El triunfo de la convivencia sobre el conflicto

El triunfo de la convivencia sobre el conflicto

Familias que habitan en viviendas gratuitas dicen tener herramientas para solucionar diferencias.

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‘El costeño’ vende tintos en el centro de la capital nariñense, a donde llegó de un municipio de la costa Atlántica buscando mejor suerte.

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ÁNGELA CONSTANZA JEREZ / EL TIEMPO

07 de julio 2017 , 12:52 a.m.

Son las 7 de la noche y hace mucho frío. Durante el día llovió copiosamente, nubes grises taparon el cielo y las montañas de San Juan de Pasto, pero eso no amilanó los ánimos de los niños de San Luis. Sabían que al final de la tarde tendrían karoke y no querían perdérselo por nada del mundo, así tuvieran que abrigarse de la cabeza a los pies.

“Nosotros vamos si no sigue lloviendo”, sentenció Blanca López a su hija Karen, de 11 años, que estaba bastante entusiasmada con la idea. Parece que ‘alguien’ escuchó sus ruegos, así como los de otros niños del conjunto porque dejó de llover, y ‘el costeño’, con micrófono en mano y parlante en la espalda, pudo salir a anunciarles a sus vecinos que la actividad seguía en pie. “Los invitamos para una noche de espectáculo, de musiquita, de karaoke con toda su familia”, les dijo mientras bajaba y subía escaleras acompañado de niños del conjunto, como suele hacerlo.

‘El costeño’ vende tintos en el centro de la capital nariñense, a donde llegó de un municipio de la costa Atlántica buscando mejor suerte. Hoy es uno de los adultos que más colabora en este tipo de actividades.

Blanca está dedicada al cuidado de sus hijos, pero hasta hace un tiempo trabajaba en casas de familia, después de dejar Buesaco (Nariño), su población de origen. Dice estar feliz por tener la posibilidad de dedicarse a los niños; pero, sobre todo, por no vivir las incomodidades que ella, sus hijos y su esposo sufrieron en el Albergue La Alameda, el barrio localizado en el oriente de la ciudad, cuyas familias fueron reubicadas por los peligros y el hacinamiento que a diario soportaban. “Teníamos dos baños y seis lavaderos para 21 familias. Era una pelea constante con los vecinos y había mucha enfermedad”, recuerda.

La familia de Blanca y la del ‘costeño’ habitan dos de los 1.108 apartamentos de San Luis, una de las tres urbanizaciones de vivienda gratuita en las que durante un año el Fondo Nacional de Vivienda (Fonvivienda) y la Corporación Juego y Niñez pusieron en práctica un proyecto de fortalecimiento de tejido social, basado en el juego.

Las Margaritas (Bogotá), San Luis (Pasto) y Madrid etapas III y IV (Villavicencio), niños, adolescentes, jóvenes y adultos han compartido momentos lúdicos, como torneos deportivos, karaoke, fogatas, mingas y proyecciones de cine para entender qué significa vivir en una propiedad horizontal y poder comprender a los vecinos, quienes -como ellos- son miembros de familias en situación de pobreza o en desplazamiento por conflicto armado o por obra de la naturaleza. “Cada uno trae su propia cruz”, resume Luz Aurora Ballesteros, residente de Las Margaritas.

El programa de viviendas ciento por ciento subsidiadas fue la respuesta que el Gobierno Nacional dio a hogares que viven en situación de extrema pobreza y, por tanto, no logran acceder a un crédito para obtener casa o apartamento. Este programa pretende entregar 100 mil viviendas y tiene como objetivo central seguir avanzando en el cumplimiento de las metas del Gobierno de crear empleo y reducir la pobreza en Colombia.

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ÁNGELA CONSTANZA JEREZ / EL TIEMPO

Observatorio social

“Aquí en la torre ya sabemos lo que se debe hacer y lo que no. Que no se puede perturbar a los vecinos porque se escucha de apartamento a apartamento. Que hay que pagar la administración y que hay que recoger lo que hacen las mascotas”, explica Bellanira Montenegro, de la urbanización San Luis, en Pasto, a donde se asentó tras varios años de huir de la guerra. Su esposo fue asesinado hace 13 años en un municipio a 5 horas de la capital nariñense. Hoy reparte sus días entre el cuidado de sus hijos y el trabajo como cajera en una discoteca los fines de semana y vendedora de cosméticos por catálogo y de arepas en la esquina de lunes a viernes.

El rebusque es el pan diario de Bellanira y de sus vecinos, por eso las ferias de servicios de diferentes instituciones nacionales y locales (salud, educación, Policía, casa de justicia, entre otros), organizados por Corporación Juego y Niñez y Fonvivienda, son apetecidos por ellos. Allí logran oportunidades para estudiar, emplearse, solucionar problemas legales y otros asuntos más.

“Al principio hubo resistencia a las actividades que les organizábamos, por lo que durante tres meses nos dedicamos a conocer el territorio y a ganarnos su confianza. A punta de teléfono, visitas puerta a puerta, reuniones, agua de panelas y tomas de calle logramos convocar a niños y adultos. Poner un palo en la leña del fogón que hacemos y charlar sobre lo que pasa en el día es cohesión social”, dice Édgar Portilla, coordinador local de las actividades en Pasto.

Él y sus compañeros también visitan a la hora del recreo las cinco sedes del colegio Artemio Mendoza, cerca de la urbanización, para reforzar el acercamiento con los niños. Tienen claro que los cambios que se suscitan en ellos impactan a sus padres y a otros adultos. Cuando los niños se relacionan motivan a los adultos a conocerse e intercambiar palabras.

“Ha sido difícil, pero hemos logrado que los habitantes de estas unidades comprendan que hay situaciones que afectan la estabilidad social. Que hay otras formas de resolver los conflictos sin golpes, amenazas, insultos o gritos. Podemos decir que hay duelos resueltos y una vida comunitaria que se valora. Es la victoria sobre el conflicto”, asegura Ricardo Valenzuela, coordinador en Las Margaritas.
Karina Vallejo, de la Urbanización Madrid en Villavicencio, lo dice de otra manera.

“Uno no es monedita de oro para caerle bien a todo el mundo, pero aquí se respira tranquilidad. Yo tuve en 13 de Mayo (barrio de invasión) unos vecinos que no se los deseo a nadie. Además no podía dormir porque había agua y barro. Ahora no me preocupo por las lluvias y puedo participar en esas reuniones donde nos enseñan de la convivencia, de cómo resolver los conflictos y convivir en comunidad”.

Don José Braussin, que sagradamente acompaña a sus nietos Juan Camilo, de 10 años, y Yesica, de 4 años, a las películas que proyectan en Las Margaritas, tiene otra forma de ver las cosas: “antes a los niños no se les podía decir nada porque se ponían bravos. Hoy no dañan las matas y aceptan los consejos, son grandes personas”.

El convenio suscrito entre Fonvivienda y la Corporación Juego y Niñez termina en unos días y las entidades esperan que con la capacidad instalada en los líderes comunitarios, actores sociales e institucionales se continúe promoviendo la cohesión social en estas unidades de vivienda que agrupan a 3.400 familias.

“En general, el balance del proyecto es positivo. Las experiencias y los aprendizajes que ha dejado su implementación han permitido fortalecer el conocimiento organizacional y potenciar las acciones contempladas en la metodología de la corporación. Así como aportar al desarrollo social del país en este momento de transformación y avance hacia la construcción de una nación en paz”, asegura Ruth Camelo, directora de la Corporación Juego y Niñez.

ÁNGELA CONSTANZA JEREZ
Especial para EL TIEMPO

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