La tierra que pisó Yerry Mina antes de llegar al Barcelona

La tierra que pisó Yerry Mina antes de llegar al Barcelona

Mina corrió descalzo por tierras del Cauca, epicentro de la cruenta guerra que ha asolado al país.

Presentación de Yerry Mina en Barcelona

Los pies de Yerry Mina y sus botas, con la bandera de Colombia, en el césped del Camp Nou durante su presentación como nuevo jugador del FC Barcelona.

Foto:

Alberto Estévez / EFE

14 de enero 2018 , 10:30 p.m.

No hace muchos años, Yerry Mina pisó descalzo los campos verdes frescos, verdes biches y claros del norte del Cauca, epicentro histórico de la confrontación armada del país.

Muy cerca de las tierras en donde él jugaba cuando aún no era profesional, en el año 2011, pasó huyendo el entonces número uno de las Farc, Alfonso Cano.

Conocedores del conflicto armado cuentan que el entonces líder de esa guerrilla había bajado sigiloso de las montañas de la cordillera Central hasta las llanuras de Guachené –población de amplios cañaduzales donde el 23 de septiembre de 1994 nació el futbolista–. Cano se abría paso hacia Suárez, donde moriría en un vasto operativo de las Fuerzas Armadas.

El entonces hombre más perseguido de Colombia –en su búsqueda participaron 10.500 unidades del Ejército con apoyo de la Fuerza Aérea– había seguido el camino que a sangre y fuego abrió la columna ‘Jacobo Arenas’, bautizada así en honor a uno de los ideólogos originales de esta organización insurgente. En su accionar, esta guerrilla creó tres columnas móviles para atacar por sorpresa y emprender de inmediato la huida. Las otras dos eran la ‘Teófilo Forero’ y la ‘Mariscal Sucre’.

La ‘Jacobo Arenas’ sabía de las bondades del departamento para la guerra de guerrillas. Sus pobladores narran que se trata de un territorio bendecido por Dios, mientras que los forajidos creen que no puede haber mejor santuario. Se trata de una tierra de extraordinaria naturaleza. Va desde la costa Pacífica hasta cúspides que llegan a los 4.646 m. s. n. m.; como el activo volcán Puracé, que en estos días de enero luce sus nieves, por lo cual en el departamento corren hoy ráfagas de frío.

Luchas y refriegas

“El Cauca es parte de un corredor estratégico de movilidad de armas y droga, que comunica a los departamentos del Cauca, Tolima y Valle”, dice en un análisis la investigadora Fernanda Espinosa Moreno, historiadora y magíster en Estudios Políticos de la Universidad Nacional. ¿Por qué? “La geografía del corredor desplegada en el departamento cubre territorios estratégicos”, explica ella, que “no se limitan al dominio de la carretera Panamericana y las salidas al mar”, también incluyen un historial de luchas sociales lideradas por obreros, indígenas y negritudes.

Cuando el 21 de mayo de 1851 fue proclamada la abolición de la esclavitud en Colombia por parte del gobierno de José Hilario López, el segmento más combativo de la población negra se asentó en el norte del Cauca, y desde entonces no ha cesado en sus reclamos para mejorar sus condiciones de vida. Han sido pugnas que en ocasiones se han saldado con muertos y graves heridos.

Todas las guerrillas existentes creyeron que aquí se daban las condiciones objetivas para alimentar la insurrección: grandes hacendados, riquísimos terratenientes,
una clase política distante y una población que naufragaba en la pobreza. Por eso, al mirar el mapa es inevitable asociar cada uno de sus nombres con estremecedores relatos de violencia. Corinto, Santander de Quilichao, Buenos Aires, Jambaló, Toribío, Argelia, El Tambo, Guachené.

En esta última, por ejemplo, el 11 de octubre del 2011, las Farc atacaron con explosivos una patrulla militar. Aturdidos y malheridos, los uniformados se arrastraron hacia los cañaduzales. Los insurgentes los rodearon y les dispararon hasta no dejar ninguno vivo. Tirados, bajo el sol abrasador, quedaron los cuerpos de dos suboficiales y cinco soldados. Ese día Guachené fue noticia de primera plana.

El departamento del Cauca fue desde finales de los años 90 del siglo XX el laboratorio principal de la guerra en Colombia

Allí también, en junio del 2014, fue el secuestro de una niña por parte de las Farc, en un hecho que conmocionó al país. Acosados por la guardia indígena, los insurgentes abandonaron la camioneta con la menor en una casa campesina del poblado y luego explicaron en un insólito texto llamado 'La verdad sobre la niña de Guachené' que su intención no era hacerle daño a ella sino plagiar a su padre, el comandante de la estación de policía de Padilla.

Todas las guerras

“El departamento del Cauca fue desde finales de los años 90 del siglo XX el laboratorio principal de la guerra en Colombia. Allí, las Farc desarrollan su metodología de guerra en el marco del llamado ‘Plan Caquetania’, que tenía el propósito de conquistar el occidente del país. Entre tanto, los paramilitares iniciaron el proceso de colonización del Pacífico con el bloque Calima, y el Eln, por su parte, comenzó en la parte del centro y del sur su estrategia de secuestros masivos, como el de la iglesia La María”, dice Ariel Ávila, subdirector de la Fundación Paz y Reconciliación.

Ávila agrega que en estas tierras del Cauca sus pobladores han padecido como pocos. “El departamento tiene el triste récord de poseer las localidades con el mayor número de hostigamientos. Por ejemplo, está Toribío, que recibió más de 600 tomas y ataques en el marco del conflicto”, argumenta Ávila.

“La histórica presencia de guerrillas en este territorio inicialmente estuvo relacionada con la ubicación geoestratégica de este, la cual permitía su movilidad
y repliegue; sin embargo, la persistente conflictividad social, la creciente inequidad, la ausencia de liderazgo político y la incapacidad del Estado llevaron a que estos grupos armados ilegales tuvieran en algunos casos una relación cercana con la población”, explica en Popayán Eduardo Andrés Chilito, docente del Departamento de Ciencia Política de Universidad del Cauca.

Delirio y demencia

Desde Guachené se ven las faldas de la cadena de cúspides que forman un macizo espléndido, de belleza incomparable, donde la neblina se posa con frecuencia y en la que aún corre el fantasma de hechos por el cual los más viejos se santifican al recordar. Por ejemplo, lo ocurrido entre noviembre de 1985 y enero de 1986 en Tacueyó, cuando Fedor Rey, que se hizo llamar ‘Javier Delgado’, y su lugarteniente más cercano, Hernando Pizarro Leongómez, asesinaron a sangre fría a 164 de sus compañeros de una guerrilla que se llamó ‘Ricardo Franco’.

‘Delgado’ era un hombre de confianza de Jacobo Arenas en las Farc, en donde había militado durante años, pero tenía un delirio de grandeza que lo llevó a creer que él sería capaz de fundar una guerrilla más poderosa para tomarse el poder. Entonces se fugó con un millón de dólares y formó su propio grupo. Poco a poco, su estructura creció. Un estudiante iluso, un campesino de la región, un humilde muchacho que soñaba con la revolución. Eran casi 200 combatientes los que lo seguían con fe ciega, hasta que un día se despertó con la idea de que entre ellos había gente infiltrada de las Fuerzas Armadas.

Entonces amarró a media docena de ellos y ordenó torturarlos hasta que confesaran. En medio de las atrocidades, un niño de 15 años imploró que no le hicieran más daño y que sí, que era verdad, que él en realidad era un oficial del Ejército Nacional. El jovencito y sus más cercanos murieron acuchillados.

Hubo algunos que protestaron porque sabían que era imposible que a la edad del muchacho fuera quien decía ser. Delgado interpretó eso como que un gesto de solidaridad con los traidores y ordenó hacerles lo mismo. En esta espiral asesinó así a casi todo el grupo, en la mayor matanza de este tipo de la que se tenga memoria en el país. La mayor parte fueron descuartizados. “Para no gastar balas”, argumentó Delgado.

Las imágenes de las fotografías de sus víctimas con cadenas amarradas a sus pies, manos y cuello, mientras esperaban su ejecución, forman parte de las páginas más vergonzosas de nuestra historia.

Para el profesor Chilito, el Cauca ha sido escenario de algunos de los fenómenos que más han fracturado la sociedad colombiana. En este departamento, cuenta, es más notorio que en cualquier otro lugar la tremenda inequidad que nos ha impedido a los colombianos desarrollarnos, “por ejemplo, en lo económico se mantienen formas de organización como la hacienda, la cual ha facilitado desde tiempos pasados el sometimiento de campesinos, indígenas y afrodescendientes”, y ahora en las décadas más recientes, el problema del narcotráfico. “Todos los ilegales han buscado aquí su botín para financiarse”, dice el profesor. “En esta tierra crecen silvestres la coca, la amapola, la marihuana”, enumera.

¡A conquistar!

Cauca tiene una extensión de 30.000 kilómetros cuadrados, donde habitan 1’400.000 habitantes. De estos, el 58 por ciento vive en la pobreza y el 25 por ciento, en pobreza extrema. Más de la mitad de la población, el 54 por ciento según las cifras oficiales, no tiene las condiciones básicas necesarias para vivir. Ambos ítems superan el promedio nacional.

Y, sin embargo, en semejantes condiciones surgen cada tanto hombres de cuerpos privilegiados, invencibles. En este paisaje nació, creció y se hizo fuerte Yerry Mina, hoy de 23 años y de 1,95 metros. Él pertenece a esa generación de muchachos de una tierra en la que ninguno de sus 42 municipios se ha salvado de tener al menos un hecho de sangre por la violencia armada.

Esta fue la tierra que pisó Yerry Mina cuando jugaba descalzo y con una pelota de trapo. Su vida simboliza, sin embargo, la fortaleza del que cree. El sábado pasado mostró ante cientos de fotógrafos sus pies desnudos en el mimado césped del Camp Nou. Lo hizo porque, explicó en la concurrida rueda de prensa: “Con las plantas de tus pies tocarás el terreno que quieras conquistar”.

Iba con el uniforme que también usaron en otros tiempos Kubala, Johan Cruyff, Guardiola, Romario, Maradona, Ronaldinho, entre otros, y ahora su compañero de equipo Messi. Pero esa es otra historia.

ARMANDO NEIRA
EL TIEMPO
En Twitter: @armandoneira

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