Los recuerdos que narran un partido de fútbol que no se jugó

Los recuerdos que narran un partido de fútbol que no se jugó

Aunque los 71 cuerpos fueron recogidos, en la zona permanecen objetos personales de los pasajeros.

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Elementos de uso periodístico como pilas y cables de micrófono también se encontraron, en el siniestro fallecieron 21 periodistas.

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Jaiver Nieto Álvarez/EL TIEMPO

05 de diciembre 2016 , 02:43 a.m.

La Unión. Dos cruces hechas con palos se erigen al pie de las latas y otros elementos que aún quedan del avión siniestrado el pasado lunes en cerro Gordo, municipio de La Unión, oriente de Antioquia.

La que está pintada de rojo tiene la imagen del Sagrado Corazón de Jesús y de esta cuelga una estola blanca.

La segunda está adornada con hortensias amarillas, algunas ya magulladas y enlodadas por las botas de un soldado que custodia la zona donde recogieron 71 cuerpos.

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En la zona del accidente hubo ofrendas para honrar a las víctimas del accidente de la noche del lunes. Lo que quedó del avión dejó un desolador panorama, la Policia cuida de los restos para evitar robos. Jaiver Nieto / ETCE

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“¡Ey! Cuidado que estás pisando las flores”, le grita un soldado a su compañero, quien bajó la vista y prosiguió su camino sin inmutarse.

“Las hicieron los campesinos del sector para rendirles tributo a las víctimas”, dice, mientras recoge las flores y las acomoda en el altar.

Allí, donde los visitantes ven escombros, los rescatistas ven recuerdos. Recuerdos que hablan de quiénes eran y qué hacían los accidentados.

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"Lo que Jesús espera de sus seguidores", la frase de este libro que se encontró entre los restos de la aeronave. Jaiver Nieto / ETCE

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Un libro con delgadas líneas de barro permanece abierto en una página que dice en portugués “Lo que Jesús espera de sus seguidores”.

Unos guayos azules y amarillos que no alcanzaron a tocar la grama del Atanasio Girardot sobresalen entre los verde y café del suelo.

Un micrófono de una cadena radial sobresale también casi esperando la narración de un periodista cuya voz fue acallada por el accidente.

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Elementos deportivos como guayos y los uniformes de los jugadores del club Chapecoense. Jaiver Nieto / ETCE

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Bolsas verdes del club brasileño también yacen en el suelo. Podrían ser más, pero son de las pocas cosas que los curiosos de la zona no han podido llevarse.

Y es que sin importar lo lejos que quede del casco urbano de La Unión, a la zona han llegado personas de otras partes de Antioquia tan solo para ver lo que quedó del avión. Y, en algunos casos, llevarse algún recuerdo.

Una de esas es Genoveva. Llegó con su hija desde las 11 de la mañana y allí permaneció observando trabajar a los funcionarios de la Aeronáutica Civil quienes adelantaban labores de investigación.

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Otros elementos de la delegación de Chapecoense como bolsas del club y fotos, se vieron en el lugar del accidente. Jaiver Nieto / ETCE

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“Aquí nunca había pasado algo como esto. No pensé que sería así, parece un basurero”, dice al señalar los restos.
Algunos, a su lado, contaron que subieron a lo alto del cerro donde quedó la cola del avión solo para tomar fotos y ver qué encontraban.

De esa zona queda una estela de destrucción y partes del avión que terminan en la base del cerro, donde está la mayor parte de la aeronave. Por eso, aunque esté acordonada el área, es difícil que los menos de cinco oficiales que hay allí puedan controlar a quienes se atreven a traspasar la cinta amarilla cuando los investigadores abandonan el área.

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Adicional a los libros, otros accesorios de entretenimiento como películas fueron encontrados junto al avión accidentado. Jaiver Nieto / ETCE

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“Mientras vamos a sacar a unos que se meten, otros aprovechan y sacan cosas del avión, dizque para llevarse recuerdos”, indica un uniformado señalando con la vista a las más de 15 personas que permanecen a pocos metros de la zona.

Y es que mientras unos rinden tributo con flores e iconos cristianos, otros aprovechan la tragedia para sus propios intereses.

Cae la lluvia. Pero aquello ni inmuta a los espectadores. Genoveva abrigó a si hija y siguieron sentadas sobre la hierba, al preguntarle hasta cuándo se quedarían allí, todos se miraron, sonrieron y se alzaron de hombros.

“No sé. Es que algo así no creo que se vuelva a ver”, dice.

DAVID ALEJANDRO MERCADO
Redactor de EL TIEMPO

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