eléctrica y, con calma, fumar un cigarrillo.

La comunidad del resguardo de Pueblo Nuevo espera que con el proceso de paz lleguen la armonía y la sanación a sus territorios. Y es que Caldono es una de las poblaciones del Cauca y del país que más han sufrido el conflicto.

Briggite Dagua, secretaria de Gobierno del municipio, dice que han padecido 67 tomas guerrilleras y más de 250 hostigamientos a la cabecera municipal y al corregimiento de Sibería, sin contar veredas y otros caseríos.

Ahora, el letrero que se lee a la entrada de la zona de San Antonio marca lo que será el nuevo rumbo: ‘Nuestra única arma será la palabra: Farc-Ep’, reza el aviso, al que acompañan dos banderas, una blanca y otra de Colombia, con símbolos de ese grupo.

IVÁN NOGUERA
Enviado especial de EL TIEMPO
Caldono, Cauca

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