Lectura erótica excita y fomenta la imaginación

Lectura erótica excita y fomenta la imaginación

EroLecturas se realiza dos veces al mes en el teatro erótico Sala Sentidos, sector Floresta Estadio.

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Dicen que en la ciudad hace falta fomentar este tipo de lectura que está muy olvidada.

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Esneyder Gutiérrez

17 de septiembre 2016 , 02:27 a.m.

Al leer, estaban desnudas. Tanto de cuerpo como de alma. Lo primero, por lo menos de manera parcial.

Se miran, sonríen y una lee mientras la otra adapta las palabras para escribirlas en su cuerpo mientras se acaricia. El público no existe, al menos no para ellas.

Allí, acomodado en primera fila del teatro erótico Sala Sentidos, presencio por primera vez las EroLecturas, un evento realizado quincenalmente por el colectivo Divina Obscenidad en el que se fomenta ese tipo de literatura que mezcla la belleza del cuerpo con la belleza de las palabras.

El teatro está oscuro. Tanto que no logro ver a las 20, quizá 30 personas que están allí conmigo. Solo se escuchan susurros y lo que parecen ser dos copas de vino chocando. Otros, como yo, nos bastó con una cerveza.

A pocos metros, sobre un tapete rojo de terciopelo con una decena de cojines rojinegros, están Julieth Ospina y Angélica Valencia. Ligeras de ropa, ligeras de pudor. Tan solo bañadas por tenues luces blancas y rojas.

Ambas se presentan y hacen lo propio con Georges Bataille, el autor de Historia del ojo, la obra maestra de la literatura erótica que van a leer.

Angélica, de 22 años, comienza la lectura. Viste una transparencia blanca tan escotada que apenas cubre sus pechos. Se acomoda el cabello rojizo y comienza a leer en voz alta y un tono enérgico que se adueña del recinto.

Noto que hace un peculiar énfasis en la palabra culo como si invitara a ver. Cuenta ella, que es la palabra que más se repite en ese tipo de lecturas y el que mejor efecto causa.

Es cierto. Julieth, lentamente sigue acariciando su cuerpo mientras Angélica lee. El tatuaje en su pecho semidescubierto se mueve con la respiración agitada de la lectora. Se miran. Sus ojos brillan. –¿Qué rico? ¿Te imaginas?– le pregunta Angélica a su compañera tras relatar una salvaje escena sexual.

Julieth asiente. Está tan encendida como el cabello rojizo de su compañera. Su mano recorre la transparencia roja que viste llegando a la parte de atrás y levantándola levemente de cara a mí, al público, justo para detenerse en el momento preciso y reacomodarse en los cojines.

Toman vino y luego intercambian roles. Julieth se acomoda en la silla rojinegra mientras Angélica se postra hacia nosotros.

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EroLecturas se realizan dos veces por mes en Sala Sentidos.

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La voz de la segunda lectora es más melodiosa, pausada, como si me leyera, como si me coqueteara. Es difícil concentrarme, en seguirle el hilo a la historia o en los movimientos sensuales de las lectoras.

Y esa es la clave, según ellas. Saber ponerle el picante a las palabras, a las escenas, a los momentos. Cuentan que ese tipo de lecturas no solo fomentan el ejercicio lector, sino también la creatividad en la vida de pareja.

“La lectura como el erotismo hacen parte de mi vida. Muchas de las escenas o fantasías que se ven en los libros he querido llevarlas a cabo en mis relaciones. Me excito mucho leyendo”, confiesa Julieth.

Se les nota. Saben cuándo mirarse, cuándo hacer énfasis en las palabras y en qué palabras. Juegan con las letras y con el deseo de los asistentes.

Una pareja a mi lado se besa con deseo. No la veo pero la escucho. Suspiro y también doy uso a miS labios tomándome el último sorbo de cerveza.

Tras poco más de media hora la lectura culminó. Se les vio tan cómodas con la lectura en voz alta así como con la misma desnudez. Y por eso, su papel fácilmente pasa de lectoras a consejeras.

Recomiendan qué leer, qué combinar, cómo seducir. “La gente se siente más cómoda preguntándonos”, dice Angélica.

Y aunque la Fiesta del Libro también fomenta la lectura erótica con la Carpa de los Enamorados, desde Divina Obscenidad no descartan que su propuesta artística llegue a esa celebración. “Nos gustaría, pero con más ropa”, dicen casi a la vez mientras se miran su cuerpo desnudo a través de los atuendos con transparencias.

DAVID ALEJANDRO MERCADO
Redactor de EL TIEMPO
davmer@eltiempo.com

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