Foto: Plinio Barraza
Pese a la lucha de los bomberos de Floridablanca, más de la mitad de los gatos que debían llevarse se les volaron; pero confían en atraparlos y llevarlos a su nuevo resguardo, es la zona rural.
Las autoridades tuvieron que adecuar un lugar en la zona rural para los animales, que por 20 años vivieron al lado de estudiantes y bomberos.
Cuando Lilia Díaz llegó al lote donde ella y dos de sus vecinas levantaron hace ocho años el mayor albergue de gatos callejeros que se conozca en la región, su primera reacción fue ponerse las manos en la cara y romper en llanto.
Los maullidos de los animales le confirmaron la noticia que minutos antes le había dado su compañera de lucha, Rosalba Córdoba: "Véngase, que se van a llevar los gatos".
Apenas entró al lote, a las 9:45 a.m., Lilia vio que los felinos estaban enjaulados y montados en una volqueta de la Empresa de Aseo de Floridablanca. La 'colonia' llevaba unos 20 años viviendo en la parte trasera de la sede del Cuerpo de Bomberos, al lado de los talleres de la Alcaldía y junto al Colegio Gabriel García Márquez.
"¿Por qué les hacen esto?, para dónde se los llevan?", preguntó Lilia, que vive en el barrio Bucarica, y la voz no le dio para seguir hablando.
Mientras tanto, los mininos maullaban y otros arañaban y mordían las jaulas donde los iban encerrando, al tiempo que la mayoría lograba escapar a la 'cacería'.
Las compañeras de causa, Rosalba Córdoba y Cecilia Gil, que estaban igual o peor de inconformes que Lilia, le contaron que funcionarios de la Secretaría de Salud municipal y 10 bomberos llegaron a las 7 a.m. a llevarse los gatos a un nuevo refugio, en el sector de El Mortiño, en el kilómetro 18 de la vía a Pamplona.
El desconsuelo era evidente en las tres mujeres, pues ellas llevaron la mayoría del mobiliario al lugar, que parece una gran madriguera en la que sobresalen dos jaulas alambradas, de dos metros por dos, y muebles viejos cubiertos con plástico para que los gatos abandonados durmieran, comieran y se protegieran del Sol y de la lluvia.
El 'talón de Aquiles' de la gatera fue la molestia que causaba en el vecindario y el hecho que se haya convertido en amenaza para los estudiantes del García Márquez.
En julio pasado, los papás de los escolares advirtieron que si no se reubicaba a esos animales, dejarían de llevar a sus hijos a clases, pues temían un ataque como el que sucedió en abril en Santander de Quilichao (Cauca), cuando por la mordedura de un gato contagiado de rabia, dos menores murieron y otro, que se pensó estaba contagiado con el virus, tuvo que ser inducido a coma para salvarle la vida. Al final no tenía el virus.
Sobre las 10 a.m., después de corretear a los gatos por toda la estación, de buscarlos dentro de los cambuches y de que tres bomberos fueran arañados y mordidos por los animales, sólo pudieron capturar a 30 animales y con ellos arrancaron para El Mortiño. Hoy continuará el traslado.
Hogar, nuevo hogar
El refugio de El Mortiño es un lote de propiedad del municipio, con 20 hectáreas, donde se construyó una casa para los gatos.
Tiene un cuarto con cajones de madera para que los felinos duerman y otro con comederos y bebederos.
Allí, Cristóbal Santos estará encargado de alimentar y de cuidar a los gatos, y dos veterinarios los visitarán dos o tres veces por semana.
Sin embargo, Alejandro Sotomonte asegura que ese no es el lugar adecuado para los animales. "En 15 días esos gatos ya no van a estar aquí". Explicó que para adaptarlos a un nuevo hábitat los felinos necesitan estar confinados juntos por un tiempo y después se les puede ir liberando poco a poco.
BUCARAMANGA*
*Con reportería de Nohora Celedón
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