En el Meta quieren pasar ya la página de la guerra

En el Meta quieren pasar ya la página de la guerra

A través del arte y la reconciliación, lanzan iniciativa para dejar atrás la polarización política.

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A la iniciativa se unieron jóvenes, artistas, víctimas y desmovilizados.

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Hernando Herrera / EL TIEMPO

18 de noviembre 2016 , 10:48 p.m.

Jóvenes llaneros lanzaron la campaña ‘Pazemos la página’ para dejar de pensar los acuerdos de paz en clave de polarización entre los del ‘Sí’ y los del ‘No’.

“Debemos reconocernos, desde los diferentes sectores, como actores en la construcción de paz”, indicó Laura Uribe, una de las organizadores de la iniciativa.

En el departamento del Meta se impuso el ‘No’ el 2 de octubre con un 64 % de los votos. También en su capital, Villavicencio. Pero en municipios como Uribe, Vista Hermosa, Mesetas y La Macanera, escenarios emblemáticos del conflicto, el triunfo fue del ‘Sí’.

Desde esos municipios llegaron jóvenes al parque de la Gobernación en Villavicencio y lanzaron la campaña en medio de un evento realizado el 9 de noviembre con música, pintura, teatro y una vigilia por la paz.

Esperanza Duque, profesora de la Universidad de los Llanos, invitó a sus estudiantes a unirse a la campaña. “La mejor respuesta es levantar banderas blancas por la paz, para que hagan sentir y sientan que el mundo les interesa. La apatía de una masa tan grande como ustedes los jóvenes le está causando mucho daño al mundo”, les dijo.

‘Diálogos improbables’

La profesora Duque también está vinculada a proyectos sociales. Desde el año pasado, se ha dedicado a trabajar con la Oficina del Alto Comisionado para la Paz en el fortalecimiento de capacidades para la transformación de conflictos a través del diálogo.

Con capacitaciones y proyectos dirigidos, buscan que las comunidades diriman las diferencias sin recurrir a las armas, “que descubran aquello que los une en lugar de dedicar toda una vida a enfrentarse por aquello que los desune”, agrega.

Por eso son diálogos entre improbables, que nunca han hablado o han tenido diferencias y se reúnen para avanzar. Ese es un proceso que aborda la literatura de Construcción de Paz, explica Carlos Fernández, asesor territorial que trabaja de la mano de la Oficina del Alto Comisionado para la Paz.

Cambiar armas por paz

El 31 de octubre, en Uribe, Meta, se realizó una vigilia por la paz en la que participaron miembros de las Farc.
“Esa vigilia fue bastante emotiva”, relató Yenny Moncada, una de las jóvenes que lanzó ‘Pazemos la página’ y que los acompañó. “Vimos cómo en un lugar tan azotado por la violencia realmente vivía la reconciliación y la paz. Líderes indígenas, campesinos, cocaleros y los guerrilleros coincidieron en que la mejor forma de sacar este país adelante es la paz”.

Moncada dijo que esa noche transcurrió en calma. En lugar de armas, se empuñaron instrumentos. Lo que más le conmovió fue el reencuentro de guerrilleros con sus familias. “Muchos fueron a tientas de saber si su hijo o su familiar estaban allí, y algunos lo encontraron”, dijo.

Cuando en el parque de la Gobernación se organizaba la tarima y pintaban un cartel con el nombre de la campaña, un hombre se acercó para saber qué estaban haciendo.

“¿Y usted qué hace aquí? ¿Cómo ha estado? Está acalorado, ¿lo acalora ese aparato ahí?”, le dicen.

Debajo de su camisa llevaba un chaleco para proteger su vida. Desde hace una semana recibió el amparo de una tutela para defender su derecho a la vida y a la paz.

A pesar de haberse desmovilizado hace 16 años y convertirse en líder social, capacitarse y emprender en el que sería un proceso exitoso de reintegración, todavía tiene miedo.

Grupos armados que lo hostigan por defender causas sociales, por haber transformado su vida, y en la legalidad, velar por los derechos de las comunidades, lo han obligado a caminar en una ciudad donde no está su casa.

El retorno implica un riesgo: que lo agredan otra vez o que las amenazas en su contra se materialicen.
“He pensado en irme, en pedir asilo. Si vuelvo es lo mismo”.

“Es mejor. Porque todos los espacios que están dejando están siendo ocupados”, le respondieron.

Renaciendo entre las cenizas

Un grupo de mujeres con flores, cruces y velas, recordaron a sus hijos desaparecidos. Fueron a Villavicencio para representar la obra de teatro ‘Anunciando la ausencia’.

Paulina Mahecha, una de ellas, acomodó en una mesa una muñeca y al lado una foto de una muchacha sonriente y de tez blanca. Es el recuerdo de su hija, María Cristina Cobo, una enfermera que hacía su año rural en Calamar (Guaviare), cuando fue desaparecida por los paramilitares en abril del 2004.

Paulina quiere que más madres luchen como ella, que, a pesar de haber abierto 120 huecos en la tierra y no encontrar a su hija, ha “renacido entre las cenizas”.

Aunque nunca alcance completa paz, hoy el teatro es su catarsis.

ANDREA MANTILLA ÁLVAREZ
Escuela de Periodismo Multimedia de El Tiempo

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