‘El Chocó es un departamento herido’: Christian Schrader

‘El Chocó es un departamento herido’: Christian Schrader

Este jueves y viernes, en Utadeo, se lleva a cabo el VII Encuentro Alma de la Tierra.

Christian Schrader, director de la Escuela de Publicidad de Utadeo

Schrader, director de la Escuela de Publicidad de Utadeo, con su obra 'El pescador de estrellas', elaborada por él para el VII Alma de la Tierra.

Foto:

Universidad Jorge Tadeo Lozano

20 de octubre 2017 , 01:54 a.m.

Cuando Christian Schrader llegó a la decanatura de la Facultad de Publicidad de la Universidad Jorge Tadeo Lozano, en 1993, traía ya la idea de imprimirle un sello que hasta entonces en Colombia no era muy afín a conceptos que caracterizaban a esta profesión: la responsabilidad social.

“En general, y quizá por desconocimiento, todos éramos muy irresponsables: fumábamos en todos lados, usábamos aerosoles que destruían la capa de ozono y promovíamos el consumo indiscriminado –dice Schrader-. La publicidad fue siempre un motor del desarrollo económico, y eso está bien. Pero también debe apoyar procesos de transformación social”.

Aunque ahora la sociedad valora las campañas dirigidas a crear conciencia en torno a temas como la conservación y protección del medio ambiente, y los grandes premios nacionales e internacionales del ramo cuentan con categorías para reconocer a los mejores creativos en este campo, no siempre fue así.

De acuerdo con Schrader, si bien hay que buscar los primeros antecedentes de esta tendencia en el mismísimo mayo del 68 en París, esta ha ganado terreno en la última década, “una época en la que echamos a andar el proyecto Alma de la Tierra”, explica Schrader.

En medio de la celebrar el séptimo de estos encuentros, y que este año se titula ‘El Chocó tiene la palabra’, Schrader, uno de los creativos más reconocidos del país y actual director de la Escuela de Publicidad de Utadeo, pide darle voz “a un departamento que está herido”.

La responsabilidad social de la publicidad no es una inquietud nueva en usted…

No, siempre la he llevado adentro. De hecho, fui fundador, junto con Margarita Marino de Botero, de los Consejos Verdes durante el gobierno de Belisario Betancur (1982-1986), en pleno proceso de paz con el M-19. En esos momentos sentí que como publicista tenía que hacer algo por la Tierra. En ese contexto generé una campaña de publicidad que consistía en la venta de mil tubitos con tierra en el interior, numerados, que invitaba a la gente a generar conciencia en torno al planeta. Cada uno costaba mil pesos. Con el millón de pesos recaudado, se financiaron unas cartillas sobre ecología que repartimos en los Consejos Verdes. Ese es, para mí, el origen de Alma de la Tierra.

¿Por qué tierra?

Tuve una época en la que solía visitar comunidades indígenas, entre ellos la de los kogui, en la Sierra Nevada de Santa Marta; ellos manifiestan un respeto máximo por la Pachamama o Madre Tierra. Eso me inspiró.

¿Cuándo se cristalizó el proyecto Alma de la Tierra?

Hace unos ocho o nueve años. Nos propusimos generar encuentros en la universidad que visibilizaran el tema de la responsabilidad social desde la publicidad, con un carácter muy ambiental, y poco a poco se ha ido convirtiendo en un escenario de reflexión de temas muy grandes. Es que frente al planeta los publicistas tenemos que ser claros en que ayudamos o ayudamos. A la postre, estos encuentros se constituyeron en una especie de despertar de conciencia.

¿Qué temas se han abordado en el escenario de Alma de la Tierra?

El primero, en mayo del 2010, se llamó “Somos terrícolas”, y su propósito era oír historias de la Tierra; ya entonces tocamos temas como la acidificación oceánica, la biodiversidad, la capa de ozono y los ecosistemas marinos; para ese momento se convocó a publicistas para que mostraran sus campañas sobre sostenibilidad; para el segundo encuentro, “Publicidad al servicio del planeta”, en abril del 2011, trajimos a indígenas arhuacos del Tayrona para que hablaran de la Pachamama; para el tercero hicimos una expedición al Parque Tayrona, y el cuarto fue sobre el río Bogotá; luego volvimos al Tayrona, y también visitamos Tierra Bomba, en Cartagena, en el 2014. En el 2015 nos fuimos para La Guajira, y el fruto de esa expedición, de ese trabajo de investigación-creación, quedó plasmado en el libro “Lo que saben los wayuu” y el documental “Guajira viva”.

¿Cuál fue el propósito de esa expedición?

Todo el mundo hablaba, y habla, de La Guajira como una gran tragedia; nosotros queríamos, como publicistas, destacar los ritos y los mitos de esa región, sus riquezas culturales, sus etnias, sus lenguas… Nos fuimos a hacer un inventario de todo eso y a visibilizar más allá de la tragedia.

El Alma de la Tierra de este año es sobre Chocó…

Sí… con una mirada interdisciplinar. Vamos a tener un panel sobre Chocó y el posconflicto; a hablar sobre biodiversidad, energías renovables, clima, contaminación, problemas ambientales y, por supuesto, de la publicidad con Alma de la Tierra, entre otros temas.

Un grupo de estudiantes y profesores de Utadeo visitó Chocó para hacer el inventario y evidenciar problemas que afectan al departamento. De lo que vieron, ¿qué le resulta más impactante?

No puedo entender cómo el departamento más rico de Colombia, porque es el departamento del oro, es el que menos oportunidades sociales ofrece. Me impacta el hecho de que cuando un muchacho cumple 15 años en el Chocó, tiene que decidir si se va o se mete a lo ilegal (grupos armados, explotación ilegal de oro, tráfico de narcóticos). Por eso en el encuentro vamos a presentar, junto con WWF (World Wildlife Fund), un proyecto con 15 emprendedores de la región, que elaboran mermeladas a base de borojó, bebidas ancestrales, tejidos... En la InHouse de Utadeo (agencia de publicidad de la universidad) les estamos haciendo la imagen y ayudándolos con estrategias de mercadeo… Así queremos apoyarlos.

La contaminación causada por la minería de oro merece un capítulo aparte…

Sí, por este factor la situación del río Atrato, uno de los principales afluentes del país, es lamentable. La explotación del oro con mercurio lo tiene muy contaminado. No solo mata peces, sino que está afectando a los pobladores. Nuestros expedicionarios no pudieron probar el pescado en Quibdó, porque está muy contaminado. Hasta en eso el Chocó es un departamento herido; sus habitantes necesitan vivir del oro, que en muchos casos se traduce en vivir de la ilegalidad… Ellos tienen que tumbar los bosques y vender su madera, sacar su oro y destruir el río para sobrevivir.

¿Qué espera que Alma de la Tierra le deje al Chocó?

Ante todo queremos escucharlos, darles la palabra. Aquí en Utadeo somos expertos en comunicación publicitaria, en medios; queremos echar mano de ese conocimiento para darle a su gente la oportunidad de que se exprese. Por eso el encuentro se llama “El Chocó tiene la palabra”. Después de oírlos, de decantar toda la información que recogimos con sus habitantes y sus comunidades indígenas, queremos ayudarles a encontrar caminos, nuevas y sostenibles formas de explotar el oro, de obtener energía y de cuidar los bosques y su biodiversidad. Podemos hacerlo.

¿Para dónde va Alma de la Tierra?

Sueño con verlo convertido en un gran evento de reflexión, el gran encuentro de los ambientalistas. Creo, además, que la Jorge Tadeo Lozano debe convertirse en la gran abanderada del medio ambiente en el país.

EL TIEMPO

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