Así quedó a la vista durante el desarrollo de Biocasa, un evento organizado por la Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol).
El arquitecto e ingeniero alemán, Gernot Minke, mostró como barro, tierra, muros en adobe, bambú, grama silvestre, son algunos de los materiales que ha utilizado en sus sistemas constructivos ecológicos.
Así lo hizo en un proyecto único, no convencional, con un alcance social, el mercado campesino de la Ecoaldea el Pueblito Acuarela, localizada en el municipio Mesa de los Santos, en Bucaramanga.
Es una propuesta desarrollada en conjunto por dos ecologistas visionarios y soñadores, quienes presentaron su experiencia en el V Encuentro Internacional de Hábitat Sostenible, BIOCASA.
Al lado del alemán Minke está el colombiano Leonidas Gómez, gestor del turismo de aventura en Santander, ambos enamorados de la arquitectura ecológica y de profundas convicciones medio ambientales.
"La aldea es un laboratorio de paz, de integración de la sociedad, un sitio pedagógico, que juega un papel aglutinador y de preservación del medio ambiente, con un mensaje: las cosas son posibles, todos somos ecologistas en potencia", aseguró Gómez, quien demostró a los empresarios que han recorrido el camino comercial y convencional, que sí son posibles los proyectos sustentables en nuestro país.
El mercado campesino entregado en mayo de este año, con la capilla, las pérgolas y la puerta urbana, son las obras de la primera etapa de la aldea ecológica, planeada en diez etapas en un periodo de construcción de cinco años.
El mercado campesino, el cual beneficia a 160 familias de cuatro municipios del sector y es punto de encuentro turístico en la zona, se realizó bajo la supervisión de Minke, quien formó un equipo de albañiles para su construcción, en tierra cruda y techos vivos.
La importancia de la tierra cruda radica en que es el material de construcción más auspicioso y sustentable por su disponibilidad en todas partes y a todos los niveles sociales, además no genera deforestación ni emisiones contaminantes porque no requiere leña, carbón ni electricidad para su procesamiento y utilización. Hay que resaltar que la principal función de la tierra es regular la humedad y el clima, por tanto los adobes crudos, el bareque y las tapias pisadas producen un efecto térmico al interior.
Se logra que las construcciones resistan el efecto de los terremotos, de una manera simple pero efectiva, ya que no utiliza ni columnas ni vigas de concreto armado. Asimismo, los techos y la estructura de madera tienen suficiente ductibilidad para absorber el movimiento.
La técnica novedosa que se utilizó fueron los techos vivos, el complemento ideal para los muros de tierra para producir el efecto bioclimático. Estos se construyen muy fácil, con un cielo de madera o guadua, con una tela de plástico resistente, con una capa de tierra para sembrar césped o cualquier planta silvestre.
Acuarela como asentamiento sustentable, tiene talleres y laboratorios propios para la investigación y experimentación de tecnologías limpias y apropiadas. Tiene una fábrica propia de adobes con los obreros de la región y adelante trabajo para incorporar la energía solar y eólica, y desarrollar pinturas indelebles con tierras coloridas de la región.
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