La suerte del Club San Fernando está tan enredada que no es clara ni la presunta muerte de Bernardo Pinzón Rivera, quien lo compró en el 2006.
El negocio de esa sede, en el sur de Cali, se produjo bajo una polémica de socios. En julio del 2006 Pinzón acordó con la junta un pago de 21.500 millones. El Club recibió un cheque postfechado por 2.586 millones de pesos, aparte de seis propiedades.
En octubre siguiente la oferta se redujo a 18.000 millones a la espera de un acuerdo concordatario y que el Concejo aprobará un cambio del Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Cali para que el uso del suelo permitiera allí un centro comercial. Esa decisión es objeto de discusión.
En febrero pasado se perdió la pista de Pinzón y desde septiembre se dice que lo mataron en España.
Hernán Darío Escobar, quien ha oficiado como su abogado, dijo no puede confirmar esa muerte. Lo cierto es que el cheque no ha podido ser cobrado.
Cuando se hizo el negocio se argumentó que eso salvaría al Club de sus deudas por 7.000 millones de pesos.
La demolición de las antiguas y tradicionales instalaciones se produjo en mayo del 2007.
En el predio solo quedan esocmbros, algunos árboles y abandono por toda parte. El Comité de Defensa Institucional del Club sostiene una lucha jurídica desde antes de la venta. Hay procesos diversos. No solo está enredado el cheque de 2.583 millones.
Hay procesos con predios que fueron entregados como parte de pago. Uno es una cancha de fútbol, una de la parte de la cual es reclamada por otro particular.
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