El drama por el agua que encendió el paro en Buenaventura

El drama por el agua que encendió el paro en Buenaventura

Los habitantes del principal puerto del país llevan más de medio siglo sufriendo por el líquido. 

Buenaventura sin agua

Los habitantes de Buenaventura llevan más de cincuenta años sin un acueducto que les garantice agua potable al menos 12 horas al día.

Foto:

Juan B Díaz / EL TIEMPO

02 de junio 2017 , 12:09 p.m.

En las calurosas calles de los barrios que emergen del mar en Buenaventura, el cantar de los gallos fue reemplazado por un grito estruendoso que desde hace medio siglo despierta a casi todo un pueblo: “¡Llegó el agua!”.

Cinco décadas atrás, cuando Eneliza Bonilla y su familia arribaron a la ciudad, el agua había que buscarla en los pozos que se camuflaban entre los matorrales de su barrio, porque por aquellos días el cielo no era piadoso y el poco líquido que había se escondía entre las plantas.

Cincuenta años después, la eterna sequía ha sido una de las principales abanderadas en un paro cívico que tiene paralizado al Distrito por el que transita el 49 % de las importaciones del país y que hasta ahora, según la Cámara de Comercio de Buenaventura, ha producido pérdidas monetarias superiores a los 150.000 millones de pesos.

Desde hace medio siglo, los más de cuatrocientos mil habitantes del principal puerto sobre la costa Pacífica colombiana, a pesar de tener siete grandes enormes cuencas hidrográficas que producen millones de metros cúbicos de agua cada mes y de haber recibido recursos por más de cien mil millones de pesos en la última década para el mejoramiento del acueducto, no saben qué es contar con un servicio de agua potable al menos doce horas continuas al día.

Cuando el cielo se secaba había que esperar hasta que Dios mandara agua 

“Cuando el cielo se secaba había que esperar hasta que Dios mandara agua. Era un problema porque la gente no podía bañarse durante varios días”, exclama Eneliza con un tono fuerte, como recordando una tragedia, mientras le da de comer a uno de los veinte niños que atiende en su guardería ubicada en el barrio La inmaculada, una zona gris afectada por el conflicto armado desde mediados de la década pasada.

A esta mujer que vive en su pequeña casa de colores alegres con su esposo, tres hijos y dos nietos, el agua casi nunca le alcanza. Llega tres veces a la semana, usualmente en la mañana. En aquel momento en las calles se grita de alegría y las madres desesperadas intentan llenar con agua las decenas de recipientes en las llaves ubicadas en el andén de sus casas.

De acuerdo con cifras del Departamento Nacional de Planeación, tan solo el 76 % de los habitantes de Buenaventura tienen acceso a la red de acueducto; de ellos, apenas el 71 % cuenta con agua entre cuatro y ocho horas, dos días a la semana. Eso sin contar con que después de Quibdó, el puerto ostenta el Índice de Agua No Contabilizada (agua salida de las plantas de tratamiento y pérdida en las redes) más alto del país: 87,2 %.

buenaventura sin agua

A finales de los años sesenta se creó una pila comunitaria a la que iban los habitantes del algunos barrios del puerto para abastecerse de agua.

Foto:

EL TIEMPO

Medio siglo atrás, Anolaime García, una matrona de piernas largas y carácter imponente, recorría al menos seis veces al día, con uno, dos o tres recipientes llenos de agua en sus manos, las diez cuadras que separaban a su casa de la pila comunitaria, una especie de piscina en tonos pálidos de más o menos un metro y medio de profundidad y cuatro metros de ancho, creada en el año de 1968 con el objetivo de abastecer agua diariamente a los habitantes de la zona de bajamar.

Durante aquellos años, las lánguidas tardes para muchos jóvenes consistían en recorrer las calles empedradas con recipiente en mano y ceño fruncido en el rostro, hasta llegar a la Pila y recoger el líquido que les serviría para sobrevivir a ellos y a sus familias, al menos otro día.

“Cuando no llovía nos tocaba cargar el doble de agua, yendo y viniendo al menos diez veces cada tarde. Como yo era tan amiguera, varias veces mi mamá me pegaba unas ‘latiguizas’ de ‘perro cagón’, porque en vez de irme a cargar agua, me entretenía conversando con mis amigas”, relata entre risas Anolaime, quien trabaja como profesora en una escuela del Distrito.

Cuando no llovía nos tocaba cargar el doble de agua, yendo y viniendo al menos diez veces cada tarde

20 años de ‘aguas mansas’

En la década del ochenta, la empresa Acuavalle fue la encargada de la administración del acueducto que llevó agua a más de diez barrios en la zona de bajamar en Buenaventura. En aquel entonces, las calles de los barrios Lleras, Alfonso López, La Playita y El Jorge eran rodeadas por largas mangueras que desembocaban su camino en las casas flotantes ubicadas en bajamar.

“Desde Acuavalle no hay hogar en Buenaventura que no tenga al menos un tanque para almacenar agua. En aquellos años teníamos agua incluso con más frecuencia que ahora, esto empeoró y no creo que vaya a mejorar”, asegura con voz potente Elvira de Archivold, una comadrona de 83 años, originaria de Tumaco, Nariño, refiriéndose al servicio que prestaba esta empresa en la ciudad.

La labor de Acuavalle por más de veinte años en el municipio es tan bien recordada, que los habitantes de bajamar la evocan con esa nostalgia con la que se añora a una floreciente primavera. Durante aquellos años, según los bonaverenses, a pesar de contar con un acueducto de más de sesenta años de antigüedad, el servicio llegaba con mayor eficiencia a sus casas.

Sequía en buenventura

En marzo de este año, más del treinta por ciento de los habitantes del puerto permanecieron sin agua durante más de dos semanas.

Foto:

Juan Pablo Rueda /EL TIEMPO

¿De quién es la culpa?

“Sufrimos ahora porque ese cambio que nos hicieron con la empresa prestadora del servicio fue a escondidas, un día cualquiera nos despertamos y nos dimos cuenta que estaba en las manos de Hidropacífico. Lo supimos porque ya no llegaba el agua con la misma frecuencia que antes”, asegura Elvira mientras un olor a jaiba cocida emana de la cocina de su casa:

—“¡Ay, la comida!”. Grita.

Caminamos con paso lento hacia la hornilla y allí me recalca que, definitivamente, “todo fue obra de una maniobra política para favorecer a los más ricos del Puerto”.

La cura propuesta por el Gobierno Nacional el 10 de junio de 1996 en el documento Conpes 2861, que destinaba 17 millones de dólares al mejoramiento del acueducto y alcantarillado del puerto, según los bonaverenses, resultó siendo peor que la enfermedad. El 30 de julio del 2001 se creó la Sociedad de Acueducto y Alcantarillado de Buenaventura, Saab, para hacer uso de dichos recursos y administrar el nuevo sistema.

Sin embargo, como la sociedad no tenía experiencia, debía contratar un agente externo que operara el acueducto que dejaba Acuavalle, y a la licitación solo se presentó Hidropacífico, una empresa que tenía menos de un día de haber sido inscrita en la Cámara de Comercio de Medellín. El acuerdo consistía en que la nueva empresa operaría el sistema, la Saab contrataría las obras para el buen funcionamiento del acueducto y el municipio haría la gestión de recursos para su optimización

Buenaventura sin agua

En varios sectores de Buenaventura el agua solo llega con ayuda de carrotanques.

Foto:

EL TIEMPO

En declaraciones a EL TIEMPO, Gustavo Adolfo Duque, gerente de Hidropacífico, aseguró que el contrato bajo el que obraron durante más de 15 años era sin inversión, que no manejaron recursos y que la Saab era la encargada de la contratación de las obras.

Entre el 2002 y el 2012, de acuerdo con la Secretaría de Trasparencia del Gobierno, en Buenaventura se habían invertido 104.610 millones de pesos en proyectos de acueducto y alcantarillado que pretendían garantizar una cobertura de al menos el 97 % del servicio de agua potable en el municipio. Sin embargo, los contratos que también fueron financiados con recursos del Fondo Nórdico, el Plan Carrasquilla, el Plan Pacífico y el Sistema General de Regalías aún no están ejecutados en su totalidad. Por otro lado, hasta el 2015, los últimos cuatro alcaldes del puerto habían sido investigados y capturados por la justicia por escándalos de corrupción administrativa en el municipio, entre ellos, Jaime Mosquera, quien fue investigado por irregularidades en los contratos que buscaban el mejoramiento del acueducto. El proceso no prosperó.

“Buenaventura cuenta con una riqueza hídrica y no contamos con el suministro, mientras tanto, Hidropacífico continúa facturando mes a mes un mal servicio”,
aseguró el obispo y defensor de los derechos humanos, Héctor Hepalza Quintero, frente al presidente Juan Manuel Santos en una eucaristía realizada en el puerto hace exactamente un año.

Sin embargo, a pesar de que el problema continúa y de reconocer que la corrupción de los últimos tres alcaldes municipales ha sido el caldo de cultivo de las dificultades que hoy afronta el puerto, en el comunicado donde explicaba los motivos por los cuales los bonaverenses deberían movilizarse en el actual paro cívico, el sacerdote también aseguró: “La solución de los problemas estructurales del pueblo bonaverense sobrepasan las capacidades sus alcaldes”.

Aquí desde que tenemos uso de razón sabemos que el agua es un problema, nos hemos adaptado, hemos sufrido, pero ahí vamos

A finales de marzo, el viceministro de Aguas (e), Fernando Vargas, y la gobernadora del Valle, Dilian Francisca Toro, adoptaron un mecanismo rápido para la ejecución de obras prioritarias del Plan Maestro de Acueducto de Buenaventura, consistentes en la construcción de tanques de almacenamiento en los sectores de Venecia y Loma Alta, de redes de conducción, captación y transporte de agua del río Escalerete, además de los acueductos de los corregimientos de San Cipriano, Córdoba, Citronela y La Gloria.

En tales proyectos se invertirán recursos superiores a los 189.000 millones de pesos que serán administrados en su totalidad por el fondo Todos Somos Pazcifico, de estos, $ 120.000 millones son financiados por el Banco Interamericano de Desarrollo.

Mientras tanto, Eneliza cree que habrá un cambio y que será pronto. Conversamos. Me brinda una limonada recién hecha para apaciguar el calor, sonríe, y con los gritos de los niños de fondo me dice: “Aquí desde que tenemos uso de razón sabemos que el agua es un problema, nos hemos adaptado, hemos sufrido, pero ahí vamos”.

JULIÁN VIVAS
Escuela de Periodismo Multimedia EL TIEMPO
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