Foto: EL TIEMPO
Bajo espesas capas de lodo y maleza se encuentran varios tramos de los dos kilómetros de vías que, en octubre del año pasado, el Gobierno entregó a los habitantes de Bojayá, pavimentados y adoquinados, y cuyo costo fue de 1.800 millones de pesos.
La infraestructura que el Gobierno Nacional levantó, tras la tragedia del 2002, se está deteriorando; hay 12 demandas a contratistas y ocho proyectos productivos fracasados.
Por si fuera poco, la escuela fue saqueada y ni el acueducto ni la planta de luz funcionan.
La inversión fue hecha para reubicar y reconstruir el municipio chocoano que las Farc y los 'paras' borraron con crueldad en mayo del 2002.
Sus 1.200 habitantes recibieron, hace 10 meses, 264 casas de concreto, polideportivo, tres parques infantiles, colegio, centro de salud, biblioteca, ludoteca, iglesia y un hermoso malecón.
El propio presidente Uribe les hizo entrega del sistema de electrificación, acueducto y alcantarillado, de las plazoletas, del palacio municipal, de la estación de Policía y hasta del trazado de una pista de aterrizaje básica.
Era lo mínimo para una población que vio calcinar, por los cilindros bomba de la guerrilla, a 119 de sus habitantes, casi todos familiares entre sí.
La idea era la de convertir al nuevo Bojayá -hoy Nuevo Bellavista- en un modelo de desarrollo autosostenible. Por eso no se escatimó en gastos. Pero del millonario proyecto hoy queda una mueca tristemente risible.
Está desmantelado
De los dos kilómetros de vías que fueron pavimentadas y adoquinadas -a un costo de 1.800 millones de pesos- varios tramos están tapizados de maleza o invadidos por las viejas casas del antiguo pueblo, que fueron trasladadas por sus dueños para vivir en ellas y arrendar las nuevas que les dio el Estado.
Los adoquines se convirtieron en mesas y sillas y el cobre del cableado eléctrico en botín de ladrones.
También se llevaron del colegio una pequeña planta de energía, cuyo costo es de 17 millones de pesos; el módem, 6 computadores y hasta el cable coaxial. El Gobierno intenta tramitar su reposición.
Tampoco están algunos faroles y barandas del malecón ni las varillas de los postes, que se negocian a 10 mil pesos en el mercado negro.
"Nadie se explica por qué roban su propio pueblo y menos aún si se les entregaron proyectos productivos para sobrevivir y, aunque suene crudo y doloroso, se pagaron 1.600 millones (en indemnizaciones) por los muertos", asegura un funcionario del alto
Gobierno que se declara frustrado.
Se comieron los pollos
Efectivamente, se destinaron recursos, incluso de la empresa privada, para una fábrica de veladoras, de bordados, de conservas, de ladrillos (bloques), una cría de pollos, marraneras y hasta una ebanistería, que prometía ser la mejor de la región.
"Pero de todo eso, nada existe", dice el ingeniero Alejandro Rojas, director del proyecto de reconstrucción.
De la fábrica de bloques solo queda la maquinaria arrumada a orillas del muelle. Luego de que a 16 jóvenes se les entregó un contrato por 150 millones de pesos, cemento, arena, instructores y hasta un bote, todo colapsó.
Y lo que ocurrió con la cría de pollos parece un mal chiste. El empresario Arturo Calle donó 5 millones de pesos para que 20 mujeres desarrollaran un criadero, teniendo en cuenta que un pollo cuesta en esa zona 14.000 pesos.
Pero las mujeres se los comieron y el proyecto fracasó. También fracasó la fábrica de bordados. Religiosas de una comunidad dictaron talleres, incluso se hizo un desfile de modas en Medellín y el Museo de Antioquia tenía una tienda que compraba y vendía la producción. Pero se gastaron las ganancias.
"Es más triste lo que pasó con la ebanistería", dice el líder comunal Jimmy Chaverra. A un grupo de carpinteros se le dio un contrato por 115 millones para que fabricaran puertas y ventanas de 50 casas del nuevo pueblo, pero nunca terminaron el contrato.
Hasta el cura, Vicente González, que prestó la maquinaria y les consiguió un préstamo de 25 millones, está endeudado.
Secos y en tinieblas
El acueducto fue una de las obras más difíciles y costosas del proyecto (casi 2 mil millones de pesos), por las obras de ingeniería. El sistema lleva el agua hasta el casco urbano, por gravedad, desde un sitio que se llama Todosnovan, a tres kilómetros de la actual cabecera.
El líquido atraviesa la selva y llega hasta unos tanques de tratamiento y de almacenamiento, para ser distribuido por tuberías a las 264 casas y a las instalaciones públicas. Pero tanto ingenio y sofisticación están paralizados.
Y la planta de generación eléctrica, que costó casi mil millones de pesos, tampoco funciona. Habitantes de Bojayá le dijeron a EL TIEMPO que llevan más de un mes sin energía. "Los últimos días con luz en forma continua fueron los de las fiestas de la Virgen del Carmen, en julio, de ahí para adelante estamos durmiendo a oscuras", asegura la dueña de una tienda en el sector de La Unión.
¿Quién responde?
Un coctel de paternalismo estatal, una mala administración y el desinterés de los habitantes, parece ser el responsable de este balance.
"Cometimos un error: excesivo paternalismo. Como ocurrió con la fábrica de bloques y la ebanistería. Hoy deberían ser las únicas de ese tipo en el Medio Atrato y no hay nada", dice el ingeniero Rojas.
Pero sostiene que problemas como el del acueducto y la planta de energía, solo tienen explicación por mal manejo de la administración municipal.
"Mientras la Agencia Presidencial para la Acción Social manejó el proyecto de Bojayá, durante casi siete meses, todos los días durante 6 horas hubo electricidad y el acueducto funcionaba", dice el ingeniero y lo secunda Chaverra, el líder comunitario.
Los propios habitantes admiten que un sector sigue queriendo que los vean como víctimas, por eso no hacen ningún esfuerzo.
El padre González, sin embargo, asegura que no todo lo que se dice sobre los proyectos es cierto y por el contrario cree que hubo mala planeación.
"Yo dije desde el principio que había contratos no viables, como el de los ebanistas. Los estaban 'tumbando', por que los altos costos de la zona no compensaban el contrato".
Y sobre la fábrica de velas, asegura que se quebró porque no podía competir con precios, y que el grupo de los bordados se fraccionó y por eso se fue a pique.
No obstante, reconoce que el excesivo individualismo y la inexperiencia en materia de trabajo asociativo y organizado pudo haber contribuido al fracaso: "Esta es una sociedad adormecida con autoridades a las que les falta responsabilidad", señala.
Y el líder Chaverra apoya el diagnóstico: "El alcalde pasa 3 días aquí y luego se va. Como que no vive aquí".
Enny Elena Palacios Caicedo, una habitante del barrio Pueblo Nuevo, también atribuye la crisis a la actitud de los políticos locales. "Los funcionarios hacen las cosas a su manera y la gente está dada al dolor".
'Luz y agua dependen de una firma en Minminas': Alcalde
Francis Rentería, alcalde (e) de Bojayá desde el 29 de julio pasado, le dijo a EL TIEMPO que las plantas de agua y energía funcionan con el subsidio para combustible que les debe dar el Gobierno y este no ha llegado. "Ya firmamos el contrato de comodato, pero no se ha dado la firma del Ministerio de Minas y sin eso no podemos acceder al subsidio", aseguró.
Y para justificar otras falencias en su municipio, Rentería, del Movimiento Apertura Liberal, argumentó que la administración que recibió está "saturada" de compromisos fiscales y deudas y no existen recursos para comprar nada, incluido el combustible.
Reconoció que el actual estado de deterioro de las obras públicas son consecuencia de la falta de conciencia ciudadana, pero pidió acompañamiento y capacitación del Gobierno central a la comunidad, antes de que ya sea demasiado tarde.
UNIDAD INVESTIGATIVA
u.investigativa@eltiempo.com.co
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