‘Ecuador estaba ayudando con nuestra paz y le respondimos con guerra'

‘Ecuador estaba ayudando con nuestra paz y le respondimos con guerra'

El gobernador de Nariño, Camilo Romero, habla del difícil momento de su departamento.

Camilo Romero, gobernador de Nariño

Camilo Romero, nacido en Ipiales, fue senador del Polo y precandidato a la presidencia por la Alianza Verde.

Foto:

Rodrigo Sepúlveda / EL TIEMPO

22 de abril 2018 , 01:34 a.m.

Una estremecedora radiografía de lo que es hoy el departamento de Nariño y de los gravísimos problemas que enfrenta hace en la siguiente entrevista el gobernador Camilo Romero, exsenador y exaspirante a la candidatura presidencial del Partido Verde.

“Nariño no alcanzó a pasar la página de la guerra, a pesar de que fue uno de los cinco departamentos que más le apostaron a la paz. Lo cierto es que lo que hemos visto ahora son escenas de guerra. Nos alegra que haya reducción de homicidios y menos desplazamientos en Colombia, pero lo que no es permisible es que Nariño tenga imágenes de guerra, más homicidios y más desplazamientos”, subraya.

¿Qué los provoca? ¿Quiénes? ¿Por qué?

Es la confrontación de no menos de siete grupos antisociales que existen ya en Nariño. Da dolor de patria y hasta de humanidad que el Estado no haya comprendido el valor estratégico de Tumaco y la costa Pacífica.

¿Por qué dice que Nariño ha olvidado pasar la página de la guerra?

Por los datos de crecimiento de homicidio, de desplazamientos. ¿Quiere un ejemplo? Tumaco: homicidios en el 2016 fueron 147. Homicidios en el 2017 crecieron hasta 207. Esto significa 60 homicidios más en el año del acuerdo de la paz.

¿Cuál es la razón del incremento de los homicidios?

La conflictividad que se está viviendo, la ocupación del territorio por no menos de siete grupos irregulares. Ahí hay de todo: Eln, Epl, disidencias de las Farc…

¿Nariño está en guerra?

Nariño tiene hoy las escenas de la guerra del país del pasado. Pero su voluntad mayoritaria es seguir el camino de la paz.

Nariño tiene hoy las escenas de la guerra del país del pasado. Pero su voluntad mayoritaria es seguir el camino de la paz

¿Pero es un conflicto social o es una lucha por el control del narcotráfico?

Sin duda es un conflicto de ocupación del territorio. Para mí hubo un error estratégico: no aprovechamos el momento de la paz para que el día uno de la desmovilización, cuando las Farc salían del territorio, llegara nuestra fuerza pública a ocupar esas zonas. No apareció.

Si se hace la paz con las Farc, lo lógico es que ganemos ese territorio para la paz. No se hizo nada. Apenas en enero de este año se anuncia la Fuerza de Tarea Conjunta Hércules, con 9.000 hombres. ¿A qué llega? A una nueva guerra, porque el territorio ya había sido ocupado por otros grupos irregulares.

¿Por qué Nariño y Catatumbo tienen las mayores siembras de coca?

Por la posición estratégica que tenemos. Nariño es el único lugar de Colombia que tiene Amazonia, Andes y Pacífico. En seis horas se puede atravesar desde la laguna de la Cocha, que ya es la Amazonia, hasta los Andes más altos y llegar al Pacífico.

¿Por qué el campesinado de Nariño y Putumayo se dedicó a la siembra de la coca?

Es una situación histórica; esto no es de días, meses o años, es de décadas. Una gran cantidad de la población sobrevive por los cultivos de uso ilícito. Y no son grandes narcotraficantes, son campesinos que sobreviven con siembra de coca. Más de 50.000 familias en Nariño sobreviven de cultivos de uso ilícito.

¿Cuántas familias hay en Nariño?

Tenemos 1’750.000 habitantes. Si el promedio es de cuatro personas por familia, pues hay 437.000. Unas 200.000 familias tienen algún vínculo con la siembra de coca.

¿Y en qué van los planes de sustitución de cultivos del Gobierno?

Quisiera contarle una anécdota: yo fui a los Andes Sotomayor, en la subregión de Guambuyaco, y en El Peñol me detiene la comunidad, unos 100 cocaleros, y uno de ellos me dice: “Gobernador, a mí me van a venir a erradicar los cultivos. Yo quiero preguntarle si los señores que vienen tienen derecho también a dañarme el laboratorio”.

Mire usted la estructura mental de un hombre que solo entiende que sobrevive por su trabajo. No entiende la dimensión de lo que significa la droga en el mundo. Y así son muchos cultivadores que tienen su primer contacto con el Estado y que creen que la fuerza pública les va a quitar su sustento. La pregunta fue de un campesino, no de un narcotraficante. ¿Cómo hacemos con esas 50.000 familias? ¿Las fumigamos? ¿Las erradicamos? La erradicación debe ser solo en grandes extensiones de tierra, donde quede claro que está el narcotráfico, y sin poner en riesgo la vida de nuestros campesinos.

La erradicación debe ser solo en grandes extensiones de tierra, donde quede claro que está el narcotráfico, y sin poner en riesgo la vida de nuestros campesinos

Si un campesino erradica, ¿lo amenazan?

No podemos hacer esa generalización, pero hay una resistencia campesina y eso genera una confrontación. ¿Resultado hasta hoy? Ocho muertos.

¿La erradicación no es posible?

Para mí lo que muestran son reducciones de las cifras en un escritorio y no en el territorio.

¿Cuál es la razón para que los cultivadores del departamento se opongan al programa de sustitución voluntaria?

Eso es falso. Las familias están listas para la sustitución, lo que no ha habido es capacidad institucional ni dinero para que entren en la sustitución.

¿Entonces la erradicación no tiene futuro?

No tiene futuro si no comprendemos que hay que resolver una problemática social de 50.000 familias. Y no podemos criminalizar a las 50.000 familias.

¿Qué hacer?

Hay que pasar de la mirada de la criminalidad, la mirada de una lucha contra el narcotráfico, a una mirada social. No hay un plan integral para estimular la erradicación y asegurar ingresos por otros cultivos.

Hay que pasar de la mirada de la criminalidad, la mirada de una lucha contra el narcotráfico, a una mirada social

¿Tan grave y tan complicado es el asunto?

Mire: no hay más de tres personas trabajando en el nivel nacional para la sustitución en Nariño, y estamos hablando del territorio con más coca en el mundo. Y hay 14 personas a nivel departamental. ¿Qué necesitamos? ¡Los recursos! La asistencia integral.

¿Dónde está el Ministerio de Agricultura, que debería liderar el tema para saber con qué vamos a remplazar ese cultivo ilícito? ¿Las tierras son efectivas para qué cosa? ¿Dónde están los técnicos, en el territorio o en un escritorio en Bogotá? ¿Dónde están las vías? ¿Dónde estás las posibilidades de mercado? ¿Van a comprar los cultivos sustitutos de la misma manera como les compran la coca?

¿El Estado no existe para eso?

De 50.000 familias se han atendido 5.000 en Tumaco; el presidente prometió avanzar a 12.000 y hace dos semanas empezaron a aumentar en Tumaco, con una atención que consiste en entregarles unos recursos en dos años, unos 36 millones, pero en lo que va corrido del año les entregan 1’800.000.

Pero dicen que muchas familias reciben del Estado por erradicar y de los narcotraficantes también reciben por sembrar…

Podrá existir eso y podrá existir también quien juegue de manera integral. Mi pregunta es: ¿existen los recursos para la sustitución de cultivos de uso ilícito? Solo Nariño necesitaría más de billón y medio de pesos. El Congreso aprobó el año anterior 300.000 millones para todo el país.

¿No es posible entonces la sustitución de cultivos en Nariño?

Debe haber un replanteamiento total del programa de sustitución de cultivos. Con las condiciones actuales no es posible sustituir cultivos. Se requieren recursos. Hasta ahora solo hay pañitos de agua tibia.

¿Cuál es la situación de Tumaco?

Tumaco es la capital del Pacífico nuestro. Nuestra costa pacífica en la subregión Sanquianga tiene Mosquera, Olaya Herrera, La Tola, El Charco y Santa Bárbara; esos cinco municipios, esos lugares no dan dolor de patria, sino de humanidad; tienen el 80 por ciento de necesidades básicas insatisfechas, es Haití en Colombia. Agréguele otro municipio de acá: se llama Francisco Pizarro, son diez en total, con miseria, hambre, orfandad, enfermedad… Tienen una situación de abandono total. Ante semejante situación, se siembra coca.

¿Qué más produce esta zona, estos diez municipios, distinto a la hoja de coca?

El mejor cacao del mundo, reconocido no en Colombia sino en París, dos veces. Yo quiero señalar aquí, para no llegar a estigmatizaciones totales, la potencialidad de ese territorio. Tienen un maravilloso potencial sin explotar.

¿A usted le gusta la legalización?

Es un camino más coherente el de las políticas públicas en materia de salubridad. Por eso es que creo que este problema tiene que ser visto mucho más allá de la óptica de la criminalidad. Este problema ya está llegando al nivel que se quiere: que es un problema global. A mí me gusta que se reabra el debate y que no nos quedemos aquí cargando los muertos de una guerra que beneficia a otros.

A mí me gusta que se reabra el debate y que no nos quedemos aquí cargando los muertos de una guerra que beneficia a otros

¿Y cómo hacer para formalizar el debate sobre la legalización de la droga?

Yo creo que el presidente debe volver a plantearlo como lo ha hecho. Creo que Colombia debe ejercer un liderazgo en este tema, y más después de las declaraciones del fiscal cuando dijo: “Cuidado, que ahí lo que hay es un brazo armado del cartel de Sinaloa”.

¿El cartel de Sinaloa está en Nariño?

Eso les compete a esas autoridades de la Fiscalía. Nosotros estamos en un ejercicio que es la mayor inversión de una gobernación en la historia de Tumaco.

¿Y qué hacer con ‘Guacho’?

Hay que tener toda la capacidad institucional de los dos países y acompañamiento por parte de la comunidad internacional. Hay que seguir, hay que avanzar.

¿En Nariño están sintiendo la presencia de este delincuente?

Mientras hacemos esta entrevista, Tumaco está sin energía por tercera vez, porque han volado tres veces la torre en menos de un mes. Telembí, Ricaurte y Tumaco: escenas todavía de guerra en el departamento de Nariño.

¿Qué tiene que ver ‘Guacho’ con la voladura de torres?

La Fuerza Pública lo ha señalado en algunas oportunidades.

La opinión se pregunta si es insuficiente la presencia de 11.000 hombres de nuestra Fuerza Pública en Nariño, en Tumaco, en la frontera.

Es la pregunta de la ciudadanía. Mi respuesta es: qué pasaría si no estuvieran ellos. Cuando usted tiene decenas de torres, cuando tiene un territorio tan complejo, no se puede ser absolutista.

Hay 11.000 en este momento, pero yo no sé qué pueden hacer de la noche a la mañana. Lo que sí sé es que se requiere un plan estratégico. ¿Sabe qué pregunta quisiera yo hacer? En enero me encontré al vicepresidente de la República, el general Naranjo, en Cali. Me dijo: “Tranquilo, gobernador, ya está listo el plan integral para Tumaco”. Me dio incluso el nombre de la persona que estaría al frente. Una señora Claudia García. Me dio hasta el monto.

La señora me llamó una vez. Y del plan integral para Tumaco no se volvió a hablar. No sé por qué ni que pasó. La promesa fue en enero y vamos a terminar abril. El plan se llamaba Renace Tumaco.

¿Hay abandono del Estado en Tumaco y Nariño?

Se puede hacer mucho más. Valoro lo que se ha hecho, pero es necesario más. No ha habido respuesta a lo que nosotros pedimos: presencia integral del Estado.

¿Y las relaciones con Ecuador?

Ellos nos estaban ayudando a construir nuestra paz con unas mesas de diálogo con el Eln. Ecuador nos estaba ayudando a construir nuestra paz y le respondimos con parte de nuestra guerra; pedí perdón al pueblo ecuatoriano, porque ese es un país en paz. Lo que nos ocurrió es casi un bumerán.

Ecuador nos estaba ayudando a construir nuestra paz y le respondimos con parte de nuestra guerra; pedí perdón al pueblo ecuatoriano, porque ese es un país en paz.

¿Eso explica el retiro de Ecuador como sede de los diálogos?

Es una consecuencia lógica ante unos hechos. Fuimos inferiores al reto de construir nuestra paz, inferiores al reto de no internacionalizar nuestra guerra.

¿Cuál es el futuro de Nariño?

No podemos quedarnos con esa estigmatización de la guerra. Lo más grande es el potencial de nuestra gente. Hemos logrado ser el único gobierno abierto en Colombia con 15 herramientas efectivas de lucha contra la corrupción. Hemos logrado ingresar a la Alianza para el Gobierno Abierto, al que pertenecen solo 20 gobiernos locales del mundo. Estamos construyendo el gobierno más participativo de la historia de Colombia, a pesar de nuestras dificultades.

YAMID AMAT
Especial Para EL TIEMPO

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