Lo que empezó siendo un trabajo universitario, se convirtió en una alianza estratégica de la academia y la técnica artesanal.
Todo empezó cuando Sebastián Gallego, de 19 años y Lina Velásco de 20, escucharon que el propósito de este semestre, en el curso de Espíritu Empresarial, dictado en la Universidad Icesi, era formar una empresa que trabajara como materia prima la hoja de plátano.
"El proceso de investigación fue largo, necesitábamos conocer a fondo cuales eran nuestras posibilidades. Descubrimos que la cáscara de plátano, después de un proceso de secado, se convierte en un material que es similar a la cabuya. A eso se le llama calceta", comenta Velásco.
Con tan solo ocho semanas para construir una empresa, ponerla a producir y reportar sus ganancias, el tiempo se desvanecía entre llamadas telefónicas buscando proveedores, presupuestos estimados, logística y estrategias de mercadeo.
"Pero alguien nos contactó con Nelly Lara, una artesana de Siloé, que convertía la calceta en tapas para libros, agendas y separadores. Luego descubrimos que, con la microempresa que ella tiene, ayuda a toda una comunidad. Eso nos enamoró del proyecto", cuenta Sebastián.
Por eso, después de que terminen su trabajo universitario, estos dos estudiantes se han propuesto como meta personal y profesional, trabajar de la mano con Akardo, la microempresa que formó Nelly hace 6 años, para implementar todos los conocimientos adquiridos como administradores de empresas, ayudándola a mejorar la estructura de su negocio y por ende, los procesos de producción.
De esta manera, estos 'tres mosqueteros' se unieron para convertir un proyecto de vida en un negocio sólido, autosostenible, que pueda convertirse en una empresa proyectada a crecer y así poder asegurar, de manera continua, el trabajo de madres cabeza de familia de la comuna 20, en la ladera caleña.
El apunte
Microempresa a punta del reciclajeAkardo trabaja en pro de la ecología, dice la artesana Nelly Lara. Por eso, todos sus productos nacen a partir de procesos de reciclaje.
A veces el trabajo disminuye y por ende la mano de obra, pero ella nunca ha dejado de producir mercancía en su taller ubicado en el barrio El cortijo de la comuna 20.
Sebastián y Laura quieren ayudarla a encontrar nuevos canales de distribución para los productos y así seguir promoviendo el cuidando del ambiente.
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