Los fantasmas que no salieron de Santa Rita (Antioquia)

Los fantasmas que no salieron de Santa Rita (Antioquia)

Visitando casas abandonadas en su vereda, desplazado que retornó narra el conflicto en San Carlos.

Retorno a Santa Rita, Antioquia

Javier Duque, líder social de la vereda Santa Rita, fue uno de los primeros en retornar tras la ola de violencia que azotó San Carlos. Aún recuerda a sus vecinos.

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Jaiver Nieto / EL TIEMPO

02 de julio 2017 , 12:00 p.m.

No es sepulturero, pero Javier Duque enterró a siete personas en la vereda Santa Rita, municipio de San Carlos. Todo en menos de dos años.

Todos amigos. Todos vecinos. Todas víctimas del conflicto armado que azotó ese municipio del Oriente antioqueño entre 1997 y 2001 y que afectó a más del 90 por ciento de la población.

Han pasado 16 años desde que recogió el último cadáver. A pesar de que el paso del tiempo cubrió los caminos de trocha, marchitó los sembrados e hizo que los comejenes cubrieran los ranchos, los recuerdos siguen vívidos en él.

Los fantasmas de Santa Rita lo recibieron cuando fue de los primeros en regresar en el 2013 ya con el cabello blanco y la piel pintada de arrugas. Duró 13 años lejos de su tierra.Actualmente, a pesar de que en el 2012 San Carlos fue declarado como el primer municipio del país libre de sospecha de minas, de las 96 familias que componen la vereda Santa Rita, solo han regresado poco más de 20.

Muchos prefirieron no volver. Vendieron sus terrenos o simplemente los dejaron perder. Aquí hay mucho dolor. Mucha muerte

“Muchos prefirieron no volver. Vendieron sus terrenos o simplemente los dejaron perder. Aquí hay mucho dolor. Mucha muerte”, cuenta al caminar por un angosto sendero de piedra rodeado por montaña y alambres de púas.

Explica que son 30 las casas de la zona que están abandonadas. Pero solo visitará cinco.

Se detiene a poco menos de un kilómetro de la vereda y toma uno de los alambres. “Aquí mataron a Iván Murillo. Lo sacaron de su rancho y lo hicieron caminar hasta aquí donde se plantó y dijo que no caminaba más. Entonces le dieron un tiro de gracia en la cabeza. Tuvimos que recoger parte de su cuerpo con bolsas de arroz”, narra con angustia.

Se acomoda el viejo y curtido sombrero marrón que le cubre las canas del sol y prosigue su caminar. Las botas de caucho empolvadas se arrastran por la vía levantando polvo y haciendo sonar las piedras. Dice que el caminar así lo salvó de pisar una mina antipersona pues no la pisó, sino que la pateó.

Retorno a Santa Rita, Antioquia

30 casas en la zona se encuentran abandonadas según vecinos de Santa Rita

Foto:

Cortesía VamosColombia

A pocos metros vuelve y se detiene. Calla por varios minutos y señala la tierra.
Cuenta que allí murió una muchacha. Tenía casi nueve meses de embarazo y fue alcanzada por una bala de ametralladora M-60 que le ingresó por el cráneo dejando la punta de esta asomada en la frente de la joven. El bebé también murió.

“Fue un día de combate y tuve que pararlo para poder recoger el cuerpo. Hablé con el comandante de la guerrilla y del Ejército para que por unas horas pararan el enfrentamiento. No crea que yo quería ser el enterrador del pueblo, pero no había quién. Nadie tenía valor y había que enterrar a la niña”, confiesa.

Dice que fue uno de los episodios más duros que les ha tocado a él y a su familia. Fueron ocho días de combates en el que balas y bombas estallaban por todas partes.

No crea que yo quería ser el enterrador del pueblo, pero no había quién. Nadie tenía valor y había que enterrar a la niña

Casa 1. Iván Murillo
Retorno a Santa Rita, Antioquia

30 casas en la zona se encuentran abandonadas según vecinos de Santa Rita

Foto:

Cortesía VamosColombia

La primera parada fue a dos kilómetros del coliseo de Santa Rita, el rancho del que sacaron a Iván Murillo de su hogar.

“Lo iban a matar aquí delante de su esposa e hija pequeña. Pero él, de rodillas, suplicó que lo ejecutaran lejos de su familia”. Y así pasó
. “¿Qué se le puede pasar a uno por la cabeza en ese tiempo? le pregunta al aire como esperando que el fantasma responda. Nada.

La casa sigue abandonada. Los comejenes se han apoderado del lugar y poco a poco la manga tapa los ladrillos como si quisiera esconder la casa.

Su voz se quiebra al ingresar y se toma unos segundos para llorar. Los recuerdos le lastiman los ojos. Dice que tras velar a su amigo ese mismo día tuvo que salir de su hogar con su esposa y sus tres hijos.

Él era el siguiente objetivo. Con él salieron otras siete familias. Fue el 28 de mayo del 2000.

Casa 2.  Enrique Murillo
Retorno a Santa Rita, Antioquia

En el interior de algunas casas todavía permanecen elementos de las familias que allí habitaron hace más de 16 años.

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Jaiver Nieto / EL TIEMPO

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La casa está ubicada a casi dos kilómetros del centro comunitario de Santa Rita

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Jaiver Nieto / EL TIEMPO

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El tiempo y el abandono han hecho mella en las casas que fueron en otrora, las más prósperas de Santa Rita, Oriente antioqueño.

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Jaiver Nieto / EL TIEMPO

Retorno a Santa Rita, Antioquia

Por el afán de salir, muchos elementos fueron dejados y aún permanecen allí

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Jaiver Nieto / EL TIEMPO

Retorno a Santa Rita, Antioquia

La única vida en el lugar son las aves carroñeras que sobrevuelan la zona

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Cortesía VamosColombia

Retorno a Santa Rita, Antioquia

Las casas, aunque no han sido vendidas, tampoco han sido restauradas

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Jaiver Nieto / EL TIEMPO

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A Javier aún se le quiebra la voz hablando del pasado violento que azotó el pueblo hace más de 15 años

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Jaiver Nieto / EL TIEMPO

Javier se acomoda el sombrero y manda la mano al mango naranja del machete para abrir un poco de camino. A pocos metros llega a otra casa. Más grande pero igual de abandonada que la primera.

“Es la casa de don Enrique Murillo, papá de Iván. Allí vivían 13 personas y era la casa más próspera. Cuando Iván fue asesinado les dijeron que ellos estaban en riesgo y por eso, esa misma noche también salieron llevándose lo esencial”. De eso aún quedan pruebas.

En medio de las ruinas permanece en una de las paredes blancas con líneas celestes un Papá Noel deseando una feliz Navidad 1998 y cuya sonrisa no fue borrada por las balas. “jo-jo-jo”.

Fue tal la magnitud de la violencia que ni Jesucristo se salvó. Allí, en una esquina sobre el suelo de tierra y piedra, yace un cristo partido en la mitad. Desde el cuerpo hasta la cruz. A su lado hay un cuaderno escolar. El nombre Angie Esmeralda aparece escrito.

“Angie, Lucía, Harley Murillo, papá TQM. Hija te quiero”, aparecen escritos en las hojas junto con dibujos y planas de escuela. El lápiz también está.

Casa 3. Martín Giraldo
Retorno a Santa Rita, Antioquia

Lo que eran casas, ahora son ruinas que nadie quiere reconstruir

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Jaiver Nieto / EL TIEMPO

“Lo mataron por terco”, cuenta Javier al llegar a una casa ubicada sobre una montaña.

Es la casa de la familia Giraldo y Martín, el hijo, perdió la vida en la primera incursión de los paramilitares a San Carlos al pueblo en 1998. “Le dijeron corra o escóndase. Pero optó por no hacer nada y allí lo ajusticiaron. Lo mataron por nada”, recuerda Javier.

Aquello hizo que la familia también saliera de allí. Actualmente viven en Medellín y en las ruinas de la casa solo permanece el techo en concreto y el sanitario blanco casi en perfecto estado. El techo de cinc se deterioró y se cayó.

Casa 4. Familia Murillo Ramírez
Retorno a Santa Rita, Antioquia

Algunas casas estaban ubicadas en zonas estratégicas de combate entre ejército, guerrilla y paramilitares.

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Jaiver Nieto / EL TIEMPO

Dice Javier que fueron de los primeros que tuvieron que salir, pues su vivienda estaba ubicada estratégicamente en la entrada a la vereda y era allí donde tenían lugar los enfrentamientos entre el Ejército que subía del pueblo y la guerrilla que se atrincheraba desde el monte.

“Eran cinco: tres hijos, la esposa y el señor. La única víctima fue un mayordomo de una finca vecina al que acusaron de entregar información al Ejército”, explica el líder social, quien narra que el hecho se dio tras la muerte de 15 guerrilleros en ese sector, que se volvió área de constante de combate.

Añade que salieron en 1999 porque la guerrilla pensaba que estaban dando información al Ejército, que a su vez, asumía que ellos estaban dejando atrincherar a la guerrilla en su casa. “Afortunadamente en la ciudad les ha ido muy bien, ya no han vuelto por acá y creo que tienen intención de vender”, cuenta.

Casa 5. Javier Duque

Fue el 28 de mayo del 2000. Javier lo recuerda bien. Ese fue el día que lo arrancaron de su tierra sin pedirle permiso.

¿Qué hace que un hombre retorne a un municipio al que el 90 por ciento de su población fue desplazada? Dice que la tierra lo llamaba.

En los 13 años que estuvo en Medellín trabajaba en el día y lloraba en la noche. “Cada día pensaba en retornar. Desde que salí me he sentido muerto a cada rato y siempre desee haberlo estado ¿por qué no a mí? (Suspira...)Que uno valiera cualquier cosa pero yo no soy nadie y me salvé varias veces de ser asesinado. Otros no”.

Desde que salí me he sentido muerto a cada rato y siempre desee haberlo estado ¿por qué no a mí? Que uno valiera cualquier cosa pero yo no soy nadie y me salvé varias veces de ser asesinado. Otros no

El día que escapó lo dejó el bus de las 5 p. m. y tuvo que tomar el de las 6. El primero fue atacado por la guerrilla y uno de los que estaba en su lista fue asesinado. Y Javier estaba en esa lista.

Pasaron 13 años y sintió que era momento de volver. Era el año 2013 y era el momento de retornar. “No sabía cómo decírselo a mi familia, pero ellos me facilitaron la decisión cuando mi mujer me dijo que estaba enamorado de otro. Esa fue la oportunidad”, cuenta entre risas.

Actualmente vive solo. Tiene 7.000 palos de café y una tienda. “En el desplazamiento se me destruyó el hogar, mi esposa ya está con otro y mis hijos ya no son campesinos y no saben trabajar la tierra. Pero son profesionales”, dice tranquilo.

Con él quedan 28 familias de las casi 100 que había. Pero no pierde la esperanza de que poco a poco lo que hoy son esqueletos de casas, mañana vuelvan a estar habitadas por nuevos vecinos.

La historia de violencia en San Carlos

Daniel Orrego, director de la gerencia de Paz y Posconflicto en San Carlos, cuenta que al inicio de los 90 el pueblo era muy tranquilo.

“El 25 de octubre de 1998 se da la primera incursión de las autodefensas y ocurre la primera masacre que dejó más de una docena de muertos. De ahí arranca un calvario para el municipio porque comienza una racha de muertes selectivas y masacres en las veredas”, explicó.

Según las cifras de la gerencia, el 95 por ciento de la población fue víctima del conflicto armado. Oficialmente, en San Carlos hubo 32 masacres pero Orrego cree que pueden ser más. Además, se reportan cerca de 15.000 víctimas y más de 35.000 hechos victimizantes.

Sobre desplazamiento masivo, se dice que de 28.000 habitantes, al final solo quedaron 6.000. Hubo 170 víctimas de minas antipersona, más de 600 homicidios y 350 desaparecidos.

David Alejandro Mercado
Redactor y enviado especial de EL TIEMPO a San Carlos, Antioquia
davmer@eltiempo.com

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