'La muerte rodea a los que atraviesan el Darién'

'La muerte rodea a los que atraviesan el Darién'

Liduine Zumpolle, defensora de derechos humanos, cuenta cómo se mueve la industria de los 'coyotes'.

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Liduine Zumpolle, en el muelle de Waffe de Turbo, donde comienza la travesía rumbo al Darién.

Foto:

Carlos Ortega

07 de agosto 2016 , 03:12 a.m.

La holandesa Liduine Zumpolle, responsable de la ONG colombiana Manos por la Paz Internacional, es una reconocida activista defensora de derechos humanos en Colombia y Cuba. Y hace un año está trabajando de cerca con los migrantes –sobre todo cubanos– que pasan por Turbo y se embarcan rumbo a las selvas del Darién para pasar a Panamá, donde siguen su camino por Centroamérica para llegar a Estados Unidos.

(Además: Caen 16 de los 'coyotes' dedicados al tráfico de personas)

Ha visitado la zona tres veces para conocer el drama que viven por causa de los llamados ‘coyotes’.

La última vez fue el pasado jueves, con un grupo de 35 cubanos –entre ellos una niña de 6 años– que prefirieron esa opción a que los deporten a su país. Pensaba atravesar la selva con ellos y con un delegado de la Diócesis de Apartadó, pero los ‘coyotes’ no lo permitieron.

De Turbo se embarcó hasta Capurganá, donde comienza la travesía por el Tapón del Darién, por diferentes caminos, teniendo en cuenta que la frontera con Panamá está cerrada. La ruta por esa trocha puede durar entre cuatro y seis días. La mujer, que ya ha denunciado esta situación ante organismos internacionales, cuenta cómo funciona la industria del tráfico de personas en la frontera colombo panameña.

¿Qué encontró en Capurganá?

Vi el silencio y la complicidad de gran parte de la población y hasta de las autoridades. Hay una cadena de actividades humanas criminales dirigidas a los migrantes, a la luz pública. La población se ha criminalizado con el tráfico de personas, porque eso deja más dinero que el mismo narcotráfico. No hay más opciones económicas en la región, abunda la pobreza, y muchos jóvenes optan por la plata fácil, y terminan en esas mafias.

¿Cómo contactan a los ‘coyotes’?

Es una red que funciona, incluso, desde Cuba. Es toda una torta y todos tienen su pedacito. Uno llega a Capurganá y los ve ahí, ofreciendo sus servicios. Es una industria que funciona hace muchos años. Allí venden las linternas, las botas de caucho (nuevas y usadas) y agua en botella, para la larga travesía.

¿Cómo vio la seguridad?

Solo vimos a siete policías, a los que les queda imposible hacer algo frente a las amenazas de los ‘coyotes’. Y no vimos Ejército.

Se dice que los ‘coyotes’ trabajan con indígenas…

Sí, hay trato con algunas comunidades indígenas, porque conocen muy bien los caminos y sirven de guías.

De los ‘coyotes’ se cuentan crueldades. ¿Qué hay de cierto?

Comenten atrocidades. Maltratan e insultan a los migrantes. Les sacan sus últimos dólares. Si las mujeres no tienen con qué pagar, las violan entre tres o cuatro. Los dejan botados en la mitad de la selva.

¿Y cuánto cobran?

Desde 100 dólares en adelante. Pueden llegar a mil. En el camino les van cobrando más plata.

Además se exponen a los peligros de la selva…

Claro: a las serpientes, a los animales, a las condiciones naturales de la selva. Duermen donde les coge la noche. En plásticos. Llevan provisiones pero se les acaban y pasan hambre. Toman agua de los ríos. Y muchos van con niños. ¿Te meterías a la selva con tu hija de 6 años, a merced de estos criminales?

Se dice que también usan a los migrantes para que lleven drogas…

Si los migrantes no tienen con qué pagar, les dan la opción de que lleven paquetes con droga.

Se habla de muchos muertos y desaparecidos…

Los hay. En el camino hay restos humanos y esqueletos. Hay muchos desaparecidos. Uno encuentra ropa, juguetes de niños. Muchos se han ahogado en el mar o se han perdido en la selva, o los han enterrado como N. N. en el cementerio de Turbo.

¿Cómo ve el problema de los migrantes en la frontera colombo panameña?

No es nuevo. Lleva varios años y lo han dejado crecer. Y va a seguir. Así deporten a los cubanos de Turbo, van a llegar más: cubanos, haitianos, africanos. De todo el mundo. Este problema va a estallar.

‘En la selva me dejaron tirado’

“Mi nombre es Miguel Romero y tengo 47 años. En Cuba trabajaba como cocinero y salí porque mi sueldo era equivalente a diez dólares, y tuve que dejar a mi esposa y a mis tres hijos en La Habana. Mi meta es llegar a Estados Unidos. Volé de Cuba a Panamá; de ahí pasé a Guayana, a Brasil, Perú y Ecuador, hasta llegar a Colombia. Con otros nueve cubanos buscamos a un ‘coyote’ que prometió llevarnos a Panamá a cambio de 450 dólares, cada uno. Navegamos toda una noche y caminamos al día siguiente en la selva. El ‘coyote’ nos pidió 300 dólares más y, como no teníamos, nos dejó tirados. Un indígena nos acompañó y caminamos cuatro días más por la selva, sin comida. Vimos un esqueleto. Pero nos encontró la policía panameña y tuvimos que devolvernos para Turbo. La selva es la muerte, yo no vuelvo. Y a Cuba tampoco quiero volver”.

JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO
Enviado especial de EL TIEMPO
Turbo (Antioquia).

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