Desde que pisó de nuevo tierra vallecaucana, llantos, abrazos, lágrimas, papayeras, danzas y canciones rodearon a la deportista que ganó bronce en lucha en los Juegos Olímpicos de Pekín.
El triunfo unió a toda una comunidad. Su familia, amigos cercanos, compañeros de entreno, vecinos y el alcalde de Cali, Jorge Iván Ospina, se reunieron para escoltar a la luchadora desde el aeropuerto SAlfonso Bonilla Aragón.
Desde las 5:30 las personas se empezaron a conglomerar en la esquina de la Bombonera. Con papelillos de colores en amarillo, azul y rojo, colgados de las ventanas y puertas de las casas, los vecinos de la playa salieron de sus casas para cantarle a Jacqueline mientas caminaba hacia la tarima que habían dispuesto desde la noche anterior.
Todos ponían a destiempo desde sus casas y cantaban a todo pulmón, a ritmo de folklor fusión "Jaqueline Rentaría Orgullo de Siloé". Ella, cargada en hombros, ondeaba la bandera de Colombia con su mano derecha, mientras con la izquierda empuñaba la medalla que le trajo el reconocimiento de todo un país.
Los vecinos se reunieron para embellecer la cuadra que vio crecer a la Jacqueline. "Las 10 familias que vivimos alrededor de la casa pusimos un granito de arena para pintar las casas de blanco y adornar con bombas y serpentinas, toda la calle", dijo Jhonny Guerrero, un líder comunitario que desde la mañana estaba corriendo de un lado a otro ultimando los detalles que engalanarían el camino que la llevó de nuevo casa.
Después de un mes y medio de no ver a su familia, por fin pudo reunirse con Nini, su hermana, con José, su padre y con Julio César, su novio. Su mamá Delia Castillo la acompañó desde Bogotá.
Casi sin poder pronunciar palabra, el padre de Jacqueline hizo un reconocimiento público a la calidez y al esfuerzo de toda una comunidad que se unió a la felicidad de su familia.
"Gracias a Dios. Estoy feliz por que este es mi barrio, el que me ha visto crecer. Este triunfo no es mío, es de todos, pro que ustedes siempre han estado conmigo en mis victorias", dijo la deportista.
Lo único que podía escucharse a diez mil voces era "Jacqueline, Jacqueline, Jacqueline". El alcalde Jorge Iván Ospina, quien caminó por las calles atestadas, no pudo evitar unirse a las voces que aclamaban a la medallista olímpica.
Después de pedir cordura a la multitud que se había apoderado de la calle, las casas, los balcones y ventanas, Ospina se dirigió a la comunidad de Siloé para comunicar, con beneplácito, que a partir del lunes 25 de Agosto, la calle que vio crecer a la luchadora cambiaría de nombre y se convertiría en la 'avenida Jacqueline'.
Además, se comprometió a dar una solución habitacional al la familia Rentaría y a vincular de alguna manera al municipio a la deportista.
Con lágrimas en los ojos, esta mujer de tan solo 55 kilos y 1,65 metros de estatura, compartió su triunfo con los suyos recordando que esta medalla es el principio del cambio de una ladera que siempre ha estado estigmatizada bajo el fantasma de la violencia.
"De ahora en adelante esta medalla no es solo el símbolo de un esfuerzo, sino símbolo de cambio y de deporte", decía Jacqueline mientras mostraba en su puño derecho el fruto de su victoria.
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