Los artesanos venezolanos que tejen productos con billetes de su país

Los artesanos venezolanos que tejen productos con billetes de su país

Encontraron en ésta labor un mejor uso para los bolívares, moneda que actualmente está devaluada.

Arte con dinero

En el primer mes de producción de los artículos que crearon, los jóvenes utilizaron 3 millones de bolívares.

Foto:

Gustavo Castillo / EL TIEMPO

28 de febrero 2018 , 04:39 p.m.

Mientras el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, intenta poner en circulación el dinero electrónico para afrontar la deriva económica de su país, tres jóvenes de 24, 18 y 16 años se rebuscan la vida al otro lado de la frontera elaborando artesanías con billetes que hace dos años representaban la más alta denominación del bolívar.

El hambre y el desempleo, que aquejan los barrios más humildes de Caracas, empujaron a Richard Gil, en compañía de sus amigos, los hermanos Jorge y Marisol Cordero, a emprender un recorrido por tierra de 856 kilómetros para llegar a la población venezolana de San Antonio y cruzar los 315 metros de largo del puente internacional Simón Bolívar, que comunica con Colombia.

Con cinco maletas al hombro, que estaban atiborradas de billetes y ropa para apenas tres semanas, estos venezolanos llegaron hace un mes a La Parada, el sector limítrofe del área metropolitana de Cúcuta, donde se concentra el 80 por ciento de las 35.000 personas que cruzan diariamente la frontera.

Sin conocer a nadie, estos jóvenes extranjeros se lograron acomodar en una pensión barata de migrantes y, con el paso de los días, lograron acondicionar un improvisado taller a las afueras de este dormitorio donde se rebuscan su sustento confeccionando curiosas artesanías, que se roban las miradas de los transeúntes.

El revuelo a diario que se forma en torno a estos venezolanos no es para menos. Con una técnica rudimentaria y valiéndose de sencillas herramientas, los artesanos de la crisis, como se autodenominan, tejen el papel billete de su país para elaborar bolsos, monederos, camisas, sombreros y esteras.

Esa pieza que alguna vez representó bonanza, hoy solo es sinónimo de escasez y devaluación

“Nos vinimos porque en Venezuela nos acostábamos con hambre. No había nada por hacer y tenemos mamás, hermanos menores y esposas que mantener. Gracias a este trabajo, le estamos dando un uso distinto a esa moneda que hace unos años usábamos para comprar el pan y hoy no representa ningún valor”, relató Richard Gil, de 24 años, mientras escarba al interior de la montaña de billetes de 100 y 50 bolívares que se atiborra sobre su espacio de trabajo.

La faena

Desde las 6 de la mañana, Gil ubica una mesa de plástico con tres sillas para iniciar la jornada laboral junto con sus otros compañeros de travesía. Mientras acomoda el efectivo en un rincón, prende un cigarrillo, enciende un destartalado radio y despeja un reducido espacio frente a él donde extiende el llamativo papel de este dinero.

Con sus manos, atravesadas por tatuajes, frota con firmeza esta superficie sintética, que pone a contraluz y la estira para constatar su resistencia. Al comprobar que no se rompe tan fácil, Richard empieza a doblar con agilidad ambos costados.

A un ritmo difícil de perseguir a simple vista, reduce ese rectángulo de papel, de 15 centímetros de largo por 6 de ancho, en una delgada tira, que vuelve a doblar en dos y que ensambla con una pieza similar. Así continúa hasta crear un entramado de fibras que representan el tejido primario de estos artículos manuales.

Arte con dinero

Con el dinero tejen bolsos, monederos, camisas, sombreros y esteras.

Foto:

Gustavo Castillo / EL TIEMPO

Para que las ‘enredaderas’, compuestas por más de 5.000 billetes no se desbaraten, estos venezolanos tejen una costura en los bordes de cada producto con un hilo extraído de los costales que reciben de los almacenes aledaños.

“Este arte, porque nosotros lo llamamos arte, lo empezamos a dominar en nuestros tiempos libres, cuando no teníamos nada que hacer en Venezuela. De un tiempo para acá, la situación se fue agravando y los tres perdimos el empleo. En medio de esas tardes de desocupe, nos poníamos a practicar con papel hasta que finalmente desarrollamos la técnica del tejido”, precisó Jorge Cordero, que debe velar por su hermana menor con un vientre de cuatro meses de gestación.

Cada artesanía se vende por un valor que oscila entre los 20.000 y 50.000 pesos. En el poco tiempo que llevan dedicados a esta labor informal, los extranjeros obtuvieron una ganancia cercana al millón de pesos por comercializar unos 500 productos. Para ellos, estos resultados evidencian que sin pensarlo el negocio está cosechando sus primeros frutos.

Pero la mejor parte de esta venta ambulante, dicen, es la facilidad de conseguir la materia prima. Del dinero que obtienen por la compra de sus artesanías solo deben invertir unos 50.000 pesos mensuales para adquirir unos 3’000.000 de bolívares, casi el total del efectivo que han empleado en el primer mes de producción.

Este arte lo empezamos a dominar en nuestros tiempos libres, cuando no teníamos nada que hacer en Venezuela.

Aunque la labor de estos artesanos se desarrolla con discreción, algunos sectores gremiales de la frontera, como el de los cambistas, consideran el trabajo como un acto de protesta, porque “es contundente el mensaje que ellos están dando. Ahí se refleja cómo un gobierno logró dilapidar todo un sistema a través de políticas cambiarias que fracasaron. Es triste también, porque esa pieza que alguna vez representó bonanza, hoy solo es sinónimo de escasez y devaluación”, aseveró Juan Fernando González, presidente de la Asociación de los Profesionales del Cambio (Asocambios) de Norte de Santander.

GUSTAVO ANDRÉS CASTILLO ARENAS
Corresponsal EL TIEMPO
CÚCUTA

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