La Flor de la Guajira, una ranchería que no florece
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La Flor de la Guajira
Vanexa Romero/EL TIEMPO

“De nada sirve que me tomes una foto, de todas maneras seguiré con hambre”, le dijo una anciana wayú a una fotógrafa de prensa justo después de que esta disparará su cámara en medio de una jornada de salud que benefició a 500 personas de la comunidad indígena en la ranchería La Flor de la Guajira, brigada liderada por la Fuerza Aérea Colombiana (FAC). 

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La espera para ser atendidos podría ser hasta de tres horas en las brigadas, por la cantidad de gente.

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Durante la jornada, los especialistas en salud de la reserva de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) encontraron niños desnutridos y afecciones en la piel de los adultos.

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Para protegerse del sol, es común encontrar a wayús con la piel pintada de tintas vegetales.

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Los últimos cinco años se ha recrudecido la crisis humanitaria en La Guajira. De hecho, una simple repartición de jugos por parte de un oficial de la FAC se vuelve un caos en medio del desierto.

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La Flor de la Guajira es una comunidad apadrinada por el Comando Aéreo de Combate No. 3, por lo cual se realizan continuas jornadas de salud lideradas por la Fuerza Aérea Colombiana en dicho sector, con la ayuda de particulares y algunos entes locales.

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Hasta 8.000 litros de agua ha entregado el Gobierno Nacional para satisfacer entre 30 y 40 familias wayús en diferentes comunidades, esfuerzo insuficiente para una población de miles.

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Bicicletas, motos y burros son los medios de transporte de las comunidades, bajo un sol de 40 grados.

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Una semana antes, comenzaron a ser movilizadas desde Barranquilla las ayudas para la misión que pretende mitigar la difícil situación de la comunidad wayú en ese sector.

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Debido al paro del magisterio colombiano y a la intervención de la Gobernación de La Guajira, los estudiantes tienen más tiempo para jugar fútbol en la cancha de arena improvisada de la ranchería. 

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Dos estacas enterradas en la arena sirven de arco y una bola de trapo pone a rodar la imaginación de algunos wayús, quienes se reúnen al mediodía para jugar fútbol, el deporte más popular del mundo.

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Algunos wayús no necesitan zapatos para jugar fútbol en medio del desierto. 

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Sombreros, camisas manga larga, trapos, pasamontañas y jeans son los guardianes del sol para los jóvenes. 

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Según el Instituto Nacional de Salud, el 2016 cerró con 89 muertes por desnutrición de niños wayús en La Guajira, para este 2017 ya van 19 niños menores de 5 años fallecidos por la misma razón. 

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El agua es un espejismo en el desierto. La Flor de la Guajira sobrevive gracias a una tienda, donde una botella de agua vale 4.000 pesos, un litro de gaseosa cuesta $ 5.000 y una cerveza personal, $ 1.500, todo traído desde Uribia y después de atravesar la mitad del departamento.

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Familias enteras se transportan en moto de un punto a otro. El mototaxismo es caro debido a las condiciones del terreno: 20.000 pesos puede llegar a pagar un wayú por ir hasta Uribia, urbe que está a seis horas de La Flor de la Guajira. 

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"La Guajira ya no aguanta un diagnóstico más, está sobrediagnosticada”, señala Javier Rojas, representante legal de la asociación que lidera la causa indígena, quien ha denunciado el abandono del Estado en La Guajira y lidera las más de 600 tutelas de los wayús contra el ente gubernamental. 

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Las mujeres se dedican a las artesanías y los hombres son mototaxistas. Los trupillos son el resguardo del sol y dos casas de bahareque permiten ver la laguna de Cocinetas, Venezuela. Así es el panorama en La Flor de la Guajira. 

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El desierto llega a ser cómplice de la crisis humanitaria en la alta Guajira, donde los wayús esperan con ansias la llegada de la FAC para olvidar por un momento que no tienen fuentes de empleo estables, que viven sin agua, sin comunicaciones, sin dinero y sin futuro. 

Otras Ciudades 23 de junio de 2017 , 10:58 a.m.

La Flor de la Guajira, una ranchería que no florece

Reportaje gráfico de una jornada de salud liderada por la Fuerza Aérea en la alta Guajira.

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