Armero, la tragedia que nadie pudo evitar hace 32 años

Armero, la tragedia que nadie pudo evitar hace 32 años

Ciudadanos dicen que cada 13 de noviembre hay "promesas de ayuda que nunca llegan".

Armero

Benjamín Herrera y Yuliet Flórez son los protagonistas de la producción de Christian Mantilla, que se rodó en cinco departamentos.

Foto:

Cinecolor

13 de noviembre 2017 , 05:04 a.m.

Ibagué. El 13 de noviembre de 1985, una avalancha de piedra y lodo que descendió del volcán Nevado del Ruiz, sepultó a Armero, sin duda, el pueblo más próspero del Tolima en ese entonces.

Este lunes que se cumplen 32 años de aquella noche negra, miles de peregrinos procedentes de Bogotá, Ibagué, Medellín y otras ciudades, visitan las ruinas de Armero para rendirles un homenaje a las 25.000 víctimas que dejo la tragedia.

Las ruinas de Armero, que están a lado y lado de la vía, se llenan de miles de hombres y mujeres que todo el día caminan de un lado a otro contando historias de lo que sucedió esa noche. Familias enteras se congregan en algunas tumbas, pero la más visitada es la de ‘Omaira, la niña de 12 años que murió y se convirtió en símbolo de la tragedia.

“Yo no vengo a revivir esa tragedia, no me parece bien vivirla en cada aniversario, lo mejor es congregarnos como familia, pero no para venir a llorar, sino para recordar la belleza de nuestro pueblo, su riqueza y la grandeza de todos los hijos de esta tierra”, afirmó una mujer que perdió a diez miembros de su familia.

El acto grande de este día es una eucaristía a las 10 de la mañana presidida por unos diez sacerdotes, pero en medio de los recuerdos los sobrevivientes, que habitan en Armero-Guayabal, pueblo que nació después de la tragedia y que está a 5 kilómetros de las ruinas, no olvidan que vivieron en la zona más atractiva de ese entonces en el Tolima, incluso, con más turistas y comercio que Ibagué.

“Vivíamos en el pueblo más próspero del departamento, en ese entonces nadie se quejaba del costo de vida ni hablaba de pobreza o desempleo”, afirman algunos sobrevivientes y afirman que todo ocurrió tras el deshielo del Nevado del Ruiz, un volcán cónico a 5.321 metros de altura, compuesto por múltiples capas de lava endurecida, piroclastos y cenizas volcánicas, ubicado en límites de Caldas y Tolima, cuyo acceso se hace por Manizales y es de gran atracción turística por los termales, rutas para escaladores en hielo y miradores.

Gustavo Prada, presidente de la Corporación Casa Armerita, que congrega a 5.000 sobrevivientes, aseguró que, antes de la tragedia, la plata sobraba pues alrededor del parque funcionaban Bancos como el Cafetero y Comercio, así como la otrora Caja Agraria.

“Los 5 bancos y el comercio movían 400 millones de pesos diarios y el último día de septiembre de 1985 (45 días antes de la tragedia) el sistema financiero de Armero tenía cerca de 500 millones de pesos en cuentas corrientes y 270 en ahorros, con una cartera que llegaba a 1.000 millones”, afirmó Prada.

Todo quedó sepultado porque el volcán expulsó arena caliente que derritió la nieve y al formarse una avalancha de piedra, lodo y agua, esta bajó a las 11 de la noche por el río Lagunilla y sepultó en el fango a este pueblo que tenía 40.000 habitantes. Además, arrasó con 4.200 viviendas, 20 puentes y vías.

'Fue un milagro que sobreviviéramos 15.000 personas', dice el mecánico Ricardo Orozco y no olvida que esa noche vio por última vez a su hija Rosalba, que tenía 20 años

“Fue un milagro que sobreviviéramos 15.000 personas”, dice el mecánico Ricardo Orozco y no olvida que esa noche vio por última vez a su hija Rosalba, que tenía 20 años y ni siquiera su cuerpo sin vida encontró. También perdió a otro hermano mecánico que era el más solicitado de la región.

Los sobrevivientes no olvidan que al día siguiente los cadáveres los recogían en volquetas y los apilaban frente a la alcaldía. Eran llevados a una fosa común del cementerio y apenas se llenó tuvieron que amontonarlos y quemarlos para evitar una epidemia.

“Por las calles bajaban piedras enormes, mucho lodo y los carros eran arrastrados como si fueran de papel”, dijo María Eugenia Ríos, una anciana que vivía en el barrio El Recreo, detrás de la iglesia El Carmen.

No era para menos porque el volcán, que llevaba meses arrojando cenizas, expulsó gases, materiales y aires calientes que derritieron un casco de nieve y produjeron una avalancha de agua, piedras, escombros y lodo que bajó a unos 60 kilómetros por hora por el cauce del río Lagunilla.

A las 11 de la noche la avalancha sepultó a unas 25.000 personas que dormían en sus casas. No se salvó ni el alcalde de la época, Ramón Antonio ‘Moncho’ Rodríguez, quien a diario repetía que el volcán era una “bomba de tiempo”.

Eran llevados a una fosa común del cementerio y apenas se llenó tuvieron que amontonarlos y quemarlos para evitar una epidemia

Un vendedor de CD, que se ubica a la orilla de la carretera, junto a las ruinas, considera que “hubo exceso de confianza porque la abundante caída de nieve durante el día fue un campanazo de alerta para todos”.

“Nos faltó malicia indígena, todos debimos desocupar el pueblo ese día”, relató el vendedor que perdió a 5 familiares.

Gustavo Prada, director de la Corporación Casa Armerita, afirma que nadie hizo nada para evitar la tragedia pues “todas las autoridades de Colombia y hasta los habitantes de Armero, sabían de antemano que una tragedia podría ocurrir”.

“Los geólogos habían advertido de las posibilidades de una avalancha por la actividad del volcán nevado del Ruiz y el tema se debatió hasta en el Congreso de la República, pero nadie pudo detener ese desastre”, aseguró Prada que le brinda orientación a sobrevivientes en los municipios vecinos de Lérida y Venadillo. A otros miles de hombres y mujeres consumidos por la pobreza, es fácil ubicarlos en barrios humildes de Ibagué.

“Los armeritas son judíos errantes, están por todas partes en busca de ayudas que no llegan”, dice Prada.

De la parte jurídica sobre posibles responsabilidades, se conoce que en 1991 el Tribunal Administrativo del Tolima falló una demanda instaurada por sobrevivientes que perdieron a sus padres. La reclamación argumentaba perjuicios morales y daños materiales, al considerar que “ni la Nación ni el departamento del Tolima hicieron nada para evacuar a la población”.

“El fallo señaló que por fuerza mayor era imposible evitar la tragedia y que nadie puede predecir el día o la hora de una erupción volcánica”, aseguró Gustavo Prada quien les recordó a todos que esta población, primero, llevó el nombre de San Lorenzo y el 29 de septiembre de 1908 fue erigido como distrito municipal, según decreto firmado por el presidente Rafael Reyes. En 1930 tomó el nombre de Armero, según ordenanza de la Asamblea del Tolima en memoria de José León Armero, un prócer de la Independencia que terminó fusilado por el Ejército español en el municipio de Honda.

Los sobrevivientes se quejan y afirman que, cada 13 de noviembre, es la misma historia cargada de ceremonias “que no dejan nada bueno”.

Afirman que, cada 13 de noviembre es lo mismo: "gente, recuerdos, misas, discursos, promesas de ayuda que nunca llegan y todos nos dicen: pobrecitos, pero nadie hace nada por nosotros”.

FABIO ARENAS JAIMES
CORRESPONSAL EL TIEMPO
IBAGUÉ

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