¿Quién quiere petróleo en su pueblo?

¿Quién quiere petróleo en su pueblo?

Petroleros dicen que ganadería causa daño ecológico. Los del ganado dicen que los otros son peores.

Consulta en Cumaral

Los promotores del No a la explotación petrolera recorren barrios puerta a puerta con dos argumentos: grave perjuicio ambiental y degradación social.

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Óscar Bernal / Llano Sie7e Dias

02 de junio 2017 , 08:09 a.m.

Cumaral / Puerto Gaitán (Meta). Este 4 de junio, Cumaral, municipio de tradición agrícola, turística y ganadera en el piedemonte llanero, decidirá en las urnas, mediante una consulta popular, si agrega oro negro a su portafolio económico o se queda como está.

Y, aunque nadie escarmienta en cabeza ajena, acudí a Puerto Gaitán, el pueblo petrolero por excelencia, que solo en Campo Rubiales producía 232.000 barriles diarios en sus años de bonanza, para intentar imaginar lo que podría ser Cumaral en un futuro si ganara el Sí.

Para el imaginario colectivo, Puerto Gaitán, distante tres horas y media por carretera, en plena planicie y a orillas del Meta, es un símbolo de corrupción y despilfarro. Pero, caminando por sus calles de andenes limpios, se debe reconocer que los petrodólares se ven, que funciona la máxima de ‘robe pero haga’.

No existe en Colombia un pueblo pequeño con tantos parques y polideportivos –18 en total–; con una gran avenida arbolada y su puente peatonal por el que casi nadie cruza, ya que apenas transitan carros; con una alcaldía moderna y amplia y un edificio del Sena espectacular.

La buena imagen comienza a resquebrajarse al echar una ojeada detrás de la vitrina.

El agua de la llave no es potable y la que llega lo hace unas horas al día; no existe un hospital, solo un centro de atención en salud de primer nivel al que le faltan cinco plazas de médico por cubrir, puesto que no aparecen candidatos; no cuentan con relleno sanitario –las basuras las llevan a Villavicencio– y los dos Petares no funcionan bien. Aún hay barrios informales sin servicios públicos, y cuando uno sale del casco urbano hacia las veredas en dirección al Vichada, el asfalto muere y la vía se torna tortura.

Desde que hace un par de años el crudo bajó de precio a la mitad y la extracción se redujo en proporción similar, miles de trabajadores de otras regiones abandonaron la localidad, al punto de que comercios, restaurantes y hoteles hablan de que sus ingresos bajaron el 70 por ciento.

Con todo, habitantes nativos que entrevisté no consideran que las carencias ni la evidente corrupción que viene de lejos constituyan el peor legado del oro negro. Son otras las herencias que les preocupan: descomposición social, daño ambiental que pagarán hijos y nietos, y un costo de vida tan elevado que los empobrece.

“El petróleo ha sido una desgracia. En otras partes de Colombia creen que estamos podridos en plata, y con dos salarios mínimos solo da para sobrevivir una pareja”, alega la recepcionista de un hotel. “Mi mamá dice que a ella la contaminación no le preocupa, que se morirá pronto. Yo le digo, ¿pero y yo? ¿Y mis hijos, qué?”

Un chico que cumplió su sueño de trabajar en Campo Rubiales por varios años, al igual que su esposa, tampoco es partidario del petróleo. “Tiene más negativos que positivos. Las zonas verdes en los campos son fachada, el daño está bajo tierra. La mayoría de los miles de trabajadores que había en los campamentos eran de afuera y no les interesa lo que pase aquí más adelante”, señala. “Además, ¿para qué queremos tantos parques si no tenemos hospital?”

Ninguno da su nombre porque, pese a que les disgusta la explotación de hidrocarburos en su pueblo natal, confían en laborar de nuevo en alguna petrolera, puesto que siempre pagan más que en cualquier otro lugar.

“Si echo la vista atrás, diría no al petróleo. Es más un beneficio para los de afuera que para la comunidad. Con él se acaba la tranquilidad del pueblo y afecta a las familias”, aduce Andrés Forero, uno de los dos propietarios de la emisora local Ondas de Macacías.

“Y la crisis se ha sentido mucho en el comercio. Si antes nos pagaban uno, dos millones por un aviso y había hartos, ahora, 200.000 y son pocos”.

William Ortegón, restaurantero, agrega que vendía 300 almuerzos en un día cualquiera y en la actualidad rara vez sube de veinte. “Para mover la economía es muy bueno, pero a futuro trae mucho daño, se desordena el pueblo, hay prostitución, drogas, y cuando se acaba, la gente queda como estaba o peor”.

Un mototaxista que hizo un curso en el Sena y ha intentado en 7 ocasiones que lo contraten las petroleras y no pierde la esperanza de lograrlo pronto alega que si pudiera aconsejar a sus paisanos metenses de Cumaral, les diría, “voten no, radicalmente no. Uno solo se da cuenta de los daños que el petróleo causa con el transcurso del tiempo”.

Pero, hay quienes no ven un panorama sombrío. “El problema no son los hidrocarburos sino la falta de planeación. El Dane decía que Gaitán tenía cinco mil habitantes, y de un día para otro la cifra se cuadruplicó y no había nada pensado para asumir ese crecimiento”, comenta el padre Édison, párroco de la catedral. “Los que aprovecharon la bonanza para ahorrar (él lo hizo, construyó templo, casa cural y la del obispo) tienen estudios y vivienda, pero puede más el desorden. Hay muchos hijos del petróleo sin papá”.

La honda crisis del crudo ha aconsejado a muchos portogaitanenses mirar al campo como solución. La principal empresa agroindustrial y ganadera que opera en el municipio, La Fazenda, la mayor porcícola del país, ciento por ciento colombiana, siembra 27.000 hectáreas de soya y maíz para alimentar los cerdos que cría, sacrifica y comercializa.

Emplea a 750 personas de la región, y a otros 500 indirectos. Un recorrido por sus extensos cultivos y sus instalaciones industriales evidencia una iniciativa moderna con proyección de futuro y arraigo local, que tiene la mira puesta en la seguridad alimentaria.

“Ahora hay personas que son de acá que prefieren trabajar en La Fazenda, aunque no ganen como en una petrolera, por la estabilidad y la posibilidad de crecer profesionalmente dentro de la empresa”, comenta Gloria Gutiérrez, secretaria de Trasporte del Consejo Gremial de Puerto Gaitán.

Hallar alternativas al oro negro, empleos de largo plazo amigables con el medioambiente es una de las exigencias a los gobiernos que más escuché en Gaitán.

En Cumaral, por el contrario, el clamor mayoritario es que no les cambien sus vidas. Que les dejen seguir amarrados a sus paisajes verdes, a sus existencias calmadas, sin los sobresaltos que provocan las hordas de extraños que arrastran las petroleras.

Reses vs. crudo

Un comité de ciudadanos, con el apoyo de la alcaldía, lidera la consulta que tiene preocupados al Gobierno y al sector de hidrocarburos. Podría ser el principio de un tsunami popular que aborte proyectos en marcha y envíe una inquietante señal a los inversores extranjeros.

“El caballito de batalla para impulsar la consulta es que turismo y petróleo son incompatibles, cuando no es así. Lo que hay detrás son intereses políticos y un inconformismo con el Gobierno porque les quitaron regalías”, me dijo Francisco Lloreda, presidente de ACP, antes de viajar al Meta, en entrevista telefónica.

“En el país se avecinan 39 consultas de petróleo y minería, la más próxima la de Cumaral, donde la empresa indochina Mansarovar tiene la licencia ambiental y ya hizo la sísmica. El Meta produce el 51 % del petróleo nacional, y las consultas generan una gran incertidumbre a las compañías porque ya no saben cuáles son las reglas del juego”.

Pese a las intenciones políticas que puedan albergar algunos –Piedad Córdoba apareció un buen día sin que la invitara el comité y en su gira por el casco urbano recibió abucheos en un municipio donde ganó el No en el plebiscito–, los cumaraleños que recorren las veredas y los barrios puerta a puerta son ciudadanos del común que emplean dos argumentos para ganar adeptos: grave perjuicio ambiental y degradación social. Y la acogida favorable es casi unánime.

“Este pueblo es tranquilo, con estructura familiar fuerte; se está embelleciendo para que la gente venga y se amañe. ¿Para qué nos quieren dañar?”, se pregunta John Fredy Martínez, presidente del acueducto veredal Asodisagro. “Estas montañas son responsables de proteger la memoria hídrica de la selva amazónica, y el proyecto petrolero es un saqueo de nuestro territorio. No nos merecemos convertirnos en otro Puerto Gaitán”.

En uno de los volantes que distribuye Ecopetrol, alega que solo consumen el 1,6 % del agua del país, mientras que la agricultura requiere el 47 %. Y señala a la ganadería de ser, junto con los cultivos ilícitos, los mayores depredadores de la naturaleza. En Cumaral, donde la ganadería es una actividad que se remonta varias generaciones, replican que es el crudo el gran devastador.

“Si Mansarovar encuentra petróleo, Cumaral vale miércoles”, augura Jairo Ernesto Vaca, que heredó de sus abuelos su pasión por las reses. “Con los de la sísmica fueron días de guerra. Esa empresa perdió plata; venían a un trabajo de dos meses y les llevó diez por los bloqueos. Somos la capital mundial de la carne asada, celebramos el Mundial de la Vaquería, aquí todos los días llega gente de todos lados a vender y comprar ganado. Que nos dejen seguir igual”.

En la inspección de Veracruz, situada en la llanura, un grupo de ciudadanos que promueven la consulta recorre puerta a puerta toda la localidad. Buena parte de los paisanos trabajan en una empresa palmera y aseguran que el salario apenas les alcanza para llegar a fin de mes, pero su precariedad no los empujará a anhelar mejores ingresos en las petroleras. “Esa plata no compensa; en verano sufrimos mucho por el agua, y con petróleo sería peor. Por el futuro de nuestros hijos es que vamos a salir a votar que No”, afirma Amalia Ceballos, presidenta de la junta de acción comunal.

En otro extremo del municipio, en la vereda Chepero Alto, enclavada en la cordillera, Víctor Carranza mira desde su rancho de madera el imponente paisaje. “Yo inicié la resistencia al petróleo en Cumaral en el 2012. Por la sísmica hubo más de veinte derrumbes un 20 de diciembre, aunque la empresa dijo que no era por ellos; esta es una cordillera inestable, muy joven. Ahí empecé la revolución, y ahora somos más”.

El domingo 4 medirán fuerzas. Necesitan 6.000 votos para pasar la consulta.

Blanca Cárdenas, presidenta de la junta de acción comunal del barrio Monserrate de Cumaral, está convencida de que los conseguirán. “Esta tierra es colchón de agua, de recarga hídrica, no hay espacio para la exploración; provoca daños irreparables y solo traerá desastres en la parte social”.

SALUD HERNÁNDEZ-MORA
Especial para EL TIEMPO

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