Plataforma permitirá saber cómo será el valle de Aburrá en el futuro

Plataforma permitirá saber cómo será el valle de Aburrá en el futuro

El estudio previo y el software estarán listos durante el segundo semestre de este año. 

Panorámica Medellín

La mancha urbana es uno de los aspectos que está midiendo el estudio debido a su alarmante crecimiento.

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Guillermo Ossa / EL TIEMPO

07 de junio 2018 , 02:27 p.m.

Desde febrero de este año, el Área Metropolitana del Valle de Aburrá (AMVA) y la Universidad Eafit, a través de su Centro de Estudios Urbanos y Ambientales (Urbam) trabajan en un estudio sobre las capacidades de soporte urbano-ambientales del área metropolitana. La herramienta se llama DensUrbam y mide el número total de habitantes que puede soportar el territorio sin perder la disponibilidad de recursos. Para el proyecto, el AMVA invirtió 1.133 millones de pesos. La capacidad de soporte es, según Óscar Mejía Rivera, director de Urbam, el nivel poblacional que puede sostenerse en una ciudad para que esta pueda seguir manteniendo su funcionalidad y su nivel de resiliencia.

Dentro del análisis hay tres variables importantes. La primera tiene que ver con la salud y la resiliencia de los ecosistemas en el desarrollo. También se mide la disponibilidad de recursos en el territorio. En este punto, hay hallazgos claves que evidencian un problema en la ciudad. El director de Urbam aseguró que mientras en 1973, el 100 por ciento del agua que el valle de Aburrá consumía provenía de su propio territorio, hoy solo el 5 por ciento del recurso hídrico está en el valle y el 95 por ciento del consumo depende de otros lugares como el embalse Río Grande II (Norte de Antioquia). La última variable tiene que ver con las habilidades de la sociedad para el desarrollo.

Para las mediciones, el equipo que trabaja en el reporte creó el índice de relación de soporte, que sirve para identificar qué hace falta en cada municipio del área y cuánta capacidad tiene hoy.

En ese sentido, la plataforma aportará modelaciones sobre asuntos como la movilidad, a partir de proyecciones como la del crecimiento del parque automotor, pues se estima que en los próximos años Medellín tendrá 3 millones de vehículos (el doble que hoy). También incluirá modelos con respecto a la mancha urbana, el uso de los suelos, la composición de la población del área metropolitana, etc. Esto permitirá conocer los equilibrios y desequilibrios de la ocupación de los territorios y la eficiencia de una planeación territorial y regional.

La mirada histórica es transversal a todos los asuntos y tiene un rol protagónico en la investigación. En 1800 la población total de Colombia era similar a la del valle de Aburrá hoy y desde 1950 se empezaron a registrar picos en las curvas de crecimiento. Este tipo de información es relevante, pues sirve para medir la transformación de la ciudad.

“La reflexión sobre capacidad de soporte medioambiental es una discusión que tiene más de 40 años en Medellín. La ciudad es la primera de Latinoamérica que discute sobre el tamaño máximo que puede llegar a tener su población”, explicó Mejía.

Para Eugenio Prieto Soto, director del AMVA, la importancia de la plataforma que se está construyendo radica en que para la planeación hace falta más información sobre el estado actual del territorio, para responder la pregunta de qué pasa si se ponen en marcha proyectos nuevos.

“La planeación necesita de otros instrumentos que le permitan modelar y esos instrumentos son los que estamos desarrollando con Urbam”, señaló Prieto. Con más conocimiento, los tomadores de decisiones, desde gobernantes, empresarios o ciudadanos del común, a partir de acciones individuales, pueden hacerse preguntas y decidir mejor. De hecho, el diagnóstico alimentará los Planes de Ordenamiento Territoriales (POT) de los 10 municipios.

“Con este estudio queremos que la deliberación sea más asertiva para los municipios desde el acompañamiento metropolitano para tomar decisiones unificadas. Este trabajo le permitirá al Área Metropolitana gestionar ante cada territorio la convivencia y cómo debe ser su modelo de ocupación; cómo y dónde generar espacio público, y dónde implementar sus cargas. Un territorio que no mire el largo plazo, puede perder el rumbo en 10 o 15 años”, indicó el director del AMVA.

La segunda fase del proyecto busca integrar el conocimiento, por lo que la información obtenida hasta ahora se complementará con talleres de co-creación. Se espera que el software esté listo a mediados de septiembre de este año y que la herramienta sirva para comprender que el futuro no es solo lo que va a pasar, sino también lo que se hace.


Valentina Vogt
Para EL TIEMPO
valalb@eltiempo.com
@ValentinaVogt

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