El doloroso recorrido del Cristo de Bojayá que verá el papa Francisco

El doloroso recorrido del Cristo de Bojayá que verá el papa Francisco

La imagen quedó mutilada por la explosión de la pipeta lanzada por las Farc el 2 de mayo de 2002.

Cristo de Bojayá

Un cilindro de gas cargado con dinamita y lanzado por las Farc penetró por el techo de la capilla San Pablo Apóstol, de Bellavista, y mató a 79 personas.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

06 de septiembre 2017 , 10:35 a.m.

El Cristo de Bojayá, que sufrió una devastación similar a la que provocó el conflicto en más de 8 millones de víctimas en el país, estará este viernes en el centro del encuentro por la reconciliación que tendrá el papa Francisco con los sobrevivientes de la confrontación y antiguos combatientes en su visita a Villavicencio.

El 2 de mayo del 2002, luego de la explosión que dejó a 79 personas muertas en la iglesia de Bojayá (Chocó), en medio de un combate entre los paramilitares y las Farc, el padre Antún Ramos, capellán de la población, encontró la imagen entre los escombros que había dejado el ataque.

“Cuando cae la pipeta, la gran mayoría salimos despavoridos. A los dos días, regresamos porque nos habían dicho que uno de los padres que estaba perdido, había aparecido. Me da por entrar al templo y dentro de todos los escombros, veo al Cristo ahí. Lo veo destrozado, pero lo único que queda en pie es ese torso que ahora conocemos”, explica.

Quince años después, como parte de la visita del papa Francisco al país, el Cristo de Bojayá estará adherido a la cruz que presidirá la oración por la reconciliación que las víctimas del conflicto harán con el sumo pontífice en Villavicencio.

Símbolo del horror de la guerra

Antes de que ocurriera el ataque, el Cristo era solo una imagen de yeso similar a las que están en los altares de las miles de iglesias católicas que existen en el país. El padre Jorge Luis Mazo Palacios, que en 1999 fue asesinado por los paramilitares, lo consiguió con las hermanas agustinas y lo llevó a la iglesia de Bojayá.

En medio del horror que vivió la población, la destrucción del Cristo, especialmente por la forma en que quedó, lo convirtió para sus habitantes en un símbolo del dolor que habían sufrido, pero también de la esperanza de que podrían sobreponerse a lo ocurrido.

“Ese Cristo, en medio de la barbarie, cogió muchas de las balas que iban para los que estaban en la iglesia”, afirma Leyner Palacios, líder de la comunidad de Bojayá.

Una imagen de yeso, no muy resistente, que soportó la explosión y a la que le cayó un muro encima hubiera podido quedar destrozada por completo, pero de ella sobrevivió precisamente el torso, lleno de las señales que le dejaron las esquirlas.

Cristo de Bojayá

El cristo será bendecido por el Papa durante el Gran Encuentro por la Reconciliación que se realizará este viernes en Villavicencio.

Foto:

Héctor Fabio Zamora / Archivo EL TIEMPO

Cristo de Bojayá

Durante una misa, los pobladores de Quibdó agradecieron la bendición del santo padre sobre la imagen que representa la tragedia ocurrida en Bojayá.

Foto:

Cortesía: padre Rolegio González

Cristo de Bojayá

El miércoles saldrá hacia Bogotá en avión, donde se encontrará con otras víctimas para emprender el viaje por carretera hacia Villavicencio.

Foto:

Cortesía: padre Rogelio González

Cristo de Bojayá

El martes, el cristo, que permanece guardado en la iglesia de la nueva cabecera municipal de Bojayá, fue trasladado a Quibdó, para su viaje a Bogotá.

Foto:

Cortesía: padre Rogelio González

Cristo de Bojayá

La explosión mató a 79 de las personas que se refugiaban allí.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO

Cristo de Bojayá

El cristo fue hallado entre los restos de la iglesia de Bojayá, en Chocó, tras enfrentamientos entre la guerrilla y los paramilitares el 8 de mayo de 2002.

Foto:

Archivo / EL TIEMPO


“Así como quedó el Cristo que va a conocer el Papa, quedó mucha de la gente que estaba en la iglesia. Los pueblos no viven con guerra todo el tiempo y los símbolos deben permanecer. Por eso lo guardé, en medio de la angustia, de la desesperanza que reinó en ese momento”, señala el padre.

En un primer momento, el párroco envolvió el Cristo en una bolsa de las que se utilizan para empacar arrobas de arroz, porque era lo que tenía a la mano, para evitar que se siguiera deteriorando por la humedad.

Años después, la imagen fue sometida a una restauración para evitar que se continuara deteriorando.

“Muchos dicen que no se debía haber restaurado. Yo creo que sí, porque, así como la comunidad, el Cristo no puede quedarse para siempre con las heridas”, explica Palacios. La imagen será llevada esta semana por la comunidad de Bojayá hasta Villavicencio, para su encuentro con el Papa.

“Aunque está mutilado, el Cristo camina, en medio de su dolor, hacia la reconciliación. Así como el Cristo herido, el encuentro con el Papa nos renueva la fe de que podemos vernos como seres humanos y de que esa polarización que existe en el país se diluya y nos concentremos en lo que debe ser, que es construir la paz con justicia social”, agrega.

LUIS CARLOS GÓMEZ

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