Obreros arriesgan sus vidas para conjurar emergencia en Hidroituango

Obreros arriesgan sus vidas para conjurar emergencia en Hidroituango

Unos 6.000 trabajadores de EPM buscan levantar 5 metros la cresta de la represa de Hidroituango.

Dramático testimonio de obrero que se salvó en emergencia de HidroituangoDurley Monsalve, trabajador de la obra, grabó los momentos de pánico que vivió cuando el agua del río Cauca estuvo cerca de llevarse a decenas de sus compañeros el miércoles 16 de mayo.
Ituango

Guillermo Ossa / EL TIEMPO

21 de mayo 2018 , 10:51 a.m.

Durley Monsalve es uno de los más de 6.000 hombres que trabajan en Hidroituango en la construcción de los seis metros de la presa que faltan para que en caso de que se llene el embalse el agua del río Cauca pueda correr de forma controlada por el vertedero y de esta forma evitar una tragedia, que podría afectar a unas 113.000 familias aguas abajo.

Pese a que la emergencia en el proyecto comenzó el 28 de abril, luego del taponamiento, por una falla geológica, de los tubos de desviación que hicieron que la represa se llenara antes de tiempo, Durley confiesa que el pasado miércoles fue el día más crítico, pues sintieron en carne propia la fuerza de las aguas.

El obrero dice que por el temor algunos de sus compañeros renunciaron y que él también lo contempló luego de que cinco trabajadores terminaron en hospitales al ser arrastrados por las aguas expulsadas desde la galería 284, uno de los sectores críticos de la obra, tras una falla en la casa de máquinas, que fue inundada, como medida extrema, para evacuar el agua del embalse.

El obrero, que tiene pareja y una hija, estuvo en la mañana de ese día a punto de ser llevado por una ola de unos dos metros, cuando evacuaban un túnel debido a un apagón.

Al salir, notó que empezaron a brotar chorros de agua por el muro y tan solo unos minutos después escucharon el grito: “corran, corran, corran”.

Justo en ese momento, los trabajadores entraron en pánico y quienes se pusieron a salvo vieron cómo cuatro obreros eran arrastrados por la fuerza del agua.

“Hay personas que dicen que en un momento de pánico uno invoca el nombre de Dios, pero yo siempre lo he hecho y cuando uno lo hace, pasan grandes cosas: nos salvamos. Lo único en que yo pensaba era: Dios, guarda a mis compañeros, a mis amigos”, dice.

Tras el episodio que causó renuncias y pánico, Durley contó que EPM les pidió que siguieran trabajando, que hicieran lo posible para continuar y terminar la obra.
“Nos dicen que falta muy poco y si paramos en este momento, la catástrofe sería fatal aguas abajo, sería terrible”, dijo Durley.

Él y sus compañeros califican las obras que realizan de alto riesgo; sin embargo, están resistiendo y redoblan los esfuerzos con una sola meta:

Los esfuerzos tienen una sola meta: lograr que la presa, que estaba al cierre de esta edición en 405 metros, alcance los 410

La tarea es complicada, pues justamente la galería 284, que ha presentado fugas de agua, sirve para que se movilicen camiones y volquetas que cargan las rocas para seguir subiendo la cota de la presa, por lo que se adecuó otra zona para permitir ese tránsito desde el jueves.

En el desarrollo de esta estrategia de EPM, empresa responsable del proyecto, los trabajos han contado en los últimos días con condiciones favorables, en vista de que el caudal del río ha bajado e ingresa a la casa de máquinas entre 1.500 y 1.600 metros cúbicos por segundo, cuando en días pasados se presentaron hasta 2.200 metros cúbicos por segundo.

Asimismo, el agua que sale al río está oscilando entre los 1.700 y los 1.800 metros cúbicos, lo que disminuye los riesgos para los 17 municipios que se mantienen en alerta de evacuación.

Los trabajadores tienen claro que cuando lleguen a la cota 410, irán retomando el control del proyecto, lo que tardará varias semanas. Una de las labores es seguir subiendo la cota, incluso hasta 420, con el fin de que haya más seguridad para las condiciones de la presa.

EPM ha informado que tan pronto se logre la cota de 410 metros se analizará si se seguirá dejando fluir el agua por la casa de máquinas.

Los trabajadores tienen claro que cuando lleguen a la cota 410, irán retomando el control del proyecto, lo que tardará varias semanas

“No se ha pensado en la alternativa de cerrar la casa de máquinas, estamos acondicionando las compuertas que permitirían cerrarla (…). Lo importante es que vamos a tener dos alternativas para darle manejo a la salida del agua, y la tranquilidad que les podremos ofrecer a las comunidades aguas abajo será alta”, explicó el viernes Jorge Londoño de la Cuesta, gerente de EPM.

El funcionario añadió que expertos monitorean la estabilidad de la presa. Además, instalaron sistemas satelitales que informan sobre movimientos. Otra labor que harán una vez la presa se termine es tomar decisiones sobre qué hacer para que el agua que fluye por la galería 284, que está cayendo a la base de la presa, no ocasione daños.

“Los diseñadores de estructuras estudian cuál es el mejor tipo de enrocado que se puede hacer para solucionar el problema a corto y mediano plazo porque hay que considerar que pueda darse la circunstancia de que ese flujo de la galería disminuya o pueda aumentar en cualquier momento”, explicó el gerente.

Es precisamente en la galería 284 donde está instalado el temor de los trabajadores. Durley señaló que ese territorio está vedado por el temor que tienen de bajar a esa base del muro. “Eso está muy delicado. Hasta el momento, no he conocido al primero que se meta a esa galería a hacer trabajos”, comentó. Las obras, dijo, se hacen solo desde las orillas del proyecto pues hay mucho miedo de que llegue a pasar algo.

Con la llegada del verano, a mediados de junio, el río Cauca tendrá caudales levemente por debajo de los 1.000 metros cúbicos, lo que le dará mayor tiempo para seguir subiendo hasta la cota 420, de modo que en la segunda temporada de invierno, a final del año, el proyecto esté protegido de posibles crecientes, incluso de hasta 7.000 metros cúbicos, lo que evitará futuras emergencias.

Oswaldo Ordóñez, profesor de la Facultad de Minas de la Universidad Nacional sede Medellín, explicó que subir hasta estos niveles la presa es fundamental, pues hace que el agua llegue al vertedero y no pase por encima de la cabeza de la presa, que está compuesta en parte por arcilla, pues el líquido la dañaría y ocasionaría un colapso. Y salvar la presa es vital para que el proyecto no muera.

La otra tarea futura es recuperar la casa de máquinas y evaluar los daños, que son una incertidumbre. Este paso es clave porque allí estará la maquinaria que generará la energía.

Heidy Tamayo y Cristian Ávila 
EL TIEMPO
Twitter:@colombiaET

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