La travesía de una mujer con cáncer en su rodilla

La travesía de una mujer con cáncer en su rodilla

Rossy Barón ha pasado por cuatro ciudades buscando atención médica porque su EPS no la atiende. 

Rossy

Rossy Barón Hernández, de 34 años, tiene un tumor en la rodilla izquierda y otro en el hígado.

Foto:

John Jairo Bonilla

09 de julio 2017 , 08:13 p.m.

Dejó su silla de ruedas en La Dorada (Caldas), su pueblo natal. Las pocas veces que sale –casi siempre, solo al baño– del cuarto ajeno en el que duerme hace dos semanas, en el apartamento de un amigo de su hermana, lo hace en muletas porque el tumor que tiene en la rodilla ya le impide sostenerse sola.

A pesar de su pierna izquierda corre el riesgo de ser amputada si el tratamiento para su enfermedad sigue tardando, Rossy Liliana Barón Hernández, de 34 años, ha tenido que emprender toda una travesía para avanzar en el proceso. Hasta el momento, ha ido a clínicas en Bogotá, Pereira, Manizales e Ibagué.

Su empresa prestadora de salud (ESP), Cafesalud, le ha autorizado citas y exámenes en instituciones de esas cuatro ciudades. Sin embargo, ella ha tenido que correr con la mayoría de los gastos como particular porque a través de esa entidad solo consigue que le den largas, a pesar de haber puesto quejas, un derecho de petición, una tutela y, el pasado miércoles, un incidente de desacato.

“El ortopedista oncólogo me vio hace 15 días y me mandó cita y exámenes urgentes, pero por Cafesalud ha sido imposible porque no existen los convenios ni agenda, que hasta el otro mes”, cuenta. Por una cita con ese mismo médico tendrá que pagar 44.000 pesos mañana. Y eso, porque consiguió que le cobraran menos de la tercera parte de lo que cuesta realmente.

La primera vez que la vio ese doctor, consiguió la cita como particular para el día siguiente. En esta ocasión, intentó usar su afiliación al sistema de salud y terminó por resignarse y sacar, otra vez, de sus ahorros. Ya incluso tuvo que empeñar su moto.

Su hermana Maritza trabaja en el Hospital San Félix de La Dorada. Dice que, por eso, “lo bueno es que hemos contado con la ayuda de muchos conocidos, muchas personas de buen corazón que nos han ayudado a buscar contactos para que lo particular no nos salga tan caro”. Es que le han pedido exámenes que cuestan hasta medio millón de pesos cada uno, sin contar los traslados entre ciudades.

Aseguran que, en su segundo viaje perdido a Bogotá, una clínica casi les llama a la Policía por exigir atención. En Ibagué, tuvieron que fingir una urgencia para conseguir que a Rossy le hicieran la biopsia de la rodilla. “Por dolor no me iban a atender”, se justifica ella. Por último, en Manizales, pagaron una tomografía de tórax y lograron que les encimaran una ecografía gratis.

Estos últimos exámenes los necesitó porque el cáncer ya evolucionó. Además del que ha consumido casi todo el fémur –“el médico dijo que, en este momento, mi hueso es más delgado que una cáscara de huevo”, señala–, ahora tiene un tumor en el hígado. Este lo descubrieron hace dos semanas y todavía no le han hecho biopsia.

Por dolor no me iban a atender

Esperando el cambio

No es la única paciente, entre los 5,6 millones de afiliados que tiene la EPS más grande del país, con ese tipo de dificultades. Cuando la entidad fue vendida al consorcio Prestasalud, en mayo pasado, tenía encima 70.000 tutelas y 22.000 desacatos. Estos, se han ido resolviendo en el empalme, según ha declarado la empresa compradora.

De hecho, Cafesalud dejará de llamarse así. A partir del 1 de agosto, será Medimás EPS. El miedo de Maritza es que “sea la misma cosa con otro nombre”.

Es más, el superintendente de Salud le había dicho a EL TIEMPO, en mayo, que en el actual periodo de transición seguirían “con su atención sin ningún inconveniente prestada por Cafesalud” y que habría más de 200 entidades “a disposición de los pacientes con el fin de que ningún tratamiento se interrumpa y se favorezca a toda la población”.

Ese no parece ser el caso de Rossy, a quien se le quiebra la voz al contar que ya ni siquiera puede cargar a sus hijos, que tienen uno y cuatro años.

El vocero de Prestasalud, Jorge Gómez Cusnir, ha prometido que la nueva empresa aplicará un novedoso modelo de atención, capaz de acabar con las colas y los trámites de autorizaciones. Así se lo aseguró, también a este diario, luego de que su empresa pagara 1,4 billones de pesos por Cafesalud. Predijo incluso que “las urgencias dejarán de ser la puerta de entrada al sistema de salud, porque mejoraremos la capacidad resolutiva”.

Pero todavía faltan tres semanas para la llegada de esa prometida revolución al sistema de salud. Mientras el dinero de la compra va a los acreedores de la ya casi extinta EPS y Saludcoop, su dueña en liquidación, Rossy necesita con urgencia que alguien le responda por las autorizaciones de sus procedimientos antes de que sea demasiado tarde.

No importa cuántas decisiones judiciales haya a su favor si eso no se traduce en que la atiendan. “¿A mí de qué me sirve que ese papel diga que los obligan a ellos a darme lo que necesito si llego a las clínicas y los convenios se acabaron?”, se queja.

Su abogado, Óscar Vivas, asegura que interpondrá una denuncia penal si las cosas siguen a ese ritmo. “Esto es un viacrucis. Con Cafesalud, es inalcanzable”, asegura. En su opinión, la justicia también “se volvió ineficiente” para manejar este tipo de casos, porque le permite a las EPS “dilatar todo”.

La última noticia es que en el sistema de Cafesalud no aparecen las autorizaciones para los procedimientos que requiere Rossy. Ella y su hermana tuvieron que enviar por correo electrónico todos los documentos, que ya ocupan medio cajón entre una carpeta plástica verde y varios sobres de manila, escaneados para probar que las tienen.

Eso fue el jueves pasado hacia el mediodía y, para el viernes en la tarde, la respuesta no había llegado.

De lo que la empresa sí tiene registro, según estableció este medio, es de dos quejas interpuestas por ella. La primera, se venció el 6 de junio sin respuesta. La segunda, el 7 de julio, cuando se cerró esta página, y tampoco había llegado razón alguna. A las 5 de la tarde, estaba “en trámite de verificación” y, en la línea de atención, pedían “estar pendientes en el transcurso del día”, que ya estaba por terminar.

MANIZALES

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