‘Pájaros de verano’: un canto de amor y dolor

‘Pájaros de verano’: un canto de amor y dolor

La película de Ciro Guerra y Cristina Gallego saldrá al público desde la primera semana de agosto.

Pájaros de Verano

Esta es una de las películas extranjeras que aspiran a figurar en los premios Óscar.

Foto:

Cortesía: Productora

02 de agosto 2018 , 05:23 p.m.

“Antes de que mis huellas se borren, quiero recordar con mi canción la historia de amor, desolación, riqueza y dolor de una gran familia que se destruyó. Esta es la historia de Raphayet que viene de una línea de guerreros. Él perdió todo cuando era niño y creció entre forasteros, en este lugar donde la familia lo es todo”. Así, con un Jayeechi (narración cantada) se inicia y cierra la historia de Pájaros de verano, la última aventura de Cristina Gallego y Ciro Guerra.

 Inspirada en hechos reales ocurridos en La Guajira entre los años 60 y 80. La película narra lo difícil de mantener a una familia unida, durante la llamada “bonanza marimbera”, a través de una estructura de cinco episodios o cantos. 

La cinta, visualmente poderosa, es de nuevo una inmersión en otra cultura, situada al otro extremo del país, en La Guajira, para explorar la señas de identidad de la cultura Wayúu sus valores y sueños, pero también sus luchas y contradicciones. 

La fuerza de la película radica en mirar desde adentro, pues está hablada en wayuunaiki y desde la perspectiva indígena, y, al mismo tiempo, evitar la idealización. Esta cultura que ha resguardado celosamente sus tradiciones, ha resistido la violencia y el clima hostil. Es de carácter matrilineal y de clanes y, sin embargo, muy machista.

Por su parte, el choque de mundos que la película recrea entre los valores ancestrales y la ambición, no solo remite a esta comunidad sino también al país y a un contexto más universal. Pájaros de verano continúa en la línea de la dupla Guerra-Gallego de descubrir regiones y culturas inéditas para el cine de ficción. Esta vez con una apuesta incluso más ambiciosa que El abrazo de la serpiente.

“Un salto al vacío” como lo llaman los directores. Todo un reto, con nueve semanas de rodaje en pleno desierto y 2.000 extras. La película también acierta en los personajes, con un excelente reparto principal que mezcla actores profesionales y naturales. Todos ellos, Raphayet, Aníbal, Peregrino, parecen arrancados del paisaje.

La puesta en escena es el mayor logro, donde la dinámica familiar, la acertada ambientación de época y la majestuosidad del paisaje son protagonistas. La película es un relato coral, un canto de amor y dolor, que tiene alma de cine de género, en clave de relato jayeechi. En todo caso, una pieza atípica.

Para destacar, el rol que las mujeres como Cristina Gallego están desempeñando. Ellas representan una fuerza que hay que reconocer y que impulsa decididamente el cine nacional de los últimos años.

Martha Ligia Parra - Crítica de cine
Para EL TIEMPO

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