El trabajo de un gran artista sabanero que no deja de soñar

El trabajo de un gran artista sabanero que no deja de soñar

Gabriel De Los Santos Tabares Barreto es el más orgulloso del aporte que renace cada 20 de enero. 

ñato

Tabares está atento a cada detalle de su trabajo. El mejor premio es ver como en los desfiles el público aplaude su ingenio.

Foto:

Oswaldo Rocha

21 de enero 2018 , 04:06 p.m.

Nacido en el corazón de los Montes de María, un primero de noviembre de 1943, y radicado en Sincelejo desde hace más de dos décadas, Gabriel De Los Santos Tabares Barreto, conocido popularmente en la capital sucreña como el ‘Ñato Tabares’, no ha dejado de aportarle a la cultura sabanera a través de sus creaciones artísticas, que en especial cobran vida cuando se acerca el 20 de enero.

Y es que la vida lo premió con un talento innato heredado de su padre, al que desde niño veía construir grandes e imponentes estructuras que posteriormente servirían para adornar las carrozas que recorrerían las calles de Sincelejo, y que llevan a bordo las beldades que se disputan la corona del Reinado del 20 de enero.

“Mi papá también trabajaba como escultor y en la familia yo fui el que sacó la vena artística. Esto me lo regaló Dios. Eso me llena de satisfacción, porque través de mis obras expongo el don de mi fallecido padre Francisco Antonio Tabares Piedrahíta. A él le debo uno de mis recientes logros: la certificación de que Bellas Artes de Sucre me dio como artista plástico por mi talento innato. Además de ello el Concejo municipal me exaltó”, precisa el artista.

Calificándose como un controvertido escultor, de gran capacidad ideológica y de sentimientos nobles, el ‘Ñato Tabares’, reconoce que sus pininos los dio a través de la brocha gorda, pintando paredes y casas, luego se dedicó a plasmar publicidad y saltó a la decoración de vitrinas en almacenes con sus creaciones propias de temáticas alusivas a la sabana, elaboradas en alambre, papel y almidón.

Aunque han sido 40 años de crecimiento en su talento artístico, comenta un poco desmotivado que ya hace una década que sus creaciones no han sido tenidas en cuenta, ya que la tradición de sus obras no se aprecia en las populares y llamativas carrozas, porque han sido desplazadas por talentos de otras regiones del país, representados en focas, delfines y otros elementos que no son propios, ni guardan relación con las festividades enerinas.

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En el trabajo participan miembros de la familia de Tabares, siguiendo al pie de la letra todo lo que este artista popular quiere que reflejen sus diseños animadores de fiestas.

Foto:

Oswaldo Rocha

“Me sentía lleno de alegría cuando se acercaba el desfile de carrozas y mis obras siempre eran esperadas por el público sincelejano que se apostaba a lado y lado de las calles por donde pasaba el recorrido para apreciar el arte que yo elaboraba y que era representado por las figuras relacionadas con nuestro folclor, como el toro, el torero, la flor de las cayenas, las fandangueras, el sombrero vueltiao, las tinajas de agua, y muchas otras figuras”, admitió a EL TIEMPO, aún lleno de emoción y nostalgia.

Cuenta además que las obras que hay expuestas en varios puntos de Sincelejo han sido elaboradas con materiales que compra de su propio bolsillo, pues no ha contado con el apoyo de ninguna de las administraciones de turno.

“El Cristo Redentor es una de las obras más representativas de mi trabajo, lo doné a la comunidad de Cristo Viene, un sector marginado que la ha apreciado. También hice unos guayos, que los elaboré en memoria de los ocho jugadores de la selección prejuvenil de fútbol de Sucre, del preparador físico del equipo y del presidente de la liga departamental, que murieron en un trágico accidente cerca a Bosconia (Cesar), cuando iban a Bogotá, en el año 2004”, añade.

Entre las obras representativas del ‘Ñato Tabares’, que se pueden apreciar en Sincelejo y que hacen parte de su acervo artístico se destacan el monumento a Las Vacas, El burro que carga agua, ubicado en el legendario Pozo de Majagual y El Zapato Rojo (ya inexistente). Estas, además de exaltar la cultura sabanera, han servido por años como punto de referencia para la ubicación de turistas a la hora de encontrar una dirección, dada la precaria señalización con la que cuenta Sincelejo.

Reconoce que es poco lo que ha podido adquirir, económicamente hablando, con su talento, pues su trabajo no ha sido bien remunerado. Sin embargo, agradece a la vida que sus padres le dejaron a él y a sus hermanos una vivienda digna que comparten entre todos.

“Gracias a Dios vivimos unidos en familia, en una misma casa, mis cuatro hermanos y yo. Compartimos todo, no existe egoísmo y tenemos claro que a pesar de los privilegios con que Dios nos dotó, lo económico es lo que menos nos preocupa.

Eso, es lo único que no se necesita cuando se pase al más allá. Aunque a veces me siento nostálgico porque en mi tierra no he recibido el respaldo necesario.

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