Aranzazu, el pueblo que lucha contra el estigma del trastorno bipolar

Aranzazu, el pueblo que lucha contra el estigma del trastorno bipolar

Este pequeño municipio de Caldas tiene uno de los registros más altos de este padecimiento.

Aranzazu

El grupo de trabajo en Aranzazu atiende a la población con la ayuda de habitantes del municipio.

Foto:

Cortesía Juliana Gutiérrez

18 de diciembre 2017 , 07:36 p.m.

La primera vez que la hermana de César López presentó los síntomas del trastorno bipolar afectivo tenía 22 años. Ocurrió hace más de 40 años. Nadie pudo darles una explicación.

Él, entonces con un poco más de 10 años, tuvo que empezar a hacerse cargo de su hermana.

“Las familias ocultaban estos casos –señala César–; no querían que la gente se enterara de que tenían una persona mentalmente enferma; por eso, cuando se presentaban los eventos la gente los guardaba, y poco se sabía sobre los tratamientos”.

La hermana mayor de César recibió medicamentos y terapias de electroconvulsión, pero nada le ayudó. La brillante mujer que estudiaba economía en la Universidad Libre de Pereira, era buena para los números y excelente persona, se fue perdiendo en su propia mente.

“Yo fui saliendo adelante poco a poco –recuerda César–; me tocó muy duro, pero fui lográndolo y me pude hacer cargo de ella. Para nosotros, en esa época era difícil, algunas familias tenían que recurrir a amarrar a sus seres queridos. Nadie sabía qué hacer”.

Este es solo uno de los múltiples casos de trastorno bipolar registrados en Aranzazu, en el norte de Caldas, un municipio ubicado a 51 kilómetros de Manizales.

Este pequeño pueblo, anclado en la vertiente occidental de la cordillera Central es tristemente célebre por ser el municipio con mayores registros de este padecimiento por cada habitante.

Informes mundiales indican que los trastornos bipolares se registran en un 2 por ciento de la población. Según la Dirección Territorial de Salud de Caldas, alrededor del 5 por ciento de la población de Aranzazu tiene algún tipo de trastorno bipolar, cifra elevada para un tranquilo pueblo de 11.500 habitantes.

Es la mayor incidencia de esta enfermedad mental en el departamento, y, según el Ministerio de Salud, podría ser una de las más altas del país (aunque sobre esto no hay certeza porque la Encuesta Nacional de Salud Mental 2015 –el mayor estudio hecho sobre el tema– no tuvo representatividad municipal).

No obstante, Nubia Bautista, coordinadora del Grupo de Gestión Integrada para la Salud Mental del Ministerio, señala que se ha consultado por medio de los registros individuales de servicios, es decir, la cantidad de pacientes que van a consulta por este trastorno. El resultado es de 1,9 consultas, mientras que en el país es del 0,2; es decir, la cantidad de consultas en Aranzazu es nueve veces mayor que en el resto del país.

El trastorno bipolar afectivo es un padecimiento que causa dos estados de ánimo: uno depresivo y otro de una alegría extrema. Los episodios de exaltación son catalogados como hipomanía, es decir, cuando la persona tiene una gran felicidad, lo cual la puede llevar a actuar sin ninguna razón, y también pierde el sueño.

Cuando el trastorno las sumerge en una profunda depresión, las personas se aíslan, y puede llevar a que sus familiares no identifiquen a tiempo lo que padecen, llevándolos, en el extremo de la situación, a quitarse la vida.

Para el alcalde de esta población, Jorge Willian Ruiz, Aranzazu es un municipio donde es recurrente el trastorno afectivo bipolar, pero que ha sido abordado de manera integral por las instituciones del departamento.

“Estas enfermedades están cubiertas por el POS; las EPS están obligadas a atender –indica el mandatario local–, pero, ante la crisis que vive el sistema de salud, hemos caído en cuenta de que no podemos confiar solo en ellos, por eso hemos tomado la iniciativa de unir esfuerzos para trabajar por la comunidad”.

El municipio cuenta con la ESE San Vicente de Paúl, un hospital de primer nivel en el cual se creó un grupo interdisciplinario para atender a las personas que padecen el trastorno. La Dirección Territorial de Salud de Caldas, a través de convenios, aporta alrededor de 50 millones de pesos, mientras que la Administración y el Hospital disponen de los profesionales.

El hospital atiende, en este momento, alrededor de 600 personas con trastorno bipolar.

La teoría del gen paisa

Para Juliana Gutiérrez Alzate, coordinadora del equipo de trabajo, esta problemática ha sido abordada durante muchos años, por lo que se puede hablar de antecedentes en materia de investigación que permiten abordar la razón por la cual Aranzazu tiene los altos índices de este trastorno.

“Una de las causas por las que más se cree que se presentan estos padecimientos es por la endogamia (apareamiento entre parientes) –asegura Juliana–; estas poblaciones tienen descendencia de Marinilla, Antioquia, donde esta práctica tiene una tendencia alta”.

Miembros de las universidades de Antioquia y Caldas han realizado investigaciones al respecto. Otros se han aventurado a llamarlo la teoría del gen paisa, una tradición que en otra época se veía mucho en las familias para conservar su apellido.

“Nosotros somos una descendencia de los marinillos, en Antioquia –aclara César–; Aranzazu fue fundado por antioqueños, y se supone que compartimos la misma genética, esa es una de las causas más fuertes por las que hemos vivido con esta enfermedad. A eso súmele que en este pueblo es muy difícil relacionarse con los alrededores, por eso estuvimos más aislados”.

El equipo de trabajo que ahora atiende a las familias no es el primero, desde mucho antes se han creado grupos y alianzas para atender la problemática. No obstante, los esfuerzos van decayendo ante la falta de apoyo, y todo queda en promesas.

“Esta alerta la tenemos desde hace tiempo –explica Nubia Bautista–; la endogamia se da al ser una población tan pequeña, esto potencia el hecho de que el trastorno tenga un componente genético alto. Pensilvania, en Caldas, también tiene tasas elevadas de consulta por trastorno bipolar. Este equipo de Rehabilitación Basada en Comunidad ha ayudado mucho”.

César ha trabajado durante 30 años con todos los grupos que se proponen atender a los ciudadanos de Aranzazu. No pierde la fe de ver cada vez mejor a su hermana.
“Ella ha perdido mucho –cuenta mientras se lamenta–; a veces se le olvida asearse, pero no es una mala persona. Ella suele salir a la calle bien vestida y ponerse a conversar con la gente. Cuando está controlada es una muy buena mujer”.

Este municipio caldense tiene un clima agradable, su temperatura promedio es de 18 grados, un poco frío, pero no tanto como para que sus empinadas calles no permanezcan con el colorido y el bullicio de la comunidad.

La ganadería y los cultivos de café son las principales fuentes de ingreso de los pobladores. El comercio es otro de sus fuertes.

César López, hoy de 56 años, tiene un periódico al que bautizó El Caldense. Tiene una esposa, que no es de su natal Aranzazu, y dos hijos. Su hermana vive con él. La cuida desde siempre.

“Cuando supimos que el tema de los genes era tan fuerte –explica César–, nos dimos a la tarea de buscar relacionarnos más con la gente de otros lugares. Es que cargar con esta herencia es complicado”.

Este hombre se ha dado a la tarea de ayudar a su comunidad a raíz de la experiencia que vivió con su hermana. Desde siempre ha estado vinculado a los proyectos que quieren hacer algo por sus coterráneos.

Un nuevo horizonte

La apuesta de la Administración y el grupo interdisciplinar que trabaja en Aranzazu ha conseguido grandes logros.

En el 2016 se registraron cinco suicidios, el 60 por ciento de estos casos fue entre menores de 15 años; entre julio y diciembre del mismo año, los intentos de suicidio fueron 17.

El psiquiatra encargado de atender a estas personas se llama Felipe Agudelo Hernández, quien se siente satisfecho con lo conseguido hasta ahora, pues el equipo no solo pretende dar atención en salud, sino que también ofrecen espacios de recreación, y tienen intenciones de crear fuentes de ingreso.

Una de las modalidades más comunes de suicidio que anteriormente se veían era el ahorcamiento con cabuya. Hoy, uno de los proyectos de autosostenibilidad que buscan trabajar con la comunidad es que este material sea utilizado para la fabricación de productos para la venta.

“Lo nuevo en Aranzazu es que la gente se unió para sacar este proyecto adelante –cuenta Agudelo Hernández–; los intentos de suicidio y la consumación de estos han disminuido, y eso es bueno”.

Parte del trabajo en este pintoresco pueblo consiste en ser un constante apoyo para las personas que están sumidas en la depresión, decirles que no se encierren, que hay un grupo de personas dispuestas a ayudarlas.

Gloria Saldarriaga, coordinadora del Programa de Salud Mental de la Dirección Territorial, sostiene que la sociedad no debería estigmatizar a los habitantes de este municipio, pues una persona con trastorno bipolar que sea atendida a tiempo y con lo necesario es perfectamente funcional.

“Nosotros lo que necesitamos es apoyo nacional –aclara Gloria–; no es justo que estigmaticen a todo un municipio, cuando lo que debemos hacer es ayudarlos. Una persona atendida a tiempo es una persona que puede trabajar y ser útil para su sociedad”.

El diagnóstico de esta enfermedad se empieza a dar en la adolescencia; suele ocurrir que los primeros síntomas florecen en esa etapa, en la que la actitud de los jóvenes se disfraza de cambios hormonales, por lo que luego se hace demasiado tarde.

En muchas ocasiones, las familias esperan hasta que se presente un episodio grave, y ya después de los 30 años se ha deteriorado notoriamente la calidad de vida del paciente, lo que genera un proceso lento del ingreso a la vida laboral.

Poco a poco, el grupo va desarrollando las ideas para empezar a cultivarlas el próximo año. Esperan que los intentos de suicidio y el aislamiento continúen bajando.

“Me parece que son proyectos que ayudan –resalta Gloria–; esto se trata es de ayudar, y la comunidad está viendo que hay un interés, lo cual es positivo”.

César ha sido fuerte, el amor por su hermana lo ha puesto a trabajar por las demás familias que tienen a un ser querido en esta situación. Agradece la llegada de los profesionales que le ayudan a acercarse más a sus paisanos. A ser más consciente de lo que está en juego.

Ama su pueblo, la tierra que lo vio nacer. Dice que la mentalidad de la gente sobre el trastorno bipolar afectivo ha cambiado, que Aranzazu es más maduro.

“Nos dimos al dolor de que es una enfermedad con la que tenemos que lidiar”, dice César.

MIGUEL ÁNGEL ESPINOSA BORRERO  
EL TIEMPO
@Leugim40

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