Ni la escasez y, aún menos, el alto costo, han sido impedimentos para que la gasolina que ingresa de manera ilegal de Venezuela siga siendo la más solicitada por los conductores de Cúcuta.
Esta semana pagaron el doble del precio en que la compraban antes de que se registrara el más reciente cierre de la frontera.
Una 'pimpina' de cinco galones que hasta la semana pasada era comercializada por los expendedores informales entre 15.000 y 17.000 pesos, hoy se consigue en 30.000 pesos. El Acpm, en cambio, sale a 5.000 pesos el galón.
"Las ventas se han bajado mucho pero la gente necesita el combustible y lo paga al precio que uno se la venda. Los controles por Venezuela están muy duros y lo que llega es mínimo", confiesa Amparo Gómez, de la Federación Colombiana de Cooperativas.
El alto precio en las calles pareciera beneficiar a los dueños de las estaciones, pero la realidad es que solo un milagro podría impedir el cierre definitivo de estos surtidores de combustible nacional.
CÚCUTA
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