Un antioqueño pasó de citador a presidir la Corte Suprema
Por: OSCAR ANDRÉS SÁNCHEZ ÁLVAREZ |
A Javier Zapata le resaltan espiritualidad, respetuosidad, humanismo, y enorme capacidad discursiva.
Foto: Archivo particularEl jurista antioqueño, Javier Zapata, es el nuevo presidente de la Corte Suprema de Justicia.
"El mejor bachiller de este año es Javier Zapata", dijo el rector, luego congresista, Ramón Elejalde, en la ceremonia de grados del Idem San José del municipio de Venecia, suroeste de Antioquia, en diciembre de 1971.
La hermana Fanny Arteaga, secretaria del colegio, ubicado al lado de la iglesia, al igual que todos los asistentes, sabía quién iba a ser el elegido.
El joven delgado, campesino y de mirada tímida fue aplaudido por los invitados, entre ellos, Álvaro Rendón Sierra, Juez Superior de Medellín. Este era hijo del ebanista del pueblo, quien luego le dijo al rector que le propusiera a Zapata viajar a la ciudad para trabajar como citador en su juzgado, siempre y cuando quisiera estudiar Derecho.
Al ser consultado, Javier no pudo contener su júbilo y corrió a casa, en la vereda Ventiadero, a darle la noticia a su familia. Javier caminaba todos los días los tres kilómetros que separaban la vereda donde vivía y el colegio.No tenía necesidad de hacer más deporte.
Recuerda que en ese entonces Venecia estaba rodeado de caña y café, y que en sus ratos libres le ayudaba a su padre en las tareas del campo. También cuidaba en su casa de los cerdos de doña Bertha Gutiérrez, para ayudarse un poco económicamente.
Al año siguiente, 1972, Javier empacó sus pocas pertenencias y viajó a Medellín para asumir su primer cargo en la rama judicial. Según él, como no había teléfonos en los juzgados, se caminó muchas de las aún polvorientas calles de la ciudad entregando las notificaciones. Luego ascendió a escribiente.
Virginia Zapata, su hermana, recuerda que si no hubiera sido por la responsabilidad de Javier y por el apoyo que le brindó el abogado Rendón, difícilmente hubiera podido iniciar la carrera de Derecho en la Universidad de Medellín, pues su padre, Carlos, era agricultor, y la mamá, Ana, permanecía en la casa, donde vivían otros 12 hermanos.
En sus primeros días en la capital alquiló una pequeña habitación donde sólo había espacio para su cama y los libros que iba comprando con lo poco que le quedaba. Varias familias de Venecia y el sacerdote del pueblo le ayudaron con ropa y con algunos recursos.
Una vez se graduó con honores de la Universidad, fue nombrado Juez Penal Municipal y ejerció en Rionegro y Medellín. Luego se desempeñó como Juez de Circuito en Caucasia, Marinilla, Envigado y Rionegro.
En 1990, en plena guerra contra el narcotráfico, fue elegido magistrado del Tribunal Superior de Medellín, que también presidió. Uno de los mejores amigos de su adolescencia, Jesús María Pérez, dice que Zapata es fruto del sacrificio, de la humildad y de su fe.
"Hemos permanecido en contacto siempre. Lo recuerdo como un buen orador, un poco tímido, pero siempre como el mejor de la clase. Mientras nosotros rompíamos zapatos jugando pelota en los potreros, el rompía neuronas leyendo literatura y filosofía", agrega.
Zapata se especializó en Derecho Penal y Criminología en el mismo claustro, y en Derecho Comercial en la Universidad Pontificia Bolivariana, mientras alternaba como docente en las universidades de Medellín, Cooperativa, Pontificia Bolivariana, San Buenaventura, y del Litoral.
Formó un hogar con la licenciada paisa Elena Cadavid, en el que nacieron Daniel y Juliana, hoy un abogado y una médica dermatóloga. Su ascenso profesional nunca se detuvo.
Un par de años después fue nombrado por los magistrados de la Corte Suprema como uno de sus nuevos miembros para un periodo de ocho años, de una lista conformada por el Consejo Superior de la Judicatura. Su liderazgo ya era notorio.
En el 2008 ocupó la vicepresidencia de la Corte y un año después fungió como presidente encargado. En enero de 2009 inició su rol como presidente de la Sala Penal, una de las cuatro que componen la Corte. Desde allí, el país lo conoció por ser un abanderado de la justicia digital.
Llegó a expresar en diversas ocasiones que sólo la tecnología, con la ayuda de la oralidad, podía traer más agilidad a la rama judicial y ayudar a evitar problemas de corrupción y manipulación de las decisiones.
También, desde la Corte le tocó enfrentar los principales escándalos de corrupción de funcionarios públicos, los vínculos de políticos con grupos ilegales, y estudiar las solicitudes de extradición.
Oscar Andrés Sánchez Álvarez
Para EL TIEMPO





