Tucurinca reinventa silla caribeña que conquista a Estados Unidos

Tucurinca reinventa silla caribeña que conquista a Estados Unidos

Joven emprendedor se inspiró en los modelos que veía en la finca de sus abuelos en la Zona Bananera.

Sillas Tucurinca

La mecedora Tucurinca en colorinche es uno de los diseños más pedidos de la marca samaria que reinventó las tradicionales sillas caribeñas.

Foto:

Cortesía Rafael Zúñiga

11 de enero 2018 , 08:25 a.m.

Tucurinca, la marca de sillas y mesas tejidas a mano con cordón tubular en PVC y estructura de hierro, realizó el pasado domingo su primera exportación a Miami, Estados Unidos. En total fueron 158 unidades adquiridas por la compañía Urban Atlantic Group y despachadas desde el Puerto de Santa Marta.

El samario Rafael Zúñiga Lacouture, de 27 años, administrador de empresas con énfasis en diseño de productos, creó esta marca a finales de 2014 inspirado en las sillas tejidas en plástico que estaban en la finca de sus abuelos en el corregimiento de Tucurinca, en Zona Bananera, y que representan la cultura Caribe.

La idea de negocio, según Zúñiga, surgió en el último semestre de su carrera en la Universidad de Los Andes al ver este tipo de sillas en restaurantes y bares exclusivos de Bogotá. Al indagar en Internet sobre su origen encontró la silla Acapulco, un diseño anónimo que nació en la década de los 50 en este balneario mexicano, que en esa época era el favorito de las celebridades de Hollywood.

“En México está la silla Acapulco y en Colombia tenemos una tradición de tejido parecido al mexicano, pero no había un referente de estas sillas (…) Cuando llegué a Santa Marta dije que iba a hacerlas y mi tío Poncho, quien tiene una carpintería, me ayudó con unos contactos de herreros y a conseguir tejedores”, contó Zúñiga.

El negocio inició con Julio Bandera, un tejedor de fique, zuncho, bejuco y plástico que llegó a la carpintería de su tío Poncho y se encargó de hacer los prototipos en su casa en el barrio Nacho Vives y un herrero que hacía pupitres en el mercado público. Hoy Tucurinca genera cerca de 20 empleos, entre directos e indirectos, en artesanos de la región Caribe, en su mayoría desplazados por la violencia.

Sillas Tucurinca

La empresa Tucurinca le abrió puertas a artesanos caribeños, entre ellos desplazados por la violencia.

Foto:

Paola Benjumea/EL TIEMPO


Para darle identidad propia a sus productos, Zúñiga los bautizó Tucurinca, igual que el corregimiento donde sus abuelos tienen la finca, cerca de Aracataca, cuna del realismo mágico de Gabriel García Márquez, y empezó a reinventar los diseños,  tejidos e innovar con materiales como rattan, calceta de plátano y algodón para crear sillas, mesas y lámparas que mezclan la tradición caribeña y los estándares internacionales.

“El factor diferenciador desde un principio fue el tema de calidad, que fuera una silla que pudiera estar en cualquier casa estrato seis en Bogotá, Nueva York, París o cualquier parte del mundo (...) Además, que el producto sea capaz de contar una historia y te recuerde algo. La gente lo quiere tener por eso”, dice Zúñiga.

Las sillas Tucurinca, que son fabricadas por pedido, no solo están en restaurantes, bares, centros comerciales y casas de Santa Marta, sino en otras ciudades como Bogotá, Medellín, Cartagena, Cali, Ibagué y Bucaramanga. Este año, según Zúñiga, la meta es aumentar las exportaciones a Estados Unidos y Europa y formalizar a todos los tejedores que trabajan con la marca.

PAOLA BENJUMEA BRITO
Redactora de EL TIEMPO
SANTA MARTA 

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