Foto: Leonardo Castro / EL TIEMPO
Gerlad y Carol Ane Gingold, dos estadounidenses jubilados, viven desde hace un año en un velero en la bahía de Buenaventura.
Tal es el caso de la pareja Gingold, que hace una década cargó sus maletas de sueños, levaron anclas y salieron a recorrer el mundo.
Una falla en la maquinaria y en una de las velas les interrumpió la ruta Ecuador-Panamá y los obligó a detenerse en la bahía de Buenaventura, en el Valle.
De eso ya hace más de un año y estos jubilados estadounidenses, a quienes poco a poco se les acaba el tiempo para seguir fondeados frente al 'Bello puerto', por ahora parecen no estar dispuestos a cambiar el paisaje que cada mañana ven desde su velero.
Ni siquiera la advertencia de su país, la segunda que hace este año para que sus nacionales se abstengan de venir a Colombia, especialmente a Buenaventura, les ha movido un ápice de la bahía.
"Estamos felices", dicen con algo de timidez estos abuelos de 70 años, que como cualquier bonaverense se confunden en el mercado en busca de víveres y aprovechan para almorzar o comer antes de volver a subir al velero, que se convirtió en su hogar. "No pasa nada, no pasa nada. La gente es amable y solidaria", repiten y sonríen.
Las noticias de una Buenaventura que arrastra una década de violencia, de un 65 por ciento de desempleo, de pobreza y carencia de servicios públicos, no les llega a los Gingold. Menos las advertencias. No hay radio ni televisión en su pequeño barco.
Y en Buenaventura, que este año ha recibido a más de 5.000 estadounidenses y europeos que buscan el paraíso natural que esconden sus playas, sus esteros y el mar convertido por estos días en la sala cuna de las Yubartas, no entienden por qué la recomendación del país del norte.
Cuando baja la marea
"Aquí no se puede esconder una realidad que es obvia, pero lo que nos duele es que le pidan a nuestros turistas que no vengan justo cuando la ciudad ha recuperado su tranquilidad y lo que es peor en la temporada de mayor flujo de visitantes", dice Luis Ángel Figueroa, coordinador de Turismo del municipio.
En su comunicado el Departamento de Estado destaca que la violencia ha disminuido marcadamente en muchas áreas urbanas, pero el nivel de violencia en la ciudad de Buenaventura continúa siendo alto.
Albeiro Sinisterra, un cotero desempleado por cuenta del reciente paro camionero, dice que no hay mayor contradicción cuando se desconoce una realidad. "No sé de estadísticas, pero calculó que por lo menos en un 40 por ciento la seguridad ha mejorado. No podemos negar que hasta el año pasado salir a determinadas zonas y horas era un riesgo, pero ahora la calle es así tranquila y normal", dice el hombre.
Sus cálculos no están lejos del reporte del Distrito de Policía de Buenaventura, creado precisamente en la ofensiva contra la racha violenta que agobió a esta ciudad. Del primero de enero al 12 de agosto la reducción de homicidios fue del 45 por ciento si se compara con el año pasado. De 235 muertes registradas en ese periodo del 2007, se pasó a 129 en este año.
Las muertes por venganzas y enfrentamientos entre organizaciones guerrilleras, de 'paras' rearmados y narcotráfico han bajado. De 217 muertes ocurridas en el 2007 relacionadas con este tipo de situación pasó a 80. "Hay que seguir trabajando, pero hay resultados que reconocer", dice el almirante Orlando Malaver, comandante de la Fuerza Naval del Pacífico.
Es que la disminución la han sentido hasta las funerarias que en el último lustro pasaron de cinco a diez.
Aunque el Departamento de Estado considera que la incidencia del secuestro en Colombia ha disminuido notablemente desde el pico registrado al principio de esta década. No obstante, señala que grupos como las Farc, el Eln y otras organizaciones criminales "continúan secuestrando y reteniendo a civiles".
El año pasado una persona fue secuestrada en Buenaventura y en lo que va del año no ha ocurrido ningún caso.
"En el Valle hay mayor seguridad y especialmente en el Pacífico que es el imán que atrae a miles de nacionales y extranjeros", dice Antonio Gipys, el administrador del muelle turístico por el que este año han pasado 64.943 personas.
Al final, con 'veto' o no los bonaverenses se sienten satisfechos y por ahora el tema que los ocupa es el Festival del Litoral Pacífico, que después de tres años volverá a reunir a familias, amigos y todo aquel que quiera disfrutar de la fiesta de las comunidades negras que elegirán a la soberana del océano.
PATRICIA HELENA ALEY
ENVIADA ESPECIAL DE EL TIEMPO
BUENAVENTURA
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