El agua caliente llega a barrios vulnerables gracias al reciclaje

El agua caliente llega a barrios vulnerables gracias al reciclaje

En Argentina, un proyecto social le enseña a construir a los habitantes calentadores solares.

Agua claiente

122 familias han construido su propio calefón solar.

Foto:

Cortesía: Sumando energías

15 de junio 2018 , 08:00 p.m.

Cuando le propusieron construir un calefón solar con materiales reutilizados para que ella y su familia pudiesen bañarse con agua caliente, Débora Villarreal pensó que se trataba de una broma.

"Vinieron un día y nos explicaron que el agua se podía calentar con el sol. Les pregunte qué teníamos que hacer y me dijeron: ’Juntar botellas, latitas y cartones de leche’. Yo no lo podía creer", recuerda la mujer de 32 años, que vive en el asentamiento La Tablita, en Buenos Aires, junto con su esposo y sus cuatro hijos.

Eso que le parecía una locura es el mecanismo que desde hace más de nueve meses les permite darse una ducha templada y segura todos los días, sin los riesgos de incendio o accidente del precario termotanque eléctrico que tenían. "Cuando empezó a salir el agua tan caliente era increíble. El calefón está hecho de materiales que uno tira o quema, porque acá no hay disposición final de la basura. El uso que se les da es espectacular", asegura Villareal.

La suya es una de las 122 familias que, hasta el momento, construyeron su propio calefón solar junto con el equipo de jóvenes profesionales y voluntarios que integran Sumando Energías.

Se trata de un proyecto social que nació en 2014 de la mano del ingeniero industrial, Pablo Castaño, con el objetivo de que quienes viven en barrios y asentamientos vulnerables puedan acceder a un servicio que antes no tenían, mientras se concientiza sobre principios como las 3R, las energías sustentables y el cuidado del medio ambiente. "Siendo ingeniero y un apasionado de la sustentabilidad, quise mezclar ambas cosas, y así arrancamos con los calefones", recuerda Castaño.

Cuando empezó a salir el agua tan caliente era increíble

Por debajo de unos caños pintados de negro, que absorben la radiación solar, los calefones llevan latas de aluminio, y dos capas de tetra brik y telgopor que sirven como aislación. Eso se recubre con botellas de plástico, que producen el efecto invernadero sobre el calefón.

"Funciona por el efecto termosifón: el agua, al calentarse en la parrilla del colector, se hace menos densa, empieza a subir hasta el termotanque y hace aproximadamente 60 ciclos para calentarse por encima de 40°C, que es la temperatura que usamos para bañarnos", explica Castaño, de 31 años. "Todo eso funciona sólo por la energía solar. El sistema es muy robusto: una vez que lo dejás instalado, prácticamente no necesita mantenimiento".

El primero que hicieron fue para una mujer que en verano calentaba el agua en bidones de 20 litros al sol. "Con este mismo principio, pero con mejoras, pudo construir su calefón solar, que funciona en todas las estaciones", asegura el ingeniero.

Agua claiente

Voluntarios en la fabricación de los calefones solares.

Foto:

Cortesía: Sumando energías

Desde el comienzo del proyecto, en septiembre de 2014, hasta hoy, los calefones solares llegaron no sólo al conurbano bonaerense, sino también a las ciudades de Bahía Blanca, La Plata, Salta y a la comunidad guaraní Pindoty I, en San Ignacio, provincia de Misiones, donde colocaron la primera ducha de todo el caserío.

Cada dos semanas, Sumando Energias convoca a voluntarios para fabricar los calefones solares, ya sean particulares o de empresas como parte de programas de responsabilidad social. "Trabajábamos con talleres teórico-prácticos. Un fin de semana vienen voluntarios que aprenden sobre energías renovables. Después, pasan a la parte práctica: construyen los calefones con sus propias manos, junto a las familias", explica Castaño.

Ernesto Sala, uno de los voluntarios, que tiene 45 años y es abogado, reconoce que se unió a la causa por lo ecológico, pero se terminó quedando por lo social. "Hay pocas actividades como ésta, donde tenés la oportunidad de cambiarle la vida a una familia en un fin de semana", dice.

Pasadas las cinco de la tarde, los colectores están casi terminados. Con una escalera, un grupo sube primero al techo de la casa de la familia Basualdo. Hay aplausos y gritos de alegría.

Para Castaño, la satisfacción es plena: "Ver que 50 voluntarios se levantan un sábado a la mañana para venir a construir junto a las familias y a los chiquitos del barrio su propio colector solar llena el alma.”



MARÍA AYUSO 
LA NACIÓN, ARGENTINA

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