La Cartagena más popular compartió todo su fervor católico

La Cartagena más popular compartió todo su fervor católico

No solamente cartageneros. Las calles se llenaron de feligreses de todo el país.

Papa Francisco en Cartagena

En el barrio San Francisco, el sumo pontífice se acercó a las vallas protectoras a saludar.

Foto:

Stefano Rellandini / Reuters

11 de septiembre 2017 , 11:20 a.m.

En el corazón popular de Cartagena, en el mercado público de Bazurto, hubo una explosión de júbilo que tardó escasos tres minutos al paso del papamóvil con la figura sonriente y esplendorosa del enviado de Dios a la Tierra.

Fue un verdadero concierto que mezcló llanto, oraciones y cánticos en homenaje al papa Francisco, quien pasó por sitios de estirpe popular como San Francisco, La Esperanza y el propio mercado de Bazurto, donde desde las 3 de la madrugada centenares de cartageneros batallan para ganarse el sustento diario.

Con un lleno que no se compara ni con las fiestas de noviembre y su bando, el río humano que se inició en la entrada del barrio La Esperanza ocupó más de 3 kilómetros lineales hasta llegar al centro histórico.

Debió ser por el accidente que sufrió en San Francisco que se retrasó unos minutos la agenda y por ello el paso fue rápido por la zona de Bazurto; sin embargo, ese fugaz momento sirvió para apretar el corazón de felicidad a las más de 40.000 personas que estaban a lo largo de la vía.

Julio Carmona, quien estaba desde las 5 de la mañana en el sector de La Esperanza, dijo: “No me importa que fueron milésimas de segundos para verlo, eso me bastará para morir tranquilo y en paz”.

En el desfile católico, multirracial y variopinto había gente de diversos sitios del territorio patrio, incluso del extranjero. De Mompox llegó la matrona Julia Anaya de Guzmán, con 92 años y la fuerza insuperable para ver en persona al sumo pontífice. “En el año 1986 vine a ver a Juan Pablo II y no podía quedarme sin ver a Francisco y lo hice. No sé si es porque lo vemos más cercano por su origen latino, pero su figura me estremeció. Tiene la aureola de un santo”, señaló.

De las poblaciones nortesantandereanas, Ocaña y Ábrego, llegó la familia Casadiego con sus diez integrantes, quienes ante la escasez de pasajes, dos de ellos se vinieron en una tractomula de un primo.

Para Alfonso Tejada Mena, del municipio de Turbo, de la Diócesis de Apartadó, Antioquia, la visita del papa Francisco a Cartagena sirvió para hacerles un reconocimiento a las comunidades afrodescendientes del país. Licenia Salazar, de la Pastoral Afro de Cali, dijo que lo único que le pidió al Papa es que “revise la opción de un obispo negro” en el país.

En el tumulto, se destacó la figura de Jeison Garfis, quien llegó desde Venezuela con un cargamento de 150 rosarios elaborados a mano.

“Me armé de valor cuando supe que el Papa iba para Colombia y, durante un mes entero, trabajé para hacer los rosarios en madera y en arcilla horneada”, comentó.

Un par de jóvenes sudafricanas, Jéssica Payne y Shrarika Jara, aprovecharon su estadía en Cartagena para conocer en persona al santo padre. Ellas, mochileras, corrieron ante el paso veloz del vehículo papal. “Lo vi, lo vi, muy rápido pero logré verlo, su sonrisa. Es muy hermoso”, dijo Jéssica en un buen español.

‘Rosario de peticiones’

Pero no se desaprovechó el arribo del santo padre para hacerle un ‘rosario de peticiones’. De Bucaramanga, capital de Santander, un par de artesanos le hicieron una petición divina, “una ayudita celestial” para que los productos chinos no sigan entrando a Colombia sin pagar arancel. “Nos están arruinando y solo Dios nos puede ayudar”, dijo uno de ellos.

En medio de peticiones espirituales, también se colaron las materiales, como la del campesino montemariano, Julio Vergara, para que no se perdiera la cosecha de ñame que está represada en la zona centro de Bolívar. Y no faltó la de los seguidores del alcalde de Cartagena, Manolo Duque, encarcelado por irregularidades en el desempeño de su cargo, para que lo dejen en libertad.

Mientras tanto, frente a la torre del Reloj, la cartagenera Amelia García González, quien esperaba el paso del jerarca hacia la iglesia de San Pedro, se repetía: “Así como salgo a parrandear tengo que rendirle homenaje a mi pontífice”.

Y entre las espirituales, se destacó la de una señora sin sus dos piernas que debe desplazarse en silla de ruedas: “Quiero que me cubra a mis hijos para que nunca pasen por esto”, dijo.

JUAN CARLOS DÍAZ M.
Especial para EL TIEMPO

CARTAGENA

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