Reconocimiento a 40 años de gestión cultural

Reconocimiento a 40 años de gestión cultural

Asamblea Departamental otorgó Mérito Mariscal Jorge Robledo a la corporación Canchimalos.

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Canchimalos es el nombre de un pez de la costa pacífica con el que los niños juegan. Además es un homenaje a una entidad que llevaba ese mismo nombre.

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Mateo García

06 de diciembre 2016 , 04:26 a.m.

Canchimalos se ha dedicado durante los últimos 40 años a jugar. Solo eso, jugar, y a través del juego ha logrado contar las tradiciones de la ciudad y el país.

La corporación cultural trabaja con los juegos tradicionales y estudia todos los procesos pedagógicos que hay alrededor de estos, convirtiéndolos en una puesta en escena de danza y música.

Esta labor, que se inició en 1976, fue reconocida por la Asamblea Departamental con el Mérito Cívico y Empresarial Mariscal Jorge Robledo que los llena de orgullo por su gestión cultural durante cuatro décadas.

Aunque Canchimalos nació formalmente en 1976, la historia comenzó unos años antes cuando Óscar Vahos, en compañía de otros profesores de la Escuela Popular de Arte crean un grupo para acompañar los procesos musicales de la compañía.

Sin embargo, las cosas no se quedaron ahí. Vahos inició una labor de recolección de los juegos tradicionales en algunos barrios de Medellín y el valle de Aburrá.

Allí Vahos conoció la riqueza y potencia que tienen los juegos para trabajar distintas manifestaciones artísticas, como la música y la danza, y diferentes áreas de conocimiento, como las matemáticas y el idioma.

Entonces lo que hace Canchimalos es recoger los juegos tradicionales de los niños en diferentes zonas, no solo de Medellín, también lo han hecho con otras partes del país, y convertirlos en puestas en escena, con danza, música y vestuario que dejan como mensaje la importancia de rescatar lo tradicional. Incluso muchos de los que han visto sus presentaciones han llegado a derramar lágrimas porque se han trasladado a la infancia.

Todo el proceso, entre otras cosas, se hace para que cuando se muestre el resultado “en cada zona del país los niños y los adultos los vean como suyos y vean la responsabilidad de preservar esos juegos”, explicó Arturo Vahos, director de Canchimalos.

Canchimalos, luego de un trabajo de investigación, analiza los juegos desde lo pedagógico y determina qué posibilidades tienen desde lo estético. La corporación tiene tres líneas de trabajo: investigación, formación y proyección.

La parte artística es fundamental en su trabajo. Tiene gran importancia el vestuario, la coreografía y la música, pero las cosas van más allá de lo estético. La parte pedagógica no se puede olvidar. “Hablar de la memoria no es solamente hablar de cosas que pasaron hace 70 años o hace 40 años, es también lo que está sucediendo ahora. Y parte de lo que está haciendo la corporación en sus procesos de escuela es ver cuáles son esos juegos que en la actualidad los chicos están haciendo”, cuenta Miriam Páez coordinadora general de la corporación.

Además, agregó que la memoria también puede ser de felicidad. “En este país casi siempre que hablamos de memoria, es la memoria del conflicto, entonces son las víctimas. Claro, eso también es importante, pero también hay otras memorias que las personas traen”.

Las obras en que han trabajado superan las 20, Puro juego y Baile paisa son algunas de estas, con las cuales han evidenciado que cada juego que tiene una zona determinada del país va de acuerdo a su contexto.
Por ejemplo, Páez narra que actualmente existe uno llamado un, dos, tres modelos, que nace por los estereotipos de belleza que tiene la sociedad en estos momentos.

De igual forma, explican que los juegos de los niños están en crisis, pero eso no significa que no quieran jugar por las diferentes herramientas tecnológicas que ahora existe. Aunque muchos no saben tirar un trompo o jugar bolas, “los chicos no están jugando por estas cosas, lo que decimos es no, los chicos sí juegan, lo que pasa es que necesitan también ciertos espacios y ciertos estímulos”, afirma Páez.

Canchimalos, que tiene su sede en el barrio La Floresta, logra sostenerse gracias a diferentes convocatorias culturales que hacen algunas entidades. Cuenta con un equipo base de trabajo se siete personas, pero el número de colaboradores aumenta constantemente, todo dependiendo del trabajo que se encuentren realizando. En su sede intentan tener una programación constante, y también se presentan en distintos escenarios de la ciudad, para llevar como mensaje que es tan grave dejar de jugar como dejar de hacer deporte y de estudiar.

MATEO GARCÍA
ELTIEMPO

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