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Preocupa aumento de maltrato de animales en Bucaramanga

Foto: Plinio Barraza

Este tigrillo quedó ciego porque sus antiguos dueños, creyendo que era un gato, le daban sólo concentrado y leche.

Un tigrillo ciego por mala alimentación, una guacamaya que no se puede alimentar porque le cortaron el pico y más de un centenar de animales con estrés deja la huella del hombre en sus mascotas.

El mono cariblanco ahora se pasea vivazmente por su jaula, pero en febrero, el animalito estaba estresado y con una infección en la boca que no le permitía ni abrirla.

Sus dueños le limaron los colmillos y le dejaron los conductos nerviosos expuestos a todo contacto. También lo castraron para hacerlo más dócil.

Una denuncia permitió recuperarlo y llevarlo al Centro de Educación Animal y Rescate de Fauna Silvestre de Bucaramanga.

En cuatro años de funcionamiento, allí han llegado 131 animales que han sufrido maltrato y que viven exiliados de su hábitat en casas de gente que los tiene como mascotas.

Lo más grave es que al menos 60 de ellos jamás podrán regresar a su hábitat porque han sido mutilados, han perdido sus instintos o sus sentidos y han generado una dependencia de los humanos.

El caso del mono cariblanco es elocuente. Como le quitaron sus testículos, de ser devuelto a la vida salvaje las hembras no lo reconocerían como macho y los machos lo podrían matar por no tener sexo definido, explica Vladimir Quintero, veterinario del Centro, adscrito a la Corporación para la Defensa de la Meseta de Bucaramanga.

La situación del Centro refleja el problema de tráfico de especies en Bucaramanga y su área metropolitana. Este año, la Policía ha incautado animales avaluados en 2.937 millones de pesos.

Gloria Séfora Lozano, coordinadora de Evaluación y Ordenamiento Ambiental de la Corporación, dice que el alto tráfico se debe a que la ciudad es un punto estratégico a donde llegan especies desde la costa Caribe, el Magdalena Medio y el Catatumbo, que son comercializados en otras regiones del país.

Llama la atención de quienes se han acostumbrado a vivir con animales para que tomen conciencia de los problemas que se les causa al alejarlos de su hábitat y para las mismas personas, pues algunos pueden causar enfermedades complicadas.

Por eso, a quienes aceptan 'adoptar'' a uno de ellos, les explican cómo mantenerlos, qué alimentación darles y en qué condiciones deben vivir.

Otros casos

En el Centro es dramática la situación de un tigrillo, que desde principio de año permanece en una jaula luego de que sus amos lo llevaron allí pero, pese a tener sus garras y la dentadura en pleno desarrollo, no podrá volver a la selva.

El animal, de poco menos de un metro de largo, camina despacio y sigiloso, está ciego y en sus ojos tiene una masa blanca, que nubla su visión. Lo tenían en una casa y lo alimentaban como si fuera un gato. La falta de vegetales que consumen tigres y tigrillos a través de las presas herbívoras que cazan, es probable le haya causado esta enfermedad, explica Quintero.

La crueldad con los animales también lo padeció una guacamaya que ahora se alimenta con dificultad porque el cazador que la tenía le mutiló el pico y este no le volverá a crecer.

Las aves, explica Quintero, son las que menos posibilidades tienen de readaptarse a su hábitat porque lo aprenden todo de su madre y cuando son separadas del nido es muy difícil reeducarlas. En cambio, algunos reptiles, como los morrocoyes, no requieren de mucho para regresar a su casa, pues nacen con la información necesaria para sobrevivir.

Pero este no es el caso de una boa que permanece en el Centro y a la que tienen que darle la comida en la boca porque sus captores le dieron una garrotera en la cabeza y le rompieron la mandíbula.

En ocasiones, el Centro parece un manicomio de animales, pues aves, mamíferos y reptiles presentan conductas anormales y hasta comportamientos compulsivos y algunos se hacen daño a sí mismos porque no soportan el encierro.

Después de recuperar a los animales, son mínimos los que regresa a su hábitat, algunos son enviados a centros de rehabilitación en otros lugares del país, otros van a zoológicos y los más maltratados deben sacrificados por los perjuicios irreparables de su mayor depredador; el hombre.

Trabajo con las uñas

Desde su fundación, el Centro de Educación Animal y Rescate de Fauna Silvestre ha recibido 3.328 animales de incautaciones policiales o de personas que se conmueven de su estado.

El 53 por ciento no pueden ser rehabilitados, porque la entidad no tiene el personal especializado ni los recursos. Allí trabajan un veterianario y dos biólogos, medio tiempo; tres personas se encargan de la limpieza de las jaulas y de la alimentación de los animales.

El veterinario Vladimir Quintero dice que este centro no es un lugar de rehabilitación como sí lo son los cinco existentes en otras partes del país, donde trabajan en la recuperación de especies como el oso perezoso, los monos tití y de aves rapaces como los búhos.

Con reportería de Nohora Celedón
BUCARAMANGA.

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