La poética elaborada con cincel y martillo

La poética elaborada con cincel y martillo

Gustavo Vélez, uno de los escultores colombianos más destacados, está exponiendo en Medellín.

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Gustavo Vélez nació en 1975 en Medellín. Inició los estudios de arte en su ciudad de origen, en la Academia Bellas Artes.

Foto:

Esneyder Gutiérrez

08 de noviembre 2016 , 09:42 a.m.

En Pietrasanta, en la meca de la escultura del mundo, se formó Gustavo Vélez como tallador de mármol. Aprendió la técnica tradicional que han empleado los más grandes escultores de la historia y ha usado para su obra el mármol de Carrara, sacado de la misma roca de la cual salió la materia prima del mítico Miguel Ángel.

En Medellín, su ciudad de origen, acaba de inaugurar su más reciente exposición ‘Poética tridimensional’, que recoge el trabajo que ha consolidado en su última etapa artística en la cual se ha esforzado por afianzar su estilo abstracto y de formas fluidas.

Vélez habló con EL TIEMPO sobre el trabajo que realiza con martillo y cincel y sobre las 19 piezas que trajo para este último montaje de la galería Duque Arango.

¿De qué se trata 'Poética tridimensional' la exposición que inaugura?

Cuando me fui a Italia, a finales de los noventa, yo llegué allá haciendo arte figurativo. En ese entonces hacía muchos caballos y figura humana. Cuando empiezo a explorar el mármol me fui inclinando por la abstracción y por hacer figuras muy modernas. En 1997 hago mi primera pieza cien por ciento abstracta, que llama Hipercúbico. Esa pieza se vuelve un ícono en mi trabajo, sigue siendo una de mis obras más importantes, de la cual se deriva gran parte de lo que es la muestra que traje. Es la conclusión de una historia de exploración desde que empecé a transitar de lo figurativo a lo abstracto.

La última vez que expuso en Colombia fue en Cartagena, ¿hay alguna relación entre esas obras y estas?

Sí. La exposición de Cartagena fue una muestra de 49 esculturas. La idea era mostrar la obra monumental que hay que sacar a la plaza y al espacio público. Allá estuvieron algunas de estas piezas de la serie de cubos pero en formato monumental. Allá estaba la copia a gran escala del Hipercúbico que pesa 6,8 toneladas, que es como la mamá de todas estas que tengo acá. Entonces sí tiene mucho que ver.

¿Ha pensado en traer las monumentales a Medellín?

Sería muy especial tenerla acá, pero cuando uno piensa en exponer en espacio público necesita varias plazas como en Cartagena para que se vea como una gran galería. Esta es una ciudad difícil para hacer algo así. Incluso encontrar esos sitios es complicado en Colombia. Yo que he estado en los últimos 10 años haciendo obra monumental sueño con espacios para exponer bien piezas de siete metros de altura. Sueño con los Campos Eliseos, el Park Avenue en Nueva York o en Tokio que son grandes plazas donde se puede ver la muestra concentrada.

¿Por qué se ha inclinado en los últimos años por los grandes formatos?

Porque desde pequeño, en esa exploración, siempre he querido ver más allá, ver qué sigue. Empecé desde que soldaba y hacía inventos en la cerrajería de mi padre. Empecé con formatos pequeños, luego con medianos, luego pensé en cómo hacer esa obra a gran escala y cómo hacerla en acero, por ejemplo, que es toda una construcción de soldaduras, de armazones. Me inclino mucho por esas grandes obras porque es una pasión por superar. Y la escultura a gran escala es de las artes que más se pueden dirigir al mundo para que convivan con ellas, porque uno las entrega al pueblo, al turista que quiere tomar una foto, al que va a interactuar con ellas.

¿En la ciudad dónde tiene obras en espacio público?

Aquí tengo una en mármol alargado en la entrada de la rectoría de la UPB. En la estación Sabaneta del metro hay una pieza de mármol de tres metros de altura. En los parqueaderos del Metro hay otra de la época en que transitaba entre lo abstracto y lo figurativo. Pero tengo más afuera. En Panamá, Japón y Seúl.

¿Por qué convirti el mármol en su material predilecto?

Porque es el material con el que en realidad me conecto desde el principio hasta el fin. Todo empieza en rayones, diseños, luego hay que buscar el bloque y la calidad de mármol que quiero. El primer martillazo repercute hasta el final, no es de fuerza sino de técnica. Entonces es cien por ciento mi obra. En el bronce y el acero a uno se le salen de las manos muchas cosas porque la fundición, la soldadura la hacen otras personas. Amo el mármol porque es de tú a tú.

Diana Sofía Villa M.
Para EL TIEMPO
diavil@eltiempo.com

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