'El dueño del puente colgante dilató procesos'

'El dueño del puente colgante dilató procesos'

Propietario del predio donde ocurrió la tragedia tiene cinco indagaciones en Cormacarena.

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Medicina Legal entregó ayer los cuerpos de las siete víctimas que dejó la tragedia del puente colgante en Villavicencio.

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Óscar Bernal

11 de enero 2017 , 02:07 a.m.

Como una “amarga tragedia” calificó el alcalde de Villavicencio, Wílmar Barbosa, lo sucedido en la vereda El Carmen, donde el colapso de un puente dejó siete personas muertas, aunque en principio las autoridades reportaron 5, luego 8 y después 11 víctimas fatales.

Pero la emergencia, que dejó además 13 heridos, de los cuales nueve siguen hospitalizadas y tres están en estado crítico, generó una serie de interrogantes en la capital del Meta. Muchos se preguntaban el martes por qué, ante el alto número de visitantes, las autoridades no habían frenado el paso por el puente artesanal.

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“Cormacarena es la administradora del área de reserva, y lo que nos ha indicado es que desde el 2004 existen procesos abiertos sobre el predio, pero los propietarios hicieron caso omiso”, aseguró Barbosa.

El mandatario señaló que la Secretaría de Ambiente ha detectado árboles que generan riesgo, pero que “por tratarse de un área protegida, todo lo que se haga debe estar autorizado por Cormacarena”.

Por su parte, la directora de Cormacarena, Betsy Barrera, señaló que solo puede intervenir cuando hay daños ambientales, y en este caso el puente colgante no estaba generando perjuicio alguno. Añadió que el dueño del predio es Manuel Díaz Ardila, contra quien hay cinco investigaciones, pero ninguna relacionada con la infraestructura artesanal que colapsó. Barrera señala a Díaz de “dilatar muchos procesos, porque hubo cambios en los dueños al parcelar el predio”.

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Captación ilegal de aguas, vertimientos, represamiento de aguas, construcción de piscina, quiosco y cabañas –por la que hubo orden de demolición– y construcciones en la reserva son las cinco indagaciones sobre el lugar.

La directora de la corporación ambiental aclaró que por tratarse de un predio privado, el propietario tenía permiso para desarrollar actividades ecoturísticas, porque así está en el plan de manejo de la reserva. “El cierre de las actividades que no tengan relación con los posibles daños ambientales o procesos que llevemos están a cargo de la administración municipal. No obstante, estamos prestos a que se hagan las investigaciones que correspondan”, explicó Barrera.

Juan Carlos Guzmán, director de Gestión del Riesgo, también señaló a Díaz como responsable de la tragedia. “Decía que el puente no se lo podían tumbar porque era para el paso de él y su familia, y las quejas que teníamos eran por la ocupación de las rondas de caño”.

Las fallas que encontró Bomberos

El subteniente Fernando Martínez, del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Villavicencio, aseguró que “de manera preliminar, hay evidencia de afectación y deterioro de las maderas (del puente); al parecer, no hay un plan de seguridad, falta un plan de contingencia, faltan camillas e incluso una organización en la parte interna”.

Además, el ingeniero industrial Jhovanny Ángulo Gómez, consultor del Cuerpo de Bomberos, señaló que se “deben clausurar los puentes y se deben tomar decisiones en torno del uso del suelo” por ser esta una zona de reserva forestal, tema que es de competencia de la corporación ambiental”.

Recién casados iban a celebrar a la Costa

El plan de José Luis Molina y Yeimy Yalile González era celebrar con sus tres hijos su matrimonio el próximo fin de semana en Coveñas, en el golfo de Morrosquillo.

La pareja se casó el pasado 17 de diciembre, luego de seis años de relación. Pero la tragedia de la vereda El Carmen se les atravesó en el camino. En el colapso del puente colgante murieron Yeimy Yalile, de 34 años; su hija mayor Valentina (hijastra de José Luis), de 12 años, y la pequeña Marieth, de apenas 4. Un niño, el tercero de la familia, no estuvo ese día.

Era la segunda vez que la familia subía a la vereda El Carmen a caminar y a disfrutar de la reserva forestal. “La otra vez fuimos hasta arriba, a la cancha, compramos pan y luego bajamos. Pero esta vez fuimos a los puentes porque la niña grande (Valentina) quería conocer”, dice José Luis, quien trabaja desde hace tres años con una empresa contratista de Ecopetrol. Su esposa era manicurista y trabajaba en ventas. Valentina entraba al grado octavo, y la pequeña Marieth estaba en el jardín.

VILLAVICENCIO

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