El Parque Nacional de los Embera en Panamá

El Parque Nacional de los Embera en Panamá

Viaje por el Río Chagres, hogar de cientos de familias indígenas Embera que huyeron de la violencia.

El Parque Nacional de los Embera en Panamá

Los bailes tradicionales, en los cuales toda la familia interviene, las mujeres son las principales protagonistas

Foto:

John Montaño/ EL TIEMPO

08 de agosto 2017 , 08:00 a.m.

El secreto turístico mejor guardado de Ciudad de Panamá no está en sus rascacielos, que le han dado a esta metrópoli de asfalto y cristal la denominación de la segunda ciudad con los edificios más altos de Latinoamérica. Tampoco está en sus centros comerciales, que ofrecen ofertas todo el año, que invitan a desocupar las tarjetas de crédito.

El gran destino que hoy ofrecen los panameños a sus visitantes es el Parque Nacional Natural Chagres.

Este paraíso verde está ubicado entre las provincias de Panamá y Colón, en el sector este del Canal de Panamá, y cuenta con una superficie de 120.000 hectáreas.

Para llegar hasta allí, el viajero se interna en una serpiente de cemento a lo largo de la cual encuentra pequeños mercados campesinos para aprovisionarse de frutas, jugos tropicales y dulces, mientras va dejando atrás, entre las montañas, la gran Ciudad de Panamá con sus emblemáticos rascacielos como el famoso edificio en forma de Tornillo del BBVA.

La región tiene un rico ecosistema de bosque húmedo tropical y es atravesada por el río Chagres, la joya de la corona, el cual surte de agua al Canal de Panamá y alimenta a la amplia variedad de especies que habitan la zona.

El parque es un paraíso

La bienvenida al parque la da una sinfonía de aves que, bandada tras bandada, se asoman por el cañón del Chagres, cómo si se tratara de comparsas de pájaros multicolores que andan de carnaval.

En los veranos más recios, cuando el Canal de Panamá -que nunca deja de operar- necesita agua para atender la demanda internacional de buques que van de un continente a otro cargados de mercancías, el Chagres surte de agua al canal.

El Parque Nacional de los Embera en Panamá

Los hombres Embera se han hecho expertos en confección de hamacas y otras artesanías.

Foto:

John Montaño/ EL TIEMPO


Los reyes de Chagres

Ataviados con taparrabos elaborados con chaquiras multicolores y sus torsos desnudos, marcados con tatuajes hechos con pinturas naturales, los varones de la comunidad indígena Embera, apostados sobre el puerto del playón, esperan en sus piraguas la llegada de los turistas.

En la década de los 50 del siglo pasado, la región fue epicentro de una masiva migración de comunidades Embera procedentes de la serranía del Darién que huyeron de la violencia.

“Nuestros abuelos abrieron el camino cuando esto era selva virgen, acá encontraron un lugar de paz para vivir y mantener viva la tradición Embera”, dice Luis, un joven indígena que rema contra la corriente rumbo a una cascada de aguas cristalinas, corazón del cañón del Chagres, donde el turista puede sumergirse en aguas gélidas.
Luis cuenta que en esta zona sus abuelos vivieron siempre de la caza, la pesca y la agricultura. Con maderas finas como la teca y otras especies construyeron sus caseríos, les dieron calor a sus hijos y convirtieron a los Embera en los amos de la región.

Pero en 1985 esta vasta y rica zona fue declarada parque nacional y a los indígenas, les fueron prohibidas las actividades que antes eran su sustento, pero que atentaban contra la rica biodiversidad del cañón.

Hubo un pulso entre Gobierno e indígenas, pero los Embera se unieron.

El Parque Nacional de los Embera en Panamá

En la década de los 50 del siglo pasado, la región fue epicentro de una masiva migración de comunidades Embera procedentes de la serranía del Darién que huyeron de la violencia.

Foto:

John Montaño/ EL TIEMPO


Tradición y turismo

No obstante, nunca hubo conflicto entre indígenas y ambientalistas que entendieron que las comunidades Embera ya eran parte de la región y, también, debían ser protegidos.

“Como ya no podemos vivir de la pesca, menos cazar y tampoco hacer agricultura extensiva, entramos en programas de capacitación para hacer un turismo sostenible que no afecte al parque nacional”, relata Don Hernando Embera, uno de los jefes indígenas de la comunidad.

En las riveras de río Chagres habitan hoy tres comunidades indígenas de la familia Embera: Tusipono, Parara purú y Emberadrua.

Dentro del parque han conformado aldeas donde mantienen vivas sus tradiciones: allí fabrican hermosas artesanías que hoy le dan la vuelta al mundo.

Además desarrollan su gastronomía ancestral y, de manera organizada y consciente, reciben todas las semanas a decenas de turistas de todo el planeta, quienes después de recorrer el parque de la mano de los expertos guías indígenas, llegan hasta los caseríos Embera para aprender parte de los secretos de estas comunidades y degustar sus platos típicos servidos en hojas de plátano y totumos.

“El valor de las artesanías depende del tiempo que tardamos en hacerlas y del tipo de trabajo que requieren, como si se tiene que cortar caña, y fabricar pinturas”, dice Rubiela, una de las mujeres artesanas de la familia Parara Purú.

Floreros, collares, pulseras y lienzos hechos con pinturas naturales, entre otros recuerdos, pueden llevar los turistas con precios que van entre los 10 y 40 dólares.
“Estas tradiciones son maravillosas: ver los bailes en los cuales toda la familia interviene, pero donde las mujeres son las principales protagonistas, nos hace amar las culturas de todos nuestros indígenas de América”, señala Mariana Rayo, viajera argentina.

A su llegada a los caseríos (ubicados a un costado del río Chagres), los turistas son llevados a varias aldeas donde les muestran las tradiciones de los indígenas. Allí los viajeros son recibidos por las mujeres de la comunidad que realizan un corredor humano mientras estrechan las manos de los visitantes.

Los hombres (grandes y chicos) interpretan músicas ancestrales con tambores y flautas de bambú, acompañados por el canto melancólico de los ancianos Embera.
El suave caudal del Río Chagres, cómplice del ritual de bienvenida, sirve como melodía de fondo.

El canto de miles pájaros de varias especies también hace parte de la sinfonía natural.

Hotels Best Western Panamá y la Aerolínea Wingo unieron esfuerzos para presentar al visitante una alternativa diferente al turismo de alto consumo en Ciudad de Panamá, y elevar la cifra de visitantes anuales al Parque Nacional Natural Chagres.
En su visita a la comunidad, el turista, si lo desea, se interna en la cocina de la comunidad para aprender algunos secretos gastronómicos al calor de la hoguera.
En los caseríos de Parara purú y Embera drua, con el visto bueno y la vigilancia de las autoridades panameñas, el turista puede dormir algunas noches y aprender más sobre los secretos de los Embera, los dioses del cañón del Chagres. John Montaño
Enviado Especial de EL TIEMPO
Panamá

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