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Así conquistó los aires en parapente un minusválido santandereano

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Foto: Angelo Canelo

Emeison se lanzó dos veces, el pasado lunes, de Ruitoque e hizo dos sobrevuelos sobre la meseta de Bucaramanga.

Emeison Calle Tarazona es un destacado jugador de baloncesto en España y uno de los mejores de Padesan, club que ha sido la base de la Selección Colombia, dirigida por Orlando Duarte Camacho.

Comienza el vuelo

Emeison apretó los dientes mientras el aire extendía el parapente. Con sus musculosos brazos tomó las ruedas de la silla, miró al abismo y gritó: "¡Arranquemos!".

Acurrucado, William García 'Willy', su instructor y copiloto, comenzó a correr detrás de él con el mando del paracaídas en sus manos.

Las manos de Emeison impulsaron la silla, evitando perder el equilibrio a lo largo de los 10 metros de pendiente, hasta que el parapente se templó por completo y despegó del volador de Ruitoque, desde donde se divisa la meseta de Bucaramanga.

En cuestión de segundos, desde lo alto, Emeison Calle Tarazona, de 34 años, miró a tierra con una sonrisa blanca que decía a todas luces que nuevamente se había salido otra vez con la suya, que nuevamente volaba sobre los obstáculos que le ha puesto la vida desde sus 3 años, cuando fue víctima de la poliomielitis, pena que se sumó a la de la extrema pobreza y a la de haber sido abandonado por su papá, lo que le ha marcado todo un sendero de sacrificios.

Cuando ya alcanzó los 100 metros de altura, 'Willy' empezó a enseñarle a Emison cómo manipular los hilos del parapente para moverse más rápido y buscar las corrientes de aire más dinámicas y así tomar más altura.

Desde abajo el espectáculo era surrealista: las ruedas de la silla giraban lentamente como si el camino que conduce a las alturas fuera pesado, largo y empinado, tal vez similar al que le ha tocado recorrer a Emeison, destacado jugador profesional de baloncesto de la liga Española, a la que llegó hace año y medio luego de jugar cuatro temporadas en los Estados Unidos con tres equipos.

Emeison está feliz. El parapente sigue tomando altura, aunque no tan rápido como él desea, pues son casi las 5 de la tarde y sobre Ruitoque, a media hora de Bucaramanga, el cielo está tapizado de nubes y el aire viaja con un dejo de pereza, que limita el vuelo.

En tierra, otro instructor anota que Emeison ya alcanzó los 200 metros de altura del punto de despegue (que equivalen a 1.600 metros sobre el nivel del mar), pero que tendrá que aterrizar porque las condiciones atmosféricas empeoraron para este deportista que se formó desde los 7 años en el Club Deportivo de Parapléjicos de Santander (Padesan), organización que ha exportado a una docena de atletas y basquetbolistas a los Estados Unidos y Europa.

Entre la docena de observadores está algo tenso Orlando Duarte Camacho -fundador y entrenador de Padesan y quien no tiene limitación física- porque el aterrizaje puede ser muy complicado.

Emeison y 'Willy' se aproximan por el flanco izquierdo del voladero. El primero de ellos vuelve a tomar el control de las ruedas, que deberán comportarse como el tren de aterrizaje de un avión, mientras el instructor estira las piernas hasta tocar tierra.
¡Ahh...! fue un aterrizaje un poco aparatoso; Emeison pierde el equilibrio y cae de espaldas, sin mayor peligro gracias a 'Willy' y a Orlando que se acerca a auxiliarlos.

'Más alto, más lejos'

Pero ahora a Emeison se le ve aburrido. Él quería ir más alto, más lejos, está inconforme, insatisfecho y 'Willy' -con más de 20 mil horas de vuelo- lo nota a simple vista. Ante la llegada de nuevos y mejores vientos decide hacer otro vuelo para que su pupilo complete sus primeras 4 horas, del total de 11 con las que espera verlo volar completamente solo.

De nuevo, la sonrisa blanca de Emeison se dibuja en su tez morena y arranca a volar en su silla, que no puede dejar en tierra porque no tiene movimiento alguno en las piernas y la necesita para aterrizar.

"Soy libre, soy libre", grita al despegar. "Me olvido de todos los problemas de la tierra, me siento libre y en paz", dice. Al cabo de media hora, la pareja vuelve a tierra mediante un aterrizaje perfecto, que Emeison cierra con un grito de éxtasis: "¡No sé caminar, pero sé volar; no sé caminar, pero sé volaaar, volaaarrr!".

Los minusválidos volarán en equipo

"Emeison es un digno representante del tesón de los santandereanos. Qué más puedo pedirle a la vida cuando lo veo volar, cuando lo veo triunfar en el baloncesto internacional, cuando lo veo superarse e integrarse completamente a la sociedad", dice Duarte, un especialista en administración pública que se dedicó ad honórem a esta labor con la población discapacitada, desde 1977 cuando en la secundaria su mejor amigo, José Antonio Rangel, quedó en silla de ruedas.

Duarte asegura que con Emeison se abre el camino para conquistar el parapente.

"Vamos a conformar un equipo de trabajo con el profesor William. Necesitamos la colaboración de unos ingenieros para adaptarles a las sillas amortiguadores para facilitar el aterrizaje. Crearemos un gran equipo de vuelo para llevarlo por todo el mundo", puntualizó.

MANUEL NAVARRO
EDITOR REGIONAL DE ORIENTE
BUCARAMANGA

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