‘Así nos toque meternos debajo de un puente, por allá no volvemos’

‘Así nos toque meternos debajo de un puente, por allá no volvemos’

Testimonio de una de las damnificadas por los deslizamientos en Manizales del pasado miércoles. 

Sandra Milena González

Sandra Milena González ha sobrevivido a dos deslizamientos.

Foto:

John Jairo Bonilla / EL TIEMPO

20 de abril 2017 , 10:20 p.m.

A Sandra Milena González no le importa dormir debajo de un puente, pero asegura que no vuelve a su casa en el sector de Providencia, uno de los barrios afectados por los deslizamientos que se registraron en la madrugada de este miércoles en Manizales.

“Así nos toque meternos debajo de un puente, por allá no volvemos. Ahí no queremos vivir porque a la siguiente avalancha, eso nos arrastra”, asegura.

Esta mujer reconstruyó su casa luego de que fuera arrastrada por el barro durante el fenómeno de La Niña del 2011. Esta vez, la tragedia no tocó su vivienda.

“Yo no podía dormir, debido a la lluvia de toda la noche. A las 3 de la mañana, me tiré de la cama, fui y le toqué la puerta a mi hija y le dije que saliéramos”, cuenta. Ese día, su barrio fue uno de los 25 de Manizales que tuvieron emergencias por cuenta de las lluvias.

El sector, conocido como La Playita, queda a orillas del Chinchiná, cauce que marca la frontera entre la capital de Caldas y Villamaría. Esta vez, el caudal se llevó tres casas poco después de ser desalojadas.

El yerno de Sandra alcanzó a prender el carro, un Sprint, y hacerlo subir por la vía enlodada hasta una bomba de gasolina, donde parquearon y vieron desde lejos la destrucción. “La gente empezó a gritar. Nadie sabía qué hacer ni para dónde correr”, recuerda la mujer, que ocasionalmente trabaja como ventera en el estadio Palogrande.

Esta vez fue afortunada y su vivienda quedó en pie. Sin embargo, el recuerdo de lo ocurrido en el 2011 hizo que las lágrimas y los dolorosos recuerdos regresaran.

En ese entonces, Sandra perdió su vivienda, pero al no recibir ninguna ayuda tuvo que levantarla en el mismo lugar, con el temor de que un nuevo deslizamiento se llevara su hogar. “Solo nos quedó una pieza. Fue algo para habernos reubicado”, dice.
Con la liquidación del último empleo que tuvo en construcción, compró madera para reconstruir su hogar. La casa la heredó de sus suegros, por lo que la familia lleva por lo menos tres décadas ubicada en el sector.

Por eso, espera que esta evacuación preventiva sea suficiente para que las autoridades, ahora sí, le permitan a su familia dormir en una vivienda que no tengan que abandonar cada vez que llueva.

MANIZALES

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