Las que son ‘mamás’ de sus mascotas, también celebran

Las que son ‘mamás’ de sus mascotas, también celebran

Crece el fenómeno de los ‘pet parents’, personas que ven a sus animales como miembros de la familia.

Mamás de mascotas

Según las consultas en Doctor Pulgas, hay más ‘mamás’ que ‘papás’ de sus mascotas. Ese es el caso de Ángela y Abril.

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David Alejandro Mercado / El Tiempo

13 de mayo 2018 , 11:14 a.m.

Abril llegó a su casa radiante. El pelo sedoso, recién bañado y cortado, revoloteó por la sala mientras hacía acto de presencia.

Miró su disfraz de Blanca Nieves y otro más de abeja que reposaban sobre el mueble, pero apenas si les prestó atención. Igual que a los juguetes o al resto de vestuario que había en la sala, desde una chaqueta fucsia hasta medias.

Ella es la consentida. La ‘niña’ de la casa. Tiene dos camas, disfraces, ropa para el frío, y una guardería donde no solo la atienden bajo cuidadosas recomendaciones, sino que le realizan constantes cortes de cabello, peinados y decorados para permanecer impecable.

Puede parecerlo, pero Abril no es un bebé, ni siquiera un ser humano. Es una perrita raza Shitzu que vive bajo el cuidado de los llamados ‘pet parents’, una tendencia en la que los animales, en ocasiones, suplen el lugar de los niños para recibir el amor, necesidades y exigencias de los padres.

Carlos Naranjo, sicólogo y director de Doctor Pulgas, consultorio donde asesoran a las personas sobre el comportamiento de sus mascotas, explica que hay distintos niveles de involucramiento entre ambos individuos.

Mamás de mascotas

Según expertos, la humanización de las mascotas llevada al extremo puede traer consecuencias en el comportamiento de los animales.

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David Alejandro Mercado / El Tiempo

“Para algunos, es una relación con un tercero, con un animal. Hay otros quienes tienen una relación de amistad, algo que ha estado por años en la humanidad. Pero hay quienes llevan a considerarlas como si fueran sus hijos, y así los nombran. Es cada vez más frecuente ver a la mascota como un hijo, lo que genera un nivel de angustia diferente, como sería la reacción en un caso de accidente”, explica el experto.

Añade, que cuando una persona considera que su mascota sufre de la misma manera que lo hace un ser humano se comienza a volver algo problemático.

“El sufrimiento es una elaboración que uno hace sobre el dolor. Los seres humanos con sistema nervioso sienten dolor, pero solo pueden sufrir quienes pueden interpretar ese dolor. Es posible que los perros y gatos lo logren, pero no al mismo nivel que nosotros”, explica.

Por eso, muchas veces sufre más el propietario por la mascota como ser humano que el mismo animal.

El razonamiento del sicólogo es algo que no cree la familia de Abril: Ángela Hernández y su hija Estela. “Yo sé cuándo a ella (Abril) le pasa algo, cuando tiene frío o está enojada.

Sabemos que Abril es una perrita, pero yo la veo como una hija más. Sé cuándo está enojada o tiene frío y algunas veces la cargo como si fuera un bebé, y ella se deja

Abril llegó a la vida de ellas hace cuatro años y les cambió todo. No saben el momento en el que pasó de ser una compañía a un miembro fundamental de su familia. Solo saben que pasó.

“Es un vínculo muy fuerte, no sé cómo explicarlo. Pero ella (Abril) tiene personalidad y es muy definida. Es una perrita de carácter fuerte y con problemas para socializarse con otros perros, por eso una vez la llevé al sicólogo”, confiesa Tatiana.

No es solo la opinión de ella o de su madre, quien cree lo mismo y asegura que Abril se hace entender cuando necesita algo.

Adriana Ossa, propietaria de Animal Zone, lugar donde cuidan y acicalan a Abril, reconoce el temperamento único de la perrita. “Si por ejemplo, la regaño hoy, ella no quiere ir al otro día. Se le nota cuando la traen. También se molesta cuando hay ciertos perros, como si le chocara la presencia de ellos”, asegura. En su trabajo, son cada vez más las personas que dejan a su cuidado a sus ‘hijos’ por lo que la responsabilidad va más allá de solo cuidar mascotas.

Es algo que está en auge. El director de Doctor Pulgas indica que Medellín ha tenido unos niveles de crecimiento, que si bien no son alarmantes, sí están por encima de lo que se ve habitualmente.

“Si tuviera que apostar, diría que se ha duplicado la humanización de las mascotas. La mayoría de consultas que recibo (que son cerca de 20 al mes) son de personas que llegan a quejarse de las mascotas como si fueran hijos rebeldes”, cuenta Naranjo.

Agrega que este comportamiento puede ser problemático ya que los animales tienen capacidades cognitivas y emocionales que son distintas, por lo que no se les puede tratar como otra especie, lo que puede rayar con el maltrato.

Mamás de mascotas

Abril, según su dueña, es friolenta y rencorosa.

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David Alejandro Mercado / El Tiempo

“Por ejemplo vestirlos como niños o niñas, hablarles como si entendieran el idioma (solo entienden palabras o comandos) y aunque los queramos mucho, no son humanos. Eso lo veo con lástima, pero son cosas que satisfacen más al propietario que al mismo animal, para los que no significa nada”, indica el experto.

Tatiana y su madre son conscientes de que están humanizando a Abril. Ya se los han dicho. “Sabemos que es una perrita pero yo la veo como una hija más y a veces la cargo como si fuera un bebé. Y ella se deja”, dice la señora Ángela.

¿Tiene esto consecuencias? Naranjo considera que esta humanización afecta a la mascota, algo que quizá no se pueda ver de manera inmediata, pero dice, desde su experiencia, que la mayoría de mascotas tienen muchos problemas de comportamiento y allí entra la parte de etología (estudio del comportamiento de los animales) que están siendo criados con estímulos distintos a los normales.

“Esto genera problemas desde comportamentales hasta de nutrición, porque les cambian la dieta o los someten a dietas absurdas como vegetarianas. En el primer caso, encontramos mascotas que son ‘pequeños dictadores’ en sus casas porque no hay quien los regañe, y no se les corrige cuando hacen algo mal, haciéndolos sentir como el Alfa de la manada”, explica Naranjo. Para él, eso muestra que el propietario tiene una carencia a nivel personal que está tratando de resolver a través de la mascota, lo que no es posible.

Pero no es el caso de Abril. No para su familia. El vínculo que tienen con su mascota –o hija– es muy fuerte, pero no ha sido llevado al extremo de celebrarle el cumpleaños o sentarla en la mesa a la hora de las comidas, como otros.


David Alejandro Mercado
EL TIEMPO
davmer@eltiempo.com
@AlejoMercado

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