‘Era una licuadora de lodo y piedras’

‘Era una licuadora de lodo y piedras’

Una sobreviviente con ocho meses de embarazo narra cómo logró salir con vida de la avalancha.

Tragedia en Mocoa

Leidy Becerra relató como vivió la avalancha.

Foto:

Jorge Meléndez / EL TIEMPO

02 de abril 2017 , 11:36 p.m.

Con una enorme barriga, que refleja sus ocho meses de embarazo, y con el rostro todavía hinchado por los golpes que le dio la avalancha, Leidy Becerra intentaba al mediodía de ayer llegar hasta lo que quedó de su casa. Montada en unas chanclas y saltando sobre las enormes piedras que dejó el río desbordado, recordó cómo se salvó de una muerte que parecía segura.

De su mente no se borra cómo en la noche del viernes, los gritos de los vecinos la despertaron, cuando alertaban sobre una avalancha del río. Ya era demasiado tarde para salir de casa.

Alrededor de doce personas se refugiaron en el segundo piso de su vivienda, convencidas de que sería solo una creciente grande.

Pero a cada momento el caudal crecía y los cimientos de la casa crujían. Se abrazaron y empezaron a rezar.

“De un momento a otro vino una ola enorme y tumbó la casa. Yo me abracé a mi esposo y ese lodo nos envolvió y lo único que hacíamos era dar vueltas y golpearnos. Era como si estuviéramos en una licuadora llena de piedras y barro”, contó.

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“Nos consumía y el lodo nos entraba por la nariz y la boca, hasta cuando yo sentí que algo me aprisionó la cabeza. Pensé, Dios mío, que sea lo que tú quieras”, relató Leidy. Dijo que algo la golpeó muy fuerte, pero que ella nunca se soltó de su esposo. De vez en cuando alcanzaban a salir a flote y tomaban todo el aire que podían. No se veía nada. La noche estaba demasiado oscura y la luz ya se había ido.

“Finalmente quedamos en las raíces de un árbol y yo tuve que jalar de la camisa a mi esposo porque quedó enterrado”, relató.

Ni siquiera era la medianoche y tuvieron que esperar casi hasta las 3 de la mañana, cuando unas personas los ayudaron a salir.

(Conozca el listado de muertos identificados en Mocoa)

Ella, golpeada, y su esposo con un pie fracturado, llegaron al hospital, pero antes de las 5 a. m. alguien gritó que venía una nueva avalancha. Corrió junto con su esposo hacia una zona alta. No quería volver a repetir lo que le había pasado. Era una falsa alarma.

Ayer, mientras su esposo se reponía de las heridas, quiso ir a su casa. Iba sin muchas esperanzas, creía que no encontraría nada.

Pero en el fondo iba tranquila, pues la hija que tendrá dentro de un mes está bien, no sufrió, a pesar de que fue arrastrada más de 300 metros por la avalancha. Sonríe y dice que le pondrá como nombre Milagros.

JORGE ENRIQUE MELÉNDEZ
Enviado especial de EL TIEMPO

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